La apuesta por un sueño puede resultar en pesadilla a pesar de tener los ases

Hay a quienes los juegos de cartas se les vuelve más que una entretención. Puede ser una adicción en la cual se pone en riesgo todo capital posible.

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septiembre 13 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-13

También puede ser un reto al intelecto para quienes gustan de los números. Eso sucede en 21 black jack, una película a inspirada en un caso real. Ben es un brillante estudiante del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), que aspira a que le concedan una beca para estudiar medicina en Harvard, algo que por su modesta posición económica no se puede costear. Pero un profesor advierte que tiene capacidades mentales que puede poner al servicio de una causa especial y le propone unirse a un grupo muy especial de estudiantes. La idea es hacer dinero en los casinos de Las Vegas apostando fuerte al black jack, un juego donde es posible ganar sin dejar nada al azar. Solo hay que llevar un recuento mental de las cartas que el croupier ha repartido, y comunicarse con gestos y palabras casuales con sus demás compañeros de equipo. Ben se resiste inicialmente, pero necesita el dinero, y además formar parte del grupo le permitirá conocer mejor a Jill, una chica que le atrae. Esta apuesta que hace Robert Luketic, quien se había destacado sobre todo en la comedia romántica con la exitosa Una rubia muy legal, y la más bien fallida La madre del novio, logra un película intesa, con buen ritmo y muy entretenida. Lógicamente, el grupo comienza a ganar sumas astronómicas de dinero, que poco a poco van involucrando más y más al equipo. Hasta que se da un quiebre: la ambición llevada al extremo y el castillo de naipes se deshace como arena. Entonces viene la clásica moraleja de que la distancia entre ‘la cima del mundo’ y ‘el más hondo de los abismos’ puede no ser tan grande, y que el vértigo del lujo y el dinero pueden conducir a la pérdida de algo mucho más valioso, como es la amistad. Soporta el peso de la película un valor en alza, Jim Sturgess. Su personaje tiene un aire de persona lista pero tímida, capaz de controlar sus emociones, pero sucumbe. Claro que al final rectifica el camino y, en todo caso, entra a Harvard. WILABR

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