Un año satisfactorio

Un año satisfactorio

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diciembre 20 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-12-20

Faltan ya escasos días para que concluya el 2010 y el país se apresta para vivir la que tradicionalmente es su más larga temporada de vacaciones. Pero en medio de los preparativos que normalmente anteceden las celebraciones de Navidad y Año Nuevo, es imposible pasar por alto la magnitud de la tragedia invernal que ha afectado a uno de cada 20 colombianos, muchos de los cuales se enfrentan a meses de incertidumbre sobre su futuro, a la espera de que bajen las aguas que hoy inundan pueblos y parcelas en buena parte del territorio nacional. Esa circunstancia, la de la inmensa emergencia que demanda un gran esfuerzo de rehabilitación en las zonas afectadas, ensombrece el balance de un año que resultó ser mejor para la economía colombiana de lo que se esperaba hace 12 meses. Así lo demuestran las cifras de crecimiento, que sugieren que el aumento del Producto Interno Bruto fue ligeramente superior al 4 por ciento, casi el doble de lo que esperaban los analistas a finales del 2009. Adicionalmente, otros agregados tomaron un rumbo satisfactorio. Ese fue el caso del desempleo, que descendió a niveles cercanos al 10 por ciento, gracias al impulso de actividades como la construcción y el comercio. Por su parte las exportaciones mostraron una sólida recuperación de la mano del repunte en los precios de las materias primas, que a su vez permitió ampliar el superávit comercial del país, a pesar del fuerte descenso en las ventas hechas a Venezuela, que dejó de ser hace meses el segundo mercado más grande para los productos nacionales. En contraste, los despachos a China, Ecuador o Centroamérica mostraron una dinámica que deja entrever que existen maneras de compensar los retrocesos ocasionados por las políticas restrictivas de Hugo Chávez. Todo lo anterior sucedió en medio de un entorno internacional complejo, en el cual el buen desempeño de las más populosas economías asiáticas contrastó con los problemas experimentados por Grecia e Irlanda y la falta de vigor de Estados Unidos y Japón. Adicionalmente, las decisiones de las naciones más grandes ocasionaron grandes trastornos, y no pocas tensiones, como lo demostraron los roces entre Washington y Pekín, distanciados por la política de inyectarle liquidez al sector financiero norteamericano y por el nivel artificialmente alto del renminbi. Las disparidades vistas dejaron en claro que en el planeta está ocurriendo un cambio fundamental, consistente en que las fuentes de crecimiento se están desplazando de las economías industrializadas a los países en desarrollo. Esa nueva realidad constituye una oportunidad para los Estados ricos en materias primas que pueden aprovechar un apetito al alza por los productos básicos, el cual, a su vez, se traduce en mayores cotizaciones tanto para los hidrocarburos como para los minerales y los alimentos. Semejante escenario es muy interesante para Colombia, en donde la llegada de un nuevo Gobierno vino acompañada por una estrategia de progreso que depende de la suerte de las locomotoras de la prosperidad democrática: agricultura, infraestructura, vivienda, innovación y minería. Algunas de esas máquinas empezaron a moverse hace rato, como lo demuestra el hecho de que la producción de hidrocarburos llegó al equivalente de un millón de barriles diarios en noviembre. Otras, sin embargo, se encuentran todavía en la estación y dependen del desarrollo de medidas consistentes que permitan su pronta marcha. Mientras eso ocurre, hay que registrar que los niveles de confianza de empresarios y consumidores se mantienen altos en el país. La fortaleza de la demanda interna ha sido apuntalada por una relativa estabilidad de los precios y por tasas de interés a la baja, al tiempo que los registros de inversión extranjera revelan que el flujo de recursos con destino a proyectos productivos continúa su camino. Falta, por supuesto, que ese ambiente favorable se traduzca en una disminución de las tasas de pobreza y que los estragos dejados por el clima prueben ser manejables. Pero, en medio del sabor agridulce que deja la difícil coyuntura, es necesario mantener el optimismo, al igual que la esperanza de que el 2011 arribe con menos trastornos y con mayores índices de crecimiento que beneficien a todos los colombianos. " A pesar de la tragedia invernal que todo lo ensombrece, en el 2010 el aumento del Producto Interno Bruto del país fue superior al 4 por ciento, casi el doble de lo que espe- raban los analistas a finales del 2009”.ANDRUI

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