El auge económico de 2003-2008

El auge económico de 2003-2008

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julio 23 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-23

La economía mostró un buen comportamiento cuando remontó el 4% de crecimiento en 2003, rondó el 5% los dos años siguientes para lograr un crecimiento del 7% en 2006 y acelerara hasta el 7,7% en 2007, uno de los mayores registrado en la historia económica del país.

Un auge de esta naturaleza incrementa el recaudo tributario y facilitaría un ajuste indoloro del déficit fiscal; lo único que se requería era que el Gobierno aumentara su gasto por debajo del crecimiento económico y obtener una posición de superávit o de ahorro disponible para los años de 'vacas flacas'.

El menor gasto público y el prepago de la deuda externa contribuirían a una reducción de la inflación y también a moderar la revaluación de la moneda que acompañan los procesos de alto crecimiento económico.

La política fiscal fue en contravía de estos objetivos y como se vio en el capítulo 7, fue procíclica contribuyendo a una mayor revaluación del peso y a una inflación más elevada, neutralizando la política monetaria que comenzó a endurecerse desde 2006 para reducir la inflación. Es claro que si el Gobierno gastaba menos, el banco central podría haber mantenido una política monetaria un tanto más laxa que la adoptada y con dinero más barato el ciclo expansivo se hubiera prolongado durante más tiempo.

El alto crecimiento es la variable fundamental que observan los inversionistas y los evaluadores de riesgo extranjeros. Sin embargo, también tienen en cuenta la sostenibilidad de ese crecimiento que se expresa en los equilibrios macroeconómicos, de tal modo que le han otorgado una especie de cheque condicional a la economía colombiana que no pudo obtener el grado de inversión otorgado a Perú y a Brasil en 2008.

La existencia de grandes sobrantes de dólares en el mundo propiciado por la política monetaria de la Reserva Federal había alimentado las inversiones en los mercados emergentes, abaratando las deudas soberanas, incluyendo la de Colombia. El Gobierno Central siguió marcando un déficit del 4,6% del PIB en 2006, al mismo tiempo que la economía se recalentaba y la inflación se incrementaba en 2007, alejándose de la meta de inflación fijada por el Emisor.

El déficit se corrigió en algo en el mismo año al 3,6%, cuando la economía creció un 7,7 % y con ello los recaudos del fisco. La persistencia de déficit primarios significa que el Gobierno contrae nueva deuda para financiar los intereses de su deuda pasada.

El Gobierno mantuvo una política de aumentar las exenciones tributarias a las empresas por sus inversiones de capital que exime el 40% de ellas del impuesto a la renta, definió además unas zonas francas portátiles, lo cual le reduce el impuesto a la renta del 33% de las utilidades netas al 15%.

Ello significó, siguiendo el ejemplo de los republicanos en E.U., devolverle a los ricos los crecientes rendimientos tributarios que generaba el auge económico, en vez de ahorrarlos y poder hacer política compensatoria en los años de 'vacas flacas'. Al mismo tiempo, el Gobierno mantenía un nivel de gasto muy elevado dando lugar a déficit fiscales significativos.

Los efectos del déficit fiscal se manifestaron en muchos frentes: la inflación comenzó a separarse de las metas del Banco de la República, lo cual tiende a incrementar las tasas de interés de la economía y de los propios bonos del Gobierno; la tasa de cambio se revaluó por los dólares que trae el Gobierno por deuda y por privatizaciones, que terminan siendo otra fuente de financiamiento externo del Gobierno, de tal manera que su actividad desplazó exportaciones; la inflación de por sí revalúa todavía más la tasa de cambio real; por último, se atiza el déficit en cuenta corriente porque crecen más las importaciones de bienes y servicios que las respectivas exportaciones, lo cual puede provocar una devaluación calamitosa, si se produce algún faltante de su financiamiento hacia futuro.

Aún con la experiencia fresca de los enormes costos que dejó la crisis de 1999, de nuevo una política fiscal procíclica deterioró la sostenibilidad del crecimiento colombiano. En efecto, el crecimiento contemplado para 2008 es bastante inferior al tope alcanzado el año anterior y el presupuesto propuesto para 2009 insistía en un gasto público demasiado grande con un crecimiento real de 8%, pero con el problema que está muy lejos de garantizar su financiamiento, ya sea con préstamos externos o recurriendo a la emisión de TES en pesos.

Ante una recesión internacional muy fuerte, deterioro en los términos de intercambio, una política monetaria endurecida y un gasto público que desfalleció en 2008 por los cambios de las administraciones territoriales, una nueva y enredada ley de contratación pública más el enconado clientelismo en Invías que siguió exhibiendo conductas corruptas en su dirección, el crecimiento de la economía colombiana se frenó y fue de sólo 3,2%.

