Un arqueólogo de verdad le da látigo al heroico Indiana Jones

Un arqueólogo de verdad le da látigo al heroico Indiana Jones

POR:
mayo 30 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-30

El doctor Henry Walton Jones Jr. ha estado abriendo criptas en busca de tesoros ocultos desde 1981, cuando hizo su debut en la pantalla grande en Cazadores del arca perdida.

La cuarta y más reciente entrega, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, se lanzó en medio de comentarios diversos, pero hay una pregunta que permanece:

En todos estos años ¿el arqueólogo ha evolucionado como profesional?

Los realizadores de la película sin duda investigaron a fondo a las superestrellas de la arqueología como Heinrich Schliemann, quien en 1871 excavó Troya, y Roy Chapman Andrews, el legendario cazador de dinosaurios de los años 30 del Museo Estadounidense de Historia Natural.

Indiana Jones es más que una amalgama de los más notables aventureros de la historia.  También tiene algo del Zorro y hasta de James Bond, lo que explica por qué lleva una agitada vida de proezas, mientras los arqueólogos normalmente pasan horas de rodillas usando cepillos y haciendo pruebas dentales tediosas. 

Con base en su trabajo en las tres películas anteriores, se puede decir que Indiana Jones no sobreviviría cinco minutos en los círculos arqueológicos actuales.

El cráneo en cuestión en la última película se basa en las calaveras mayas o aztecas de cristal que han aparecido periódicamente desde mediados del siglo XIX.

Aunque normalmente se consideran como falsificaciones modernas, se dice que tienen poderes místicos.

Las habilidades profesionales de Indiana Jones también fueron cuestionadas en las películas anteriores.

En Cazadores del arca perdida que se ubicaba en 1936, sus enemigos, cazadores nazis de tesoros, no dudaron en abrir canteras en su búsqueda del arca. Cuando Indiana llega a la escena, él y sus colegas abren la cámara secreta con un descuido evidente. A pesar de todas sus raíces académicas, el profesor parece más preocupado por limpiar el polvo a su arma y luchar contra los tipos malos que en concentrarse en el trabajo. Nos tenemos que conformar con un solo momento ético, cuando nuestro héroe, a sólo unos segundos de eliminar el arca con una granada, cambia de idea.

Indiana Jones es descrito por un oficial del ejército en El templo de la perdición (1984) como "un buscador de antigüedades raras", un título que ningún arqueólogo quisiera tener. No obtenemos nada tangible, buscamos artefactos para aprender sobre el comportamiento humano antiguo y para lograr un mejor entendimiento de nuestros antepasados.  Nuestra principal preocupación es preservar los invaluables archivos del pasado (asentamientos, tumbas, artefactos) antes de que sea demasiado tarde.

El Templo lleva a nuestro héroe hasta India.  Jones es acusado de buscar fama y fortuna, pero él responde que el conocimiento es su única meta. Si ese es el caso, está en busca de un conocimiento psíquico, pues no lo vemos contemplando los pisos de casas abandonadas ni apuntando sus descubrimientos en una libreta de notas.

Aunque es tímido en el salón de clases, Jones se convierte en un duro aventurero en tierras remotas y perdidas. No lo piensa dos veces para entrar a una cámara oculta o tomar el hueso de un brazo humano y usarlo como antorcha. Las habilidades sin igual de Indiana Jones son las de un cazador de artefactos y aventurero. Sus ambiciones profesionales giran en torno a búsquedas y hallazgos espectaculares.  Él nunca arriesgaría su vida por algo tan poco atractivo como fragmentos de vasijas o artefactos de piedra. Aunque ningún arqueólogo ha dejado de soñar con hacer un descubrimiento memorable.

Actualmente hay al menos 10.000 de nosotros husmeando en cada rincón del mundo.  Investigamos kilómetros de canales de irrigación abandonados para reconstruir sistemas de cultivos antiguos. Pasamos meses estudiando libros prehistóricos en los archivos de los museos. Y casi todos somos especialistas en una materia muy específi ca. Para ser francos, el trabajo a veces puede ser tedioso.  Pero es un mundo que tiene sus momentos emocionantes, incluso si en lugar de látigos cargamos una computadora portátil.

Brian Fagan es autor y profesor emérito de antropología de la Universidad de California, en Santa Barbara.

Siga bajando para encontrar más contenido