La baja de los aranceles

La baja de los aranceles

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noviembre 09 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-09

La reducción arancelaria que está promoviendo el Gobierno se parece a esos cuentos en los que hay una noticia buena y otra mala. La buena consiste en que se trata de una excelente idea para tratar de mejorar la competitividad de la economía. La noticia mala es que la iniciativa tiene serios problemas que, de no corregirse, podrían significar que terminara con un entierro de tercera. Empecemos por las cosas buenas. Hay que celebrar la audacia de los funcionarios del Ministerio de Comercio que han promovido la reducción. A lo largo de los últimos años se ha acumulado evidencia significativa en el mundo que muestra que los países internacionalizados crecen más rápido que los que han optado por el proteccionismo. Una economía protegida asigna sus recursos productivos de manera ineficiente y sacrifica la opción de aprovechar uno de los motores de crecimiento económico más poderosos que ha habido en las últimas décadas: el comercio internacional. Como lo ha mostrado el Premio Nobel de Economía Michael Spence, los países en desarrollo que han conseguido crecer por encima de 7 por ciento de manera sostenida a lo largo de 25 años lo han logrado volcándose al mercado internacional. Para no ir más lejos, recordemos que Chile fue el primer país latinoamericano que redujo unilateralmente sus aranceles de manera significativa. ¿El resultado? Chile es el milagro económico de América Latina. En las últimas semanas su ejemplo ha sido imitado por Perú, que ha adoptado una drástica reducción arancelaria unilateral (su nuevo nivel arancelario efectivo ronda el 3 por ciento), mientras los analistas internacionales lo destacan como el segundo caso de mostrar de la región. Nada de esto es nuevo. Tras los múltiