‘Bad Influenza’

Hace algunos años hubo una película llamada Bad Influence. Recordar ese título cae de perlas para poder titular esta columna que pretende promover el debate sobre la influencia de los medios en los asuntos de la salud, que son urgentes y de actualidad… ¡Téngase fino! No voy a dedicar este espacio a saturar a los lectores de detalles médicos técnicos sobre la influenza. Tampoco voy a aprovechar para hacer una diatriba contra los esfuerzos del Gobierno por hacer lo que le corresponde. Ni más faltaba.

POR:
mayo 14 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-14

Quiero proponer una reflexión sobre el papel de los medios masivos de comunicación y el daño que pueden causar al enfocarse obsesivamente en una sola noticia, perdiendo de vista el contexto u olvidando otras noticias más serias o de mayor calado (pero menos escandalosas). Digo que, a pesar de ser médico, con dificultad supera uno la perplejidad inicial y logra sobreaguar en las aguas turbulentas de la desinformación cuando se inunda el ambiente de un diluvio de información como el que hemos recibido recientemente, No estamos probablemente ad portas del fin del mundo, sobra decirlo. Tampoco podemos desestimar la gravedad del riesgo de una pandemia, por supuesto; pero qué bueno que dejara de cundir el pánico, que alguien nos tranquilizara y que pudiéramos estar más pendientes de los problemas de fondo y menos del ruido de los medios. “Los árboles no dejan ver el bosque”, dice un sabio refrán, y eso podría estar pasando con este asunto que nos apremia y que nos atosiga desde que abrimos los ojos y ya escuchamos la letanía de los radionoticieros anunciando a grandes voces cosas que no parecen ser más que rumores, sobreentendidos o verdaderos malentendidos, para colmo de males. Los telenoticieros gritan, literalmente gritan, que esto y que aquello: que el virus viajó, se fue de vacaciones, se tomó un descansito, volvió a la carga y así… Invitan a grandes personalidades del mundo científico a los programas de opinión y les disparan ráfagas de preguntas en tono de coro de tragedia griega, y cuando los ilustres invitados apenas empiezan a contestar dan paso a interminables minutos de comerciales, adobados de las grotescas escenas de las telenovelas de primera categoría en producción pero de cuarta categoría moral, que vienen en cadena a continuación, una tras otra, listas para acabar de aturdir hasta al más avisado. Y uno se queda con un sinsabor grande… ¿Qué pasó? ¿Llegó el Apocalipsis? ¿Se demora otro poquito? ¿Será después de las telenovelas? ¿Alcanzo a despedirme? Cierro entonces esta plática (como diría precisamente un mexicano, incluso si estuviera medio agripado) contándoles que por fortuna en algunos lugares se han tomado las medidas contingentes para prevenir una epidemia de verdad y para controlar una epidemia de chismes mal contados. Como debe ser. Y punto. Jaime Hoyos, M.D.WILABR

Siga bajando para encontrar más contenido