El debilitamiento de la demanda interna debió ser enfrentado, ahora sí, con mayor gasto público, pero el comportamiento del Gobierno fue de nuevo procíclico y pudo contribuir a frenar la economía que entra a 2009 con perspectivas aún más negativas.

Entre tanto, la baja de los ingresos externos por remesas de colombianos trabajando en E.U. y Europa, exportaciones de materias primas y de manufacturas y salidas de capital extranjero presionaron hacia la devaluación del peso y con ello a hacer más pesado el servicio de la deuda pública, desviando preciosos recursos que debían dirigirse a compensar un creciente desempleo y restaurar la actividad económica con más inversión pública.

Las perspectivas de la economía colombiana se deterioraron con la caída de los precios internacionales de las materias primas en el segundo semestre de 2008. El petróleo que llegó a valer US$140 el barril, descendió al terreno de los US$40 reduciendo los ingresos de Ecopetrol.

Venezuela y Ecuador enfrentan grandes problemas y mientras el primero buscaba garantizar que el comercio bilateral se mantendría libre de obstáculos, el segundo se cerraba para comprar sólo ecuatoriano, propiciando una inflación interna mayor e invitando retaliaciones.

El auge de las materias primas estaba propiciado por una expansión monetaria y crediticia en E.U. que probó ser insostenible. Pero todavía en 2007, las exportaciones mineras infladas por precios récord constituían 42% de las exportaciones totales del país, algo que puede desencadenar la llamada 'maldición de los recursos naturales'.

Consiste en que las rentas mineras revalúan la tasa de cambio y desplazan otras exportaciones manufactureras o agroindustriales. Mientras tanto, los ingresos providenciales que captura el Gobierno Nacional y los fiscos departamentales y municipales tienden a ser invertidos de manera improductiva y es capturada por los corruptos o los grupos armados ilegales.

En caso de caída de los precios, se produce la contracción violenta de los ingresos públicos, lo mismo que de su gasto, propiciando la inestabilidad política tan frecuente en países como Venezuela y que en Colombia se manifestará en 2009 y 2010.

El tema de discusión internacional de si la crisis norteamericana emparejará al resto del mundo o no (decoupling) fue definida en contra de los países en desarrollo que están sintiendo el contagio a través de la baja realtiva de los precios de las materias primas y de los alimentos, resintiéndose los ingresos externos de sus productores, lo cual contagia la actividad interna que se ralentiza con el resto del mundo; el canal financiero también se obstruye, y el apretón crediticio compromete el financiamiento externo de las economías deficitarias.

Si caen más los ingresos que los egresos externos y se resiente la confianza en el país y su Gobierno, se debilitará también la moneda nacional. Sin embargo, ahora en un mundo en contracción, la devaluación no podrá tener el impacto benéfico que tuvo en 2002 que propició las exportaciones y el crecimiento económico de la región, cuando el mundo estaba en expansión.

Para garantizar un crecimiento sin sobresaltos, el Gobierno debe aminorar los desequilibrios macroeconómicos que la amenazan, en especial mantener un gasto público que compense la caída de la actividad privada.

Las oportunidades para hacer aprobar una reforma tributaria que aumentara el recaudo fueron desperdiciadas por el Gobierno que devolvió a los empresarios 1,3% del PIB en exenciones al impuesto de renta en 2006, aumentando esa proporción en 2007.

En el 2008 el Gobierno ha introducido contratos de estabilidad jurídica que combinados con las exenciones constituyen una reforma tributaria radical sin pasar por el legislativo. Se desconoce el impacto en los recaudos del Gobierno que pueda resultar de estas políticas, pero debe ser sustancial.

El contagio de la crisis internacional y la ausencia de política fiscal compensatoria hizo abortar esta fase de fuerte crecimiento cuya continuidad era la única esperanza que tiene la población que yace en el desempleo y en la informalidad.

Las políticas públicas incentivaron el uso del capital al abaratarlo artificialmente, mientras se encarecían los salarios que debían pagar los empresarios por los impuestos llamados parafiscales. El auge económico tuvo débiles impactos en reducir las tasas de desempleo e informalidad. Estos indicadores, por el contrario, comienzan a elevarse sistemáticamente, incluso desde mediados de 2008.

Lo grave es que el Gobierno quemó su munición expansionista cuando la economía no la requería y con la economía estancada o contrayéndose no va a tener forma de financiar un gasto público compensatorio, porque se secan las fuentes de financiamiento externo.

