‘Arma mortal’

La portada que la semana pasada la revista Semana le dedicó a Virginia Vallejo me puso a cavilar sobre los lugares comunes a los que acudimos en los medios a la hora de buscar un título, proceso que no siempre es sencillo y de cuyo éxito o fracaso puede depender la lectura de los artículos.

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agosto 09 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-09

En el caso en mención, el título ‘Monólogos de la vagina’ me pareció desafortunado; pues no sólo había sido una frase demasiado trillada para la fecha de circulación de la revista, sino que además le restaba importancia al artículo en sí mismo, por demás muy interesante y acompañado de un buen análisis. Obviamente Semana no es la única que incurre en tales pecados ni fue la primera en recurrir al uso de nombres sonoros de películas, libros, canciones y otras expresiones de dominio público para llamar la atención de los lectores. De hecho, en el libro de estilo de El País de Madrid se reprueba tal costumbre, aduciendo que “demuestra escasa imaginación y abundante pereza mental”. Y razón no les falta. Es absurda la cantidad de veces que nos hemos encontrado con variaciones de Crónica de una muerte anunciada para hacer referencia a renuncias, nombramientos, fugas, etcétera. De igual manera hemos leído y escuchado incontables versiones de El general en su laberinto, Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera, La mala hora o El coronel no tiene quien le escriba, por citar sólo algunos de los recursos garciamarquianos usados indiscriminadamente en publicaciones, canales de televisión y emisoras de radio. Sin embargo, a pesar de que nuestro Nobel es el primer proveedor involuntario de titulares imprescindibles para el botiquín de las redacciones, otros autores de la literatura universal tampoco se han salvado. Baste recordar Cumbres borrascosas, Crimen y castigo, La divina comedia, Las uvas de la ira o Seis personajes en busca de autor para ver cómo en los periódicos los títulos de obras inmortales se han convertido en titulares desechables; y no pocas veces distorsionados. A su vez, el cine y la televisión han sido otra cantera inagotable de inspiración gracias a nombres como Psicosis, Lo que el viento se llevó, Ciudadano Kane, Los hombres del presidente, Duro de matar, Dimensión desconocida o Tres son compañía, por citar unos cuantos. Sin ir más lejos, en el caso de la ex amante del mafioso Pablo Escobar, los medios exprimieron hasta más no poder el título ¿Quién le teme a Virginia (Woolf)?, aprovechando su analogía con la célebre película protagonizada por Liz Taylor y Richard Burton. Pero quizás el primer puesto lo ocupa Mujeres al borde de un ataque de nervios, de cuyas alteraciones hemos visto innumberables ejemplos en páginas políticas, sociales, deportivas o judiciales. Pero hay otros comodines que aunque tienen un origen menos glamouroso son bastante recurrentes. ¿Qué tal, por ejemplo, expresiones como ‘luz verde’, ‘la hora final’, ‘ajuste de cuentas’, ‘no hay cama pa‘tanta gente’ o ‘al filo de la navaja’? En fin, aunque este vicio periodístico es producto de ‘la mala educación’, estamos en un ‘callejón sin salida’, pues cambiar esa costumbre es una ‘misión imposible’, ya que los anteriores ejemplos son sólo ‘la punta del iceberg’. Periodista "El cine y la televisión han sido otra cantera inagotable de inspiración”.

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