Análisis/¿Es posible un ‘shock’ educativo en Colombia?

Hay consenso en la necesidad de elevar la preparación de los profesores, y como se trata de acciones inmediatas, este plan empieza por la actualización del profesorado existente como una política de Estado que debe cumplirse a todo nivel.

Es la sociedad colombiana la que se tiene que comprometer en un cambio drástico de nuestro sistema educativo.

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Es la sociedad colombiana la que se tiene que comprometer en un cambio drástico de nuestro sistema educativo.

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diciembre 08 de 2013 - 07:58 p.m.
2013-12-08

Ante la grave crisis del sistema educativo colombiano, la pregunta de fondo es si este país puede esperar los 10 años que anuncia la Ministra Campo para ver resultados positivos.

Siempre se ha dicho que la educación es una estrategia que solo muestra sus frutos en el largo plazo, así que, en ese sentido, la Ministra puede estar siendo realista: con los cambios actuales –si es que los hay– y los nuevos que se introducirían, no se pueden esperar soluciones inmediatas a la actual situación.

Pero en momentos de crisis es cuando la imaginación debe llevar a soluciones novedosas, creativas y realizables de inmediato. En este caso, frente a la triste realidad de lo mal que le va al país en la formación de su capital humano, es válida la famosa frase de Keynes: “En el largo plazo, todos estamos muertos”.

Precisamente, los que no somos expertos en este tema podemos darnos el lujo de hacer propuestas audaces para que sean analizadas y puestas en su justa medida, por los numerosos expertos que sobre este tema existen en el país y en el mundo.

Esta es una invitación. Como motivación para romper la mala tendencia está la consideración de sus costos. ¿Pero, para qué es el crecimiento de la economía? ¿No es precisamente para mejorar la vida de la gente?

Parte el alma pensar que esas generaciones de niños y jóvenes que van con ilusión a sus escuelas, están perdiendo su tiempo y sus escasos recursos. Inmediatamente, los que siempre abogan por el aumento de cobertura dirán que es mejor que estén en la escuela aprendiendo algo a que se queden en sus casas, donde aprenden menos y probablemente los ponen a trabajar.

Pero, nunca como ahora, con un mundo global, en el que el tema es la competitividad, la productividad, el conocimiento, la innovación definen el futuro de individuos y naciones, estas consideraciones no son válidas porque, sin un conocimiento básico se condena a generaciones enteras a seguir viviendo miserablemente.

¿Cuántas cohortes de niños y niñas hoy coronan primarias mediocres, bachilleratos peores y, por ende, solo pueden llegar a universidades de garaje? ¿Es eso justicia social, es eficiencia económica, es esta la vía para construir una sociedad menos desigual? Definitivamente, no. ¿Pero cómo se puede frenar esta tendencia?

Algo para lo cual los colombianos son sordos es para entender que el tiempo se acaba y, además, no se recupera. Por ello, se debería hacer un ‘shock educativo’ en sectores claves. Es la educación pública, abandonada como prioridad, con maestros pobres, mal preparados, con jornadas educativas de medio tiempo, el centro del cambio.

Una mala educación pública en una sociedad llena de pobres y de población vulnerable, es un foco fundamental del problema. No se necesita ser un experto para entender que siguen los pobres recibiendo educación pobre y eso, en el menor de los casos, le pasa al 32% de la población.

Pero, ¿qué sucede con la población vulnerable, esa que ignora el Gobierno, pero que representa el 36% de esta sociedad, y que puede caer rápidamente en la pobreza si algo cambia en sus vidas o en su entorno?

Lo más probable es que siga asistiendo a estas escuelas públicas de bajo nivel, y los que quieren algo mejor irán a la educación privada menos costosa, pero de mala calidad. Y las clases medias bajas, seguirán nutriendo esos colegios privados que nadie controla y que pueden ser tan mediocres como muchos de los públicos.

Si esto es válido para la educación básica es igual o peor para esa minoría que llega a la universidad. ¿Cuántas universidades de garaje existen en Colombia? Y si la situación es grave en Bogotá, lo es muchísimo peor en muchas ciudades del país. Este es un nuevo caso, en el que la regulación del Estado, concretamente en el sector social, es pésima.

Conclusión elemental: el 'shock educativo' debe empezar por la educación pública. Hay consenso en la necesidad de elevar la preparación de los profesores, y como se trata de acciones inmediatas, este plan empieza por la actualización del profesorado existente como una política de Estado que debe cumplirse a todo nivel. Y que no salgan ahora a hablar de Fecode.

Las últimas cifras de las pruebas Pisa no solo dejan muy mal parado al Gobierno, sino también al sindicato de maestros, que no ha sido capaz de hacer las demandas realmente importantes: mejorar su nivel, no solo de salarios, sino de preparación académica.

En el caso de las universidades, avanzar más rápido en acabar con las instituciones privadas de pésima calidad que hoy abundan en el país ante los ojos del Gobierno, que ha permitido su proliferación. Lo anterior debe ir de la mano con el aumento de cupos en las universidades públicas, algunas de las cuales, como la Universidad Nacional, se están cayendo a pedazos. Ahora bien, el fortalecimiento de la educación pública a todo nivel debe estar acompañado por la eliminación de la mala educación privada.

Antes de que los defensores del mercado mueran de pánico, es fundamental tener una visión clara de los resultados de los colegios en concesión, para impulsarlos, controlarlos o aun eliminarlos, según el caso.

Pedro Gómez, al recibir el Premio de Portafolio, afirmó algo fundamental: es la sociedad colombiana la que se tiene que comprometer en un cambio drástico de nuestro sistema educativo. Aunque él no lo dijo, la verdad es que a los sectores de ingresos altos que pueden pagar una educación costosa, les importa poco lo que le suceda al 80% de estos colombianos pobres, vulnerables y de clase media. Claro que esto cuesta, pero vale la pena. ¿Es posible?
Cecilia López Montaño
Exministra - Exsenadora

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