La deuda interna puede ser una avenida interesante para ese logro, pero enfrenta las expectativas de los agentes sobre la capacidad de pago del Gobierno. Recurrir a la emisión primaria como lo puede permitir un Emisor dependiente del gobierno, puede precipitar una estampida de capitales que entienden lo que se le viene encima: una depredación de sus valores reales.

El TLC con E.U., de superar los obstáculos políticos surgidos con el control demócrata del Congreso norteamericano y la presidencia de Barack Obama, puede ser una fuente de crecimiento estable de algunas exportaciones y un atractivo adicional para la inversión extranjera que ha venido marcando altos guarismos entre 2004 y 2008.

Sin embargo, existe un resentimiento grande en amplias regiones de E.U. que culpabilizan al libre comercio internacional por la exportación de sus empleos a México o a China y Colombia aparece como una ocasión para expresarlo, un chivo expiatorio, aunque es una economía muy pequeña y no presenta una amenaza real para el empleo de E.U.

El auge internacional de los términos de intercambio a favor de las materias primas reflejó el crecimiento sostenido de China e India que se derivaba de la sobre expansión artificial del consumo norteamericano, apalancado en un crédito que no contaba con las garantías de rigor y debía colapsar como lo hizo durante el segundo semestre de 2008; de esta manera, una caída de las economías de E.U., Europa, Japón y el Este del Asia no podrá ser compensada por el crecimiento de esas economías que deberán apoyarse entonces en sus mercados internos.

Los altos precios del combustible fósil han incentivado su desplazamiento por biocombustibles y también en esta área promisoria Colombia cuenta con ventajas por su dotación geográfica para producir etanol de caña de azúcar y aceite de palma africana (biodiésel), algo que se desarticula cuando baja el precio mundial del combustible.

A pesar de que Colombia se está constituyendo en un exportador de electricidad y de servicios de su interconexión, esto no bastará para compensar una caída brutal en sus ingresos de exportación.

La mayor parte de los analistas prevén que la economía colombiana mantendrá un crecimiento cercano al 2% en 2009, cuando se espera que la norteamericana entre en una fase de recesión seguida por otra de bajo crecimiento. En un mundo escaso de energía en el largo plazo, Colombia puede jugar un decoroso papel de proveedor mediano, una vez superada la crisis en la que está inmersa la economía mundial y que puede prolongarse hasta 2010 por lo menos.

En diciembre de 2007, la economía de E.U. entró en una profunda recesión que se percibe como la más larga desde la de 1929. Hay en esta crisis todas las características que tienen los ciclos del capitalismo -aumento de las ganancias, euforia en los mercados de valores y de bienes raíces, valorización de los activos que apalancan una mayor cantidad de crédito hasta que se desbordan los fundamentos del auge, explotan las burbujas en la bolsa y en la finca raíz y sigue una recesión.

Lo especial en esta ocasión es que la magnitud de la expansión crediticia, permitida por la política expansiva de la Reserva Federal, a la vez que se relajaba la regulación financiera, indujo una expansión de los límites impuestos por la regulación financiera que dio lugar a que muchas personas y empresas recibieran créditos por encima de su capacidad de pago y que los operadores financieros asumieran riesgos crecientes, invirtiendo en derivativos que contenían hipotecas u otros títulos que en algún momento dejarían de ser honorados.

Se ha dado un colapso del sistema financiero y en especial de la banca de inversión que entraña una destrucción de su capital y, por lo tanto, de su capacidad de otorgar crédito. La economía norteamericana había pasado mucho tiempo consumiendo muy por encima de sus capacidades lo que se expresó en su déficit en cuenta corriente de 6% del PIB en 2006 y en un déficit fiscal cuantioso.

La contrapartida para sus socios comerciales, en especial China y Japón, fueron inmensos superávit, ahorro macroeconómico que fuera a financiar el faltante de E.U., para mantener el alto ritmo de crecimiento que se derivaba de su comercio exterior.

Muchos de los elementos que jalonaban el desarrollo económico del mundo y que estaban ahí para Colombia se desplomaron: un comercio internacional dinámico, unos recursos naturales en alta demanda internacional y precios extraordinarios.

Vino mucha inversión extranjera y la revaluación del peso permitió elevar la tasa de inversión, acerrando la modernizaron de la maquinaria de todos sus sectores; también se dio una mayor inversión en capital humano y una informatización mayor de la sociedad, todos los cuales han debido aumentar la productividad de todos los factores. Una oportunidad que se perdió fue modernizar y ampliar la infraestructura de transporte del país que continuó siendo precaria y eleva los costos del comercio exterior, disipa escasos recursos públicos en corrupción, restándole competitividad al país.

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