Arahuacos se lanzan a la tarea de exportar

Familias de la Sierra Nevada ven en el comercio exterior una vía de sostenimiento.

Arahuacos se lanzan a la tarea de exportar

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Arahuacos se lanzan a la tarea de exportar

Finanzas
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marzo 28 de 2015 - 01:13 a.m.
2015-03-28

Bajarla desde la Sierra Nevada de Santa Marta para empacarla y enviarla luego por barco a Australia y Alemania, en donde la están comprando como sustituto del azúcar.

Esta es la primera ruta de exportación para la panela orgánica pulverizada que están produciendo los indígenas arahuacos en Pueblo Bello (Cesar), un ejemplo de cómo se puede asegurar el crecimiento y el sostenimiento económico a través de las exportaciones.

“Tendrán en la caña de azúcar una alternativa de sustento económico y en la panela orgánica un producto con potencial en varios mercados en donde la demanda se concentra en proyectos que como este tienen un impacto positivo en el medio ambiente y en lo social”, explicó María Claudia Lacouture, presidenta de ProColombia.

El proyecto busca internacionalizar el producto bajo la marca Arahuaco para el beneficio de las 35 familias indígenas que viven en la Sierra Nevada de Santa Marta, cuya economía depende principalmente del café, así como de las mochilas, frutas y cacao, productos que también están en adecuación para poderlos exportar.

“Se vio la necesidad de diversificar los cultivos porque no podemos depender solamente del café. La idea también es darle a conocer al mundo más sobre nuestra cultura”, dijo Luis Guillermo Izquierdo, conocido también como el mamo Menjabín, líder espiritual de la comunidad.

Para ello, han contado con ingenieros de alimentos y agricultores, así como expertos en el montaje de trapiches y comercio exterior, con un mensaje que resume la razón de ser del proyecto: “la internacionalización es para todos aquellos que se atrevan a conseguirla”.

El primer paso fue adecuar el trapiche en Pueblo Bello (ya están trabajando en otro en Magdalena), pues para exportar panela pulverizada necesitaban cumplir con las normas de etiquetado, trazabilidad, inocuidad y cantidades.

Llegaron las charlas de sensibilización sobre la adecuación del producto y expertos de cultivo de caña panelera y en el montaje de trapiches para que ahora, en la última etapa, entrara el sector privado para ayudar.

Así llegó Doña Panela, una de las principales empresas exportadoras de panela en Colombia, con ventas en países como Corea del Sur y Bulgaria, y ahora el socio comercial de los arahuacos que los acompañará para que empiecen a exportar directamente.

“El mercado de orgánico en Colombia está limitado a unas dos mil toneladas al año. Tenemos un déficit de más o menos unas 400 a 500 toneladas año, esto es de lo que el mundo nos podría pedir como país en panela”, afirmó Freddy Ramírez, gerente de la compañía.

Con la venta asegurada en el exterior, ya empezó a comprar todo el producto orgánico para enviarlo a Alemania y Australia. “Paralelo a esto les vamos haciendo la capacitación para que ellos puedan acceder directamente a esos mercados. Ese es el compromiso”, añadió Ramírez.

El objetivo es que en seis meses los arahuacos comiencen a exportar directamente, algo que ya los tiene soñando. "La panela, para nosotros, es también amor por la tierra, entonces a través de ella queremos llevar el mensaje de que no es cultivar por cultivar, es cultivar con conciencia", concluyó el mamo Menjabín.

ProColombia identificó que debido a la percepción de que el azúcar es poco saludable, la panela surge como un endulzante natural. Hay oportunidades comerciales para la pulverizada, granulada y en cubos, como bebida instantánea natural y/o saborizada para consumo directo fría o caliente, tanto para el producto convencional como para panela orgánica.

LOS RITOS DETRÁS DE LA PANELA 

Para los arahuacos, el rito es más importante que la siembra. Por eso antes bautizan cada semilla de caña con un ritual de danza. Así le brin- dan una ofrenda a la madre tierra y mantienen su conexión con ella. La cosecha y el corte se hacen cuando la luna está en su fase menguan- te. Para abonar utilizan residuos de la tierra y ceniza de la caña.

Valledupar