Análisis/Ilusión de un futuro mejor

Si no convertimos a la juventud en una política de Estado, vamos a tener problemas. Habrá llegado el tiempo de los jóvenes de internet y los muchachos digitales. Colombia será dentro de 20 años un buen país si derriba la inequidad, acaba la corrupción, construye cultura cívica y se descentraliza.

Análisis/Ilusión de un futuro mejor

Yomaira Grandett

Análisis/Ilusión de un futuro mejor

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septiembre 24 de 2013 - 10:16 p.m.
2013-09-24

Luego de pasar un poco más de la mitad de su historia escribiendo en las páginas de Portafolio, y cuando puedo hablar con cierta solvencia del pasado, me invitan a escribir sobre el futuro.

Materia evanescente es el futuro.

Por eso hay más historiadores que profetas.

Solo un presidente de Colombia se comprometió con el porvenir: “Bienvenidos al futuro”. La historia, el pasado visto desde el futuro, lo juzgará.

Antes, el futuro se anunciaba mediante profecías, presentimientos, adivinaciones, interpretaciones y predicciones. Noemí Aranda Aceves señala que la tercera parte de La Biblia, 6.408 versículos, son profecías. “Ya se han cumplido totalmente 3.268 versículos proféticos -señala en su libro Profecías y predicciones-. El resto está en espera de cumplirse, pues tratan sobre el futuro de la humanidad”.

El futuro de la humanidad…

Oscuro en las historias de ciencia ficción, en las películas de anticipación. Brillante en la evolución científica.

“Predecir unos pocos años futuros es una tarea que da miedo --escribe el físico teórico estadounidense Michio Kaku, que ejerce la futurología y la divulgación científica--. Y no digamos si se trata del próximo siglo”.

En todo caso, para predecir unos cuantos o un montón de años, hay que estar bien informado.

Lo estaban Leonardo Da Vinci y Julio Verne. En 1863, el segundo de estos iniciados escribió ‘París en el siglo XX’. El manuscrito se perdió, y un biznieto lo encontró accidentalmente en una caja que había estado cerrada 130 años. No era tarde para comprobar que Verne había acertado. La exactitud era asombrosa. Para no hablar que escribió ‘De la tierra a la Luna’, en 1865, y no se pifió sino en haber movilizado con pólvora el cohete selenita.

Kaku le apostó a predecir el mundo en el 2100. Cambió la bola por la informática, la nanotecnología, la inteligencia artificial, la biotecnología y la teoría cuántica, que es el fundamento de todas las anteriores. ‘Tele’ va a ser el prefijo de moda. Dentro de 87 años, escribe Michio, vamos a poder mover cosas con la mente.

PARA NO IR TAN LEJOS

Este número de Portafolio dispone una visión de lo que será Colombia dentro de 20 años. La economía archivó las profecías y las predicciones. Y las convirtió en perspectivas, pronósticos y proyecciones. Son las diferentes suertes que reparte la baraja de la información, potenciada con la estadística, que es la hermana darwiniana de la numerología.

Todo lo que se hará en el país está acá. Se puede ver lo que estamos trabajando para tener otra Colombia dentro de 20 años.

De hecho, nos hemos pasado varios siglos tratando de tener otra Colombia. Y no hemos podido. No se pueden declarar perdidos ese tiempo y esa platica, si fructifica en los próximos años todo lo que se ha construido en los más recientes.

Vamos a ver qué pasa con el espíritu nacional. La idiosincrasia. Nuestra forma de ser. Aunque, como señalan Eduardo Arias y Karl Troller en su libro Listomanía: lo bueno, lo malo y lo feo de ser colombianos, el término “colombiano” resulta difícil de definir.

Ay, qué orgulloso me siento…

Pero hay cosas que nos caracterizan. Si logramos que obren a nuestro favor en 20 años, no nos van a correr la butaca en la OCDE.

Tendremos colombianos que vivirán más años aunque sigan quejándose del sistema de salud. Ojalá sea cero la mortalidad infantil, el analfabetismo será una tara del pasado, tendremos un mayor promedio de años de estudio, mejores ingresos y seremos muchos más. Con hombres más altos y prematuramente calvos.

Pero, ¿sabremos hacer una fila? ¿Tendremos todavía que hacer filas?

La fila es una unidad de convivencia.

Y esa, la convivencia, será una prueba como para las zancadas de Catherine Ibargüen.

Porque en Colombia no priman las normas sociales. Reinan los pareceres individuales. El debo hacer siempre está aplastado porque a mí se me da la gana.

Entonces, dentro de dos décadas, concentrados como hormigas en Bogotá y otras ciudades, si no decidimos ocupar nuestro propio país que está medio vacío, vamos a tener que convivir. Así, como sucede todos los días, y como les toca hacer a los contrarios cuando se ha terminado un conflicto.

Colombia será un país gobernado por mujeres y dinamizado por una mayoritaria clase media. El Cubo de Rubik será reemplazado por el Rombo de Bruce Mac Master visionario.

Si no convertimos a la juventud en una política de Estado, vamos a tener problemas. Habrá llegado el tiempo de los jóvenes de internet, los muchachos digitales. Y de los niños que decidimos educar sin autoridad para no traumatizarlos.

Colombia dentro de 20 años: un buen país si derriba la inequidad, acaba la corrupción, construye una cultura cívica y se descentraliza.

Pero como escribió Plinio Apuleyo Mendoza, al mentar las próximas elecciones, “aquí, cualquier cosa puede ocurrir. Ahí está la zozobra”.

Por eso, hubiera preferido escribir sobre el pasado.

Porque como en la película mexicana “2033: la ilusión de un futuro mejor”, es más fácil saber cómo comenzó todo que anticipar cómo va a terminar.

Carlos Gustavo Álvarez G.

Periodista y consultor

cgalvarezg@gmail.com

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