Remesas a Colombia han aumentado 9,8% desde que ganó Trump

Los envíos de dinero desde Estados Unidos han aumentado a Latinoamérica desde octubre pasado. 

Dólar en Colombia

Las remesas aumentaron desde que se vio la posibilidad que Trump podía llegar a ser presidente. 

Archivo Portafolio

POR:
Bloomberg
marzo 21 de 2017 - 12:31 p.m.
2017-03-21

Es prematuro sacar conclusiones sobre qué significará la presidencia de Donald Trump para los vecinos y socios comerciales de Estados Unidos, pero con todo lo que se dice sobre la construcción de un muro, deportaciones y la cancelación de acuerdos comerciales, los latinoamericanos que tienen familiares al norte de sus fronteras no están esperando mucho para obtener una respuesta.

Los dólares que envían los migrantes a sus países de origen en Centro y Suramérica y en el Caribe se incrementaron a fines del año pasado en anticipación a la elección de Trump y han experimentado un abrupto aumento a partir de entonces.

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En México, las remesas en dólares crecieron 25 por ciento en noviembre respecto de igual mes del año anterior -el nivel más alto en 10 años-, luego aumentaron otro 6 por ciento en diciembre, para alcanzar en enero los 2.055 millones de dólares, un récord mensual.

Datos que recopiló 'Bloomberg' indicaron incrementos similares de las remesas a partir de octubre en Guatemala (un aumento récord de 22 por ciento en el año hasta febrero), Nicaragua (12 por ciento), Colombia (9,8 por ciento) y Ecuador (8,1 por ciento).

Para el 2016, el Banco de la República reportó que las remesas alcanzaron un récord histórico para el país con 4.800 millones de dólares. 

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Es cierto que parte de eso obedece a inferencias económicas. La recuperación del mercado laboral de Estados Unidos ha permitido a los trabajadores migrantes enviar algo más de dinero a su país de origen.

Basta con considerar que dos terceras partes de los migrantes mexicanos enviaron dólares a su país el año pasado, en comparación con 50 por ciento que lo hizo en 2015. Muchos trabajadores extranjeros, sin embargo, podrían actuar de manera preventiva y enviar fondos con la mayor rapidez posible antes de que Trump, que ha hablado de gravar las remesas para solventar su muro fronterizo, pueda embargar sus dólares con destino al exterior o, peor aún, someter a deportaciones masivas a quienes se encuentran en Estados Unidos de forma ilegal.

Esas sombrías consecuencias podrían o no concretarse. Independientemente de ello, sin embargo, la bonanza de remesas destaca también un desafío mayor que se le plantea a América Latina: como usar las remesas para impulsar el desarrollo y mejorar la productividad local.

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Para muchos de los países más incultos del hemisferio, después de todo, las remesas son la gallina de los huevos de oro: México recibe en la actualidad más dolares procedentes de trabajadores residentes en el exterior que de las exportaciones petroleras.

Los 17.000 millones de dólares que América Central recibió en 2015 por parte de migrantes representaron casi 50 por ciento de los ingresos de unos 3,5 millones de hogares, según Manuel Orozco, un investigador del programa de migración, remesas y desarrollo de Dialogo Interamericano.

En total, esos hogares tuvieron ahorros colectivos de 3.000 millones de dólares ese año. "Eso es muy bueno para las familias receptoras y también para los gobiernos", dijo Alberto Ramos, un analista de mercados en vías de desarrollo de Goldman Sachs. "Se trata de dinero que llega a hogares de bajos ingresos, que mejora la cuenta corriente nacional y que, con una orientación adecuada, puede aprovecharse en el plano interno".

Eso es precisamente lo que pensaba el ministro de Finanzas de Guatemala, Julio Héctor Estrada, cuando propuso vender bonos con denominación en dólares en el país para absorber parte del monto sin precedentes de 7.100 millones de dólares que los migrantes guatemaltecos enviaron a su país el año pasado.

Los funcionarios gubernamentales esperan disuadir a los receptores de convertir el total de esa moneda dura a quetzales -lo cual, temen las autoridades, podría impulsar la inflación- y convencerlos, en cambio, de volcar parte de esa suma a proyectos de desarrollo.

Otro desafío relacionado con el tema es que solo alrededor de 30 por ciento de los latinoamericanos tiene una cuenta bancaria, y que la región se encuentra rezagada respecto de otros mercados emergentes en lo relativo a la llamada inclusión financiera familiar.

Es por eso que, si bien cerca de las dos terceras partes de los hogares centroamericanos logra ahorrar dinero, en su mayoría lo guarda de manera informal, en ahorros "bajo el colchón", que tienen bajos retornos y una administración pobre.

"El desafío es impulsar la creación de riqueza en América Latina, y eso implica invertir en capital humano y en la economía del conocimiento", dijo Orozco. Antes, sin embargo, la región tendrá que repensar la estrategia de desarrollo.

Basta con pensar en la 'Alianza para la Prosperidad', un programa de 750 millones de dólares que cuenta con financiación de Estados Unidos y busca frenar la migración de Guatemala, Honduras y El Salvador, en parte por medio de inversiones en sectores como agricultura, turismo y manufactura.

Si bien se trata de iniciativas bienvenidas, soslayan uno de los motores clave de la migración: la falta de oportunidades. La mayor parte de los casi 200.000 centroamericanos que tratan dejar su región todos los años no son indigentes, sino integrantes de la clase media baja. Aspiran a empleos mejores, no a ser mano de obra rural no calificada ni a trabajar en una fábrica.

Una mejor educación ayudaría a quienes buscan empleo, pero no es lo habitual en los colegios locales. Por ejemplo, mientras casi todos los países de la región han logrado la matriculación universal en la escuela primaria, conservar a los alumnos en los colegios y mejorar la calidad de la educación son elementos cruciales.

Los investigadores ya saben que las familias que reciben dólares del exterior no solo buscan ahorrar, sino que es más probable que dediquen ese ingreso adicional a educación que aquellos que no reciben remesas.

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