Análisis/ No estamos comenzando de cero

Análisis/ No estamos comenzando de cero

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Análisis/ No estamos comenzando de cero

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septiembre 10 de 2013 - 03:08 a.m.
2013-09-10

Esta semana se dará inicio a lo que será sin duda un proceso largo y complejo de concertación: la gran mesa nacional agraria que ha convocado el Gobierno, a propósito de los traumáticos paros que en las últimas semanas han golpeado al país.

Como el desarrollo rural del país será uno de los puntos centrales de este ejercicio de concertación, es bueno recordar –y ojalá los voceros del Gobierno lo recuerden a los participantes y al país–, que en este campo no estamos comenzando de cero.

Queda mucho por hacer, desde luego. Son décadas de atraso, indiferencia y olvido para con el país rural, que hicieron metástasis durante estos paros sazonados, infortunadamente, de vandalismo. Pero los avances que se han logrado en temas cruciales de desarrollo rural durante los primeros tres años de la administración Santos son incontrovertibles. Algunos ejemplos.

1. Este Gobierno preparó –con el concurso de los mejores académicos en desarrollo rural con que cuenta el país– una moderna ley que constituirá, una vez aprobada, un cambio de 180 grados institucional y operativo en todo lo concerniente al desarrollo rural. Este proyecto de ley no se ha presentado aún al Congreso, no por falta de entusiasmo del actual Gobierno, sino porque ha caído, como tantos otros asuntos, en las garras de las consultas previas que no han permitido, a pesar de los esfuerzos, que fluya con celeridad hacia el congreso nacional. Sin embargo, consta por escrito y está disponible para el que lo quiera leer. Las mesas de trabajo harán bien en comenzar por analizar este proyecto de ley. Uno de los temas apremiantes que deberían abordar las mesas de concertación es ¿cómo acelerar los procesos de consultas previas legislativas en el país? Si esto no se soluciona, muchos temas cruciales de política minera, ambiental y desarrollo rural seguirán paralizados. Como han venido estándolo.

2. En este Gobierno se les dio un giro radical –dentro de los recursos disponibles– a programas claves de lo que debe entenderse como política de desarrollo rural moderna. Menciono apenas tres ejemplos entre los muchos que existen.

* La asistencia técnica. No había nada cuando comenzó la actual administración, salvo alguna ayuda prestada por los gremios con recursos públicos. Se creó el Programa Nacional de Asistencia Técnica para pequeños agricultores, que hoy cubre medio país. Es complementario del gremial, que sigue. Falta mucho por hacer, pero ya se han dado pasos fundamentales para mostrar, con hechos –no con palabras– que a la asistencia técnica tienen también derecho los pequeños y medianos agricultores, quienes –hasta cuando comenzó este Gobierno– estaban completamente marginados.

* En riego y drenaje vale la pena también recapitular qué se ha hecho. La mala experiencia del AIS llevó a rediseñar completamente el modelo que condujo a los abusos ampliamente conocidos. Fue precisamente en este Gobierno que se multiplicaron los esfuerzos públicos para apoyar, mediante convocatorias transparentes, programas de riego y drenaje; exclusivamente para pequeños y medianos asociados comunitariamente. Se están apoyando con gran éxito cerca de 100 proyectos por año. Antes no había nada. Habrá que escalar en los años venideros este esfuerzo. Recordemos que este asunto del uso del agua es aspecto crucial en cualquier desarrollo rural que pretenda calificarse como tal.

* La vivienda rural había sido históricamente la cenicienta en la asignación de los recursos públicos, a pesar de que la mayoría del déficit habitacional del país es rural. Se le dio un giro de 180 grados también. Este año se entregan cerca de 100.000 viviendas rurales con gratuidad a las familias campesinas más pobres. Tantas como las que se entregan en áreas urbanas. Nunca en la historia del desarrollo rural se había avanzado a este ritmo en vivienda digna para los campesinos.

3. El país debe seguir haciendo un esfuerzo gigantesco para que las condiciones de vida de la ruralidad colombiana se acerquen a los parámetros urbanos. Así se acordó en el punto número uno de la agenda de La Habana, donde quedó plasmada la hoja de ruta de lo que podríamos denominar la ‘agenda del posconflicto agrario’ del país. En esa dirección deberá trabajar indefectiblemente Colombia en las décadas venideras, aun si no hubiere finalmente acuerdos con las Farc.

4. La buena asignación de los recursos públicos hacia el agro requiere, además, que no sigamos volando sin instrumentos. Si queremos que estos se asignen preferencialmente hacia bienes colectivos, y no sigan haciendo parte de la rapiña egoísta de quienes aspiran a sacar girones del presupuesto público a través de subsidios antitécnicos, necesitamos una mejor fotografía de la que disponemos a la fecha. Sobre qué es, en qué trabajan y cómo viven quienes ocupan el territorio rural colombiano. Por eso, este Gobierno decidió que se haría el censo agrario, que hace 41 años no se actualiza en Colombia.

5. Simultáneamente con el inicio de las mesas de concertación agraria, el Congreso estará dándole las últimas puntadas al presupuesto nacional para el 2014. Allí deberá corregirse el disparate en que se incurrió al programar las asignaciones del año entrante para el sector agropecuario cuando, en pleno paro agrario, se propuso una reducción inexplicable de recursos de más del 30 por ciento. Pero no solo hay que corregir este recorte injustificado, sino continuar con la tendencia de los incrementos presupuestales de inversión del sector que se lograron en los últimos años.

En síntesis: bienvenida la mesa de concertación agropecuaria que comienza. Pero, precisamente, para que sus recomendaciones sean útiles y no caigan en la demagogia, es indispensable que se tenga claro desde su inicio que –en materia de desarrollo rural– no estamos comenzando de cero.

Juan Camilo Restrepo

Exministro de Agricultura

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