Por una austeridad verdadera

En pasado editorial llamamos la atención sobre la preocupante aceleración que viene experimentando el gasto público en el país. En el primer bimestre de este año -con relación al mismo período del pasado- creció 24,2 por ciento. Guarismo altísimo (cerca de cinco veces la tasa a la que viene creciendo la inflación), y muy superior al incremento de los recaudos de impuestos -que afortunadamente muestran un excelente comportamiento.

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mayo 16 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-16

Esta tendencia está llevando a que el déficit del Gobierno central siga por las nubes (superior al 5 por ciento del PIB). Las finanzas agregadas del país están mucho mejor que las del Gobierno central gracias al buen desempeño de los departamentos y municipios, a las inmensas rentas fiscales que ha generado el incremento de los combustibles en el último año, y a la misma revaluación (mala en muchos otros sentidos, pero que hace menos oneroso el servicio presupuestal de la deuda externa del país). Este comportamiento del gasto público tiene varias interpretaciones y explicaciones, que deben debatirse públicamente -con altura intelectual y sin agravios. El titular de las finanzas públicas, Alberto Carrasquilla, en comunicación que publicamos el viernes pasado en nuestro diario, señaló que una prueba del espíritu de austeridad que preside la gestión presupuestal del Gobierno es que en el último año no se ha recurrido a la figura de las adiciones presupuestales. Dice el ministro de Hacienda: “Este gobierno, por primera vez en 15 años, tomó la decisión de no presentar una ley de adición presupuestal en 2005”. Esta afirmación del alto funcionario es cierta, pero sólo desde un ángulo formal. Desde el punto de vista material -la sustancia- hay que recordar que el año pasado, cuando se discutía la ley del presupuesto que se está ejecutando en este momento, o sea el del 2006, tuvo lugar la incorporación de la más grande adición de la historia del país ($3,5 billones). Sólo que en lugar de tramitarse como una ley especial, dicho adicional se incrustó en el presupuesto básico. ¿Cómo se explica este episodio presupuestal que terminó permitiendo que el programa de gasto público del 2006, contra lo que afirma el Ministro, se terminara inflando de manera protuberante? La historia es la siguiente: el Gobierno consultó al Consejo de Estado sobre si los recursos de las regalías que se canalizan hacia departamentos y municipios productores por parte de la Agencia Nacional de Hidrocarburos debían aparecer o no en el presupuesto nacional. El Consejo de Estado, mediante concepto número 2656 expedido el 21 de julio del 2005, afirmó que no era necesario que estos recursos aparecieran en el presupuesto nacional. En el momento en que este concepto se hizo público, ya estaba aprobado por el Congreso Nacional el monto total de gasto autorizado para el año 2006 (105,4 billones de pesos). ¿Qué hizo entonces el Gobierno? Sacó del presupuesto nacional la partida de regalías para ejecutarla directamente a través de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, de conformidad con el concepto del Consejo de Estado. Pero en vez de reducir el monto del presupuesto básico (como hubiera sido lo lógico si efectivamente quería ejecutar un programa austero) lo dejó del mismo monto. Y procedió a financiar con más crédito (TES) un programa suplementario de gasto público por 3,5 billones de pesos. Dicho en buen romance, esto significa que al presupuesto básico del 2006 se le terminó incrustando una adición gigantesca, al amparo del concepto del Consejo de Estado. Sólo que esto se hizo en la misma ley del presupuesto básico y no en una ley separada -de las que se conocen como “leyes de adiciones”. Esta es una de las razones por las cuales el gasto público del Gobierno central exhibe guarismos tan altos en lo que va corrido del 2006. El Gobierno no puede desconocer las realidades que señalan las cifras -que mostramos con ánimo constructivo- y debe tomar los correctivos del caso (desaceleración del gasto público). "El Gobierno no puede desconocer las realidades que muestran las cifras del gasto público en lo corrido del año”.

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