El autismo de la crítica a los programas de Economía

En el año 2000, un grupo de estudiantes franceses denunció el ‘autismo’ en la formación en Economía.

El autismo de la crítica a los programas de Economía

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El autismo de la crítica a los programas de Economía

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mayo 17 de 2013 - 03:40 a.m.
2013-05-17

 Sus principales sugerencias: menos matemáticas, más pluralidad teórica y mayor relevancia empírica en los contenidos. Recientemente, han tenido eco en columnas de Cecilia López en este medio.

Trece años después de la carta, tanto la investigación académica como los contenidos de los programas en Economía han evolucionado, pero, aún se promueve la imagen de una disciplina incapaz de reflexionar sobre sí misma y cambiar.Tanto las críticas postautistas como del núcleo de la profesión, sumadas a las crisis de los últimos años, han tenido impacto sobre el contenido y la práctica de la Economía.

El autismo supone una profesión centrada en modelos matemáticos abstractos. Esta forma caricatural de ver la producción académica tenía algo de cierto, como toda caricatura. A partir de 1950 y en plena Guerra Fría, el modelo central de la teoría económica fue el modelo de Equilibrio General Arrow-Debreu (Egad). Este, con gran rigor matemático, buscaba describir las condiciones teóricas bajo las cuales se coordinan las decisiones individuales a través de los mercados. El modelo servía no para explicar el mundo real, sino para definir las condiciones de una libre competencia ideal que llevaría a una asignación eficiente. Se trata de una referencia abstracta para entender mejor las ‘fallas de mercado’ y permitir comprender la multiplicidad de razones por las cuales es necesario vigilar a los mercados y muchas veces intervenirlos.

Lentamente, la profesión se fue desprendiendo de ese referente y el modelo matemático se convirtió en la pera de boxeo de todos. G. Stiglitz y P. Krugman, dos premios Nobel de gran acogida entre los críticos de la Economía, hicieron sus aportes precisamente en el análisis de las fallas del mercado o la incapacidad del modelo de EGAD para explicar la realidad.

Sin duda, aún hay un largo camino por recorrer, pero es impreciso afirmar que la Economía y su enseñanza no han cambiado. Existen hoy diversos campos en los cuales, además del trabajo interdisciplinario, hay diferentes metodologías con un fuerte componente empírico. El clamor por más realismo ha tenido una respuesta contundente en la disciplina. Podríamos incluso afirmar que la Economía sufre de un exceso de empirismo más que de un exceso de teoría abstracta.

A lo que no renunció la Economía fue al rigor del lenguaje matemático. Afortunadamente, porque haber abandonado las matemáticas con el modelo Egad hubiera sido como botar al bebé con el agua del baño. Negarle la formación matemática a un futuro economista es imponerle una forma de analfabetismo impidiéndole entender la producción académica de su disciplina y negarle la posibilidad de mantener el rigor dentro del pluralismo teórico.

Muchas críticas al uso de las matemáticas parten de una falsa dicotomía: si usted utiliza matemáticas en sus análisis es neoliberal, pero si no lo hace es un heterodoxo. Se olvida que la defensa a ultranza de la no intervención del Estado se ha hecho desde diferentes modelos teóricos con y sin matemáticas. Dentro de las heterodoxias ‘antimatemáticas’ pueden aparecer posiciones tan opuestas como la ultraliberal escuela austríaca y algunas formas de marxismo, a la vez que existe un marxismo matematizado, que paradójicamente se apoya en el modelo Egad.

Lo que parece inmóvil desde hace trece años es la crítica postautista. Se piensa a los economistas como un grupo monolítico afiliado a un mismo partido político e incapaz de cuestionarse y de debatir. Cuando un gobierno propone políticas de austeridad en el gasto público o relajar la política monetaria, inmediatamente se identifica con la visión dominante en la teoría económica del momento. Y esto es inexacto, pues de lo contrario no existirían diversas recomendaciones de política al interior de una profesión cuyos miembros se han formado en esa supuesta teoría monolítica y autista. Pero la caja de herramientas es tan diversa como el espectro político de la profesión. No se debe confundir modelo teórico con posición política: M. Friedman defendió la mayor parte de sus argumentos dentro de un modelo keynesiano en su forma; los nuevos keynesianos defienden razones para la intervención activa del Estado desde las expectativas racionales, cuyo origen fue una contrarrevolución antikeynesiana en los 1980.

En los últimos años han surgido múltiples voces en la profesión reclamando más formación en historia del pensamiento y en historia económica. Los programas de Economía en Colombia han estado a la vanguardia en muchos de los aspectos señalados arriba. Mientras en la mayoría de los países desarrollados se había abandonado completamente la historia dentro del pregrado, los mejores programas colombianos han mantenido y reforzado su lugar en la formación básica: en las universidades Nacional, de Antioquia y de los Andes hay más cursos de historia que de econometría o de macroeconomía. Además, el programa de doctorado en Economía de los Andes es de los pocos en el mundo con un curso obligatorio en historia. Seguramente, muchos de quienes llaman a la transformación radical de la formación no tienen esta información, y para poder continuar con una discusión constructiva sobre la enseñanza de la Economía, como para cualquier debate sobre esta, en general, la buena información es indispensable.

Andrés Álvarez

Coordinador del área de historia, pensamiento y metodología económicas, F. Economía, U. de los Andes.

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