Aprobación del TLC: una aventura extrema

Aprobación del TLC: una aventura extrema

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mayo 02 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-02

Los eventos de las anteriores semanas tienen a muchos colombianos confundidos. Algunos piensan que se votó negativamente el TLC, otros que quedó congelado indefinidamente y otros que el TLC fue devuelto al Presidente Bush.

Lo que realmente ocurrió fue que el partido demócrata eliminó la regla prevista en la ley del llamado Fast Track, que exige al Congreso de los Estados Unidos decidir positiva o negativamente en un máximo de 90 días sobre los acuerdos comerciales que le envíe formalmente la Casa Blanca. Esto significa que el TLC con Colombia puede mantenerse en discusión por tiempo indefinido en ese Congreso.

Algunos piensan que ya se perdió la partida: escriben buscando culpables. Otros escriben andanadas en contra del Partido Demócrata por su deslealtad con un país amigo. Quienes están en contra del tratado salieron a echar voladores y a agradecer el bello gesto de la señora Nancy Pelosi. Este episodio solo evidencia lo que ya se sabía, que la aprobación del TLC en el Congreso de E.U. sería un proceso difícil. La partida no se ha perdido y estamos obligados a actuar estratégicamente.

Para saber cuál es el mejor curso de acción necesitamos entender la motivación de los hechos. El presidente Bush decidió enviar el Tratado al Congreso luego de más de un año de infructuosas negociaciones con el Partido Demócrata. Primero, se negoció el protocolo modificatorio (acordado entre republicanos y demócratas) y aceptado por Perú y Colombia. Luego, los demócratas exigieron que se corrigiera la situación de abuso contra la libertad sindical en nuestro país, y nuestro Gobierno diligentemente apoyó un proceso de difusión de las inmensas mejoras, apoyado siempre en estadísticas confiables. Los congresistas que han visitado Colombia han constatado los avances en esta materia y los esfuerzos para eliminar la impunidad. Adicionalmente, Colombia presentó proyectos de ley que ajustan nuestra legislación laboral en concordancia con las observaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El presidente Bush incluso trató de concertar un paquete de ayudas a zonas de los E.U. afectadas por la competencia externa, de especial interés de los demócratas, pero tampoco lograron un acuerdo. La reñida contienda por la candidatura demócrata, que ha resultado en una desproporcionada influencia de los sindicatos agrupados en la Afl-cio, dificultó un acuerdo. Estos no le han endosado su apoyo a ningún candidato, buscando cada vez mayores concesiones de los senadores Clinton y Obama, quienes no pueden darse el lujo de perder ningún apoyo electoral.

En estas circunstancias, el presidente Bush decidió usar una facultad poco utilizada: presentar un proyecto de legislación sin la aprobación de la dirigencia del Congreso, hoy mayoritariamente demócrata. Para Bush era una manera de cumplir con Colombia, y confrontar a los demócratas a una decisión: rechazarlo y presentarse como un partido que no es confiable para sus aliados en el mundo, lo que podría ser explotado a su favor por el candidato republicano; o aprobarlo en contra de su voluntad, un golpe demoledor para los demócratas en plena campaña presidencial. Los demócratas decidieron dilatar la decisión, cambiar las reglas para no tener que asumir ni el costo del hundimiento ni el costo de la aprobación del TLC con Colombia. No obstante, este cambio de reglas también les está resultando costoso en términos de credibilidad con sus socios comerciales.

¿Ahora qué sigue? Colombia debe buscar reducir el costo para los demócratas de apoyar la aprobación del acuerdo y a la vez elevar el costo de rechazarlo. Dado que la selección del candidato demócrata ocurrirá en julio, es poco probable que se logre un acuerdo antes de esa fecha. Lo mejor es tratar de bajarle el perfil al tema, evitar que los precandidatos demócratas radicalicen su posición frente al Tratado hasta un punto de no retorno.

Simultáneamente, debemos seguir haciendo la tarea en Colombia de avanzar en nuestra agenda laboral, de protección a los líderes sindicales y resolución judicial de los crímenes ocurridos, no solo por el TLC, sino porque es nuestra obligación.

Una vez se elija al candidato demócrata, es el momento de volver a hacer ruido, mostrando nuestros avances en los temas internos y buscando un compromiso bipartidista para apoyar a quien ha sido un aliado estratégico de los E.U. Aquí debemos evidenciar que apreciamos nuestra alianza con los E.U., pero que no son nuestra única alternativa. Para ello, será indispensable cerrar cuanto antes los acuerdos con Canadá y el Efta europeo, profundizar los existentes con México y Mercosur y avanzar con el que se inicia con las Comunidades Europeas. Solo si los intereses comerciales de los E.U. en Colombia se sienten amenazados, lograremos que sus representantes se muevan con decisión en el Congreso de los E.U. para contrarrestar la acción de la Afl-cio.

Ahora es importante la cabeza fría. Es clave entender que el objetivo de los partidos en E.U. es la conquista del poder en el Congreso y la Presidencia el próximo noviembre. Por ello, debemos evitar que los demócratas vayan hasta extremos de no retorno, y en cambio elevar el costo de su no aprobación en las líneas ya sugeridas, facilitar el apoyo bipartidista, que es aún alcanzable. Esto se evidencia cuando se analizan las palabras hacia Colombia de la representante Nancy Pelosi, una vez se conoció la votación del Congreso, para aclarar que esto no se trata de un juicio en contra de nuestro país o de nuestro Gobierno, sino un problema de la coyuntura política interna en los Estados Unidos.

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