Análisis/Hora de acciones firmes contra la revaluación

Análisis/Hora de acciones firmes contra la revaluación

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Análisis/Hora de acciones firmes contra la revaluación

Finanzas
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abril 03 de 2013 - 05:01 a.m.
2013-04-03

La falla más protuberante de la política macroeconómica de los últimos años ha sido el manejo del tipo de cambio. La sobrevaluación del peso colombiano es evidente para cualquier observador, y obviamente para los exportadores colombianos y para los productores nacionales que compiten con las importaciones. El paro cafetero reciente es apenas uno de los episodios que nos hace sentir lo que Mauricio Cabrera ha denominado el ‘dolor del dólar’.

En 1997 y 2007-2008 hubo episodios similares. En aquellas ocasiones, sin embargo, los gobiernos y el Banco de la República tomaron acciones, en particular para desincentivar las entradas de capitales golondrina. El episodio reciente no es solo el más prolongado de todos (más de tres años con una tasa de cambio aun más sobrevaluada que en aquellas ocasiones) sino que se ha caracterizado por la tendencia del gobierno y el Banco a declarar que el problema es insoluble.

La justificación ha sido que la revaluación de nuestras monedas es una tendencia internacional. Es una mala explicación porque, aunque hay factores internacionales, las comparaciones internacionales muestran que Colombia es uno de los peores casos de nuestra región, e incluso del mundo. Hace un par de meses, el Gobierno Nacional despertó, por fin, de su letargo y ayudó a que se tomaran algunas acciones, que han sido claramente insuficientes.

La gran ventaja de la economía colombiana fue siempre su diversificación productiva, lo que nos ha permitido convertirnos en una de las economías latinoamericanas más industrializadas, con ventajas además, en varios sectores agrícolas y de servicios. La ‘mineralización’ de la economía nos permite seguir creciendo, pero a costa de erosionar este legado. Esto se aprecia en el patrón desequilibrado de crecimiento reciente, que ha dependido de unos pocos sectores, especialmente minería, construcción y servicios financieros; la agricultura y la industria manufacturera han sido sacrificadas en el proceso. Es un patrón que es necesario corregir.

La situación de las cuentas externas es, además, preocupante. Aunque tenemos un déficit en cuenta corriente aparentemente bajo, de poco más del 3 por ciento del PIB, esta es una cifra muy negativa cuando se tiene en cuenta el auge espectacular de los términos de intercambio del país, que equivale al 7 por ciento del PIB. Esto indica que, en vez de estar ahorrando el auge, nos lo estamos gastando… ¡y en exceso! Con el consenso creciente de que el auge de precios de productos básicos está llegando a su fin, este déficit potencial, del 10 % del PIB, muy superior al que tuvo el país a fines del siglo XX, es muy preocupante. Cabe agregar que la solidez de la situación fiscal también depende de los altos ingresos públicos que provienen hoy directa o indirectamente del sector minero-energético.

Por lo demás, una parte creciente del déficit externo está asociada a que gran parte del auge de precios minero-energéticos se está filtrando hacia el exterior a través de la remesa masiva de utilidades de las empresas extranjeras. Esto es un reflejo de la incapacidad del país de beneficiarse adecuadamente de la bonanza de precios de exportación a través de tasas de niveles de tributación que capten una parte más significativa de la bonanza, como se hizo en el pasado cuando se experimentaban alzas de precios del café.

Ante esta situación, el Gobierno Nacional y el Banco de la República deberían pensar en soluciones de fondo. Existen, en esta materia, cuatro tipos de acciones, que ordeno por el creciente rigor que las caracteriza y que se pueden combinar de manera variable:

1. Intervenciones mucho mayores del Banco de la República en el mercado cambiario, pero dando señales claras de que su objetivo es lograr una tasa de cambio más competitiva. Las intervenciones a regañadientes que ha hecho el Banco por varios años no generan expectativas positivas en los agentes privados y más bien pueden haber incentivado entradas adicionales de capitales golondrina.

2. El restablecimiento urgente de los encajes a las entradas de capitales que se usaron durante los dos auges anteriores. Es necesario, además, que esta medida esté acompañada ahora de una definición estricta de lo que significa inversión extranjera para propósitos de esta exención, la cual debe excluir explícitamente el endeudamiento con las casas matrices.

3. Un impuesto a las exportaciones de productos mineros atado a los precios de exportación de dichos productos, que el gobierno puede decretar con base en las atribuciones constitucionales que tiene para regular el comercio exterior.

Una alternativa algo menos drástica sería restablecer para los productos minero-energéticos un mecanismo similar a la retención cafetera del pasado, por ejemplo obligando a los exportadores minero-energéticos a destinar una proporción de los ingresos de exportación a hacer una inversión forzosa en títulos de largo plazo del Banco de la República denominados en dólares, que les será devuelta cuando los precios correspondientes comiencen a descender.

4.Finalmente, la opción más radical es lo que se puede denominar la ‘solución suiza’, que es establecer un piso al tipo de cambio. Este piso se debe, además, aumentar gradualmente, para dar señales claras a los inversionistas de que la expectativa del gobierno y del Banco es de devaluación de la moneda.

La idea de que es imposible corregir la sobrevaluación es errónea y francamente perjudicial para el país. Es la hora de acciones mucho más firmes.

José Antonio Ocampo

Profesor de Columbia University