En los años noventa comenzó a impulsarse mercado de productos del exterior en Colombia

A finales de la década de los 80, el Gobierno de Virgilio Barco ya tenía 'cocinado' el plan de introducirle mayor competencia a la economía colombiana.

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septiembre 12 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-12

Colombia estaba entonces protegida de la producción internacional con tasas arancelarias consideradas altas en muchos renglones productivos y un manejo del comercio exterior sometido a vistos buenos administrativos.

A pesar de intentos anteriores de reducir los gravámenes arancelarios, bien fuera para exponer más la producción interna a la competencia internacional, para darles mayor competitividad a algunos sectores mediante la reducción de costos de bienes importados (maquinaria, equipos, algunas materias primas e insumos), el legado proteccionista de la Cepal y las presiones gremiales eran lo suficientemente fuertes como para permitir una apertura 'significativa' de la economía colombiana.

Colombia registraba los mayores aranceles de la Comunidad Andina (CAN) y los indicadores de inserción internacional mostraban que las compuertas colombianas externas se movían hacia el cierre.

El buen comportamiento de las reservas internacionales, tras los años de afugias de la administración de Belisario Betancur y los efectos de la crisis internacional de la deuda externa, presionaban aumentos en el circulante y, en consecuencia, en los niveles de precios. Una válvula de escape era facilitar las importaciones mediante la disminución de aranceles y, de paso, estimular la modernización de la industria.

Además, y era una de las consideraciones centrales del equipo económico del presidente Barco, el impulso a las exportaciones colombianas tendría que ser parte crucial de un nuevo modelo de desarrollo, acorde con los nuevos tiempos y las nuevas formulaciones para el crecimiento de la economía.

Por eso, a punto de terminar el mandato Barco, y a menos de seis meses de haberse celebrado el famoso cónclave conocido más tarde como el Consenso de Washington, el Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes) determinó abrir gradualmente las puertas comerciales de la economía colombiana.

Con licencia para importar

Los bienes susceptibles de ingresar al país se clasificaban en libre, previa y prohibida importación, por lo que la reforma contempló el desmonte paulatino de la licencia previa.

También se contempló el traslado de diferentes bienes de prohibida a previa importación y una especie de sistema de subastas de cupos de importación asignados a quienes ofrecieran pagar una sobretasa arancelaria más alta.

Dos años después de iniciada esa apertura, según el cronograma establecido, comenzaría la reducción de aranceles -la verdadera apertura, según algunos observadores- hasta un nivel de protección aceptable, proceso que no debería durar más de tres años.

Bienvenidos a la apertura

El 7 de agosto de 1990, César Gaviria llegó con una nueva visión del crecimiento y desarrollo económicos y dispuesto a romper, en muchos aspectos, con el pasado.

Sus ímpetus se anticipan con su "bienvenidos al futuro", frase lanzada en el discurso de posesión. Así, las licencias previas, con pocas excepciones, desaparecieron a finales de los 90, aunque se conservaría la posibilidad de aumentar los aranceles para algunos bienes.

La reducción de los aranceles -que tenía un tope máximo de 50 por ciento- y la sobretasa -establecida en un máximo de 13 por ciento- comenzaría a finales del año siguiente y debería llegar a 15 y 8 por ciento, respectivamente, en 1993, cuando solo habría cuatro niveles arancelarios.

Sin embargo, un fenómeno llevaría al Gobierno a acabar con la gradualidad de la apertura: la caída de las importaciones por la espera empresarial a que bajaran más los aranceles, lo que retrasaba la modernización.

Simultáneamente, se puso fin al Estatuto Cambiario, al monopolio del Banco de la República sobre el manejo de divisas y a los límites a la inversión extranjera; además, los niveles arancelarios bajaron a cuatro y se suprimió la sobretasa arancelaria.

Todo esto en medio de una revaluación del peso que duraría varios años, lo que llevó a un aumento de las importaciones y a una caída de las ventas externas.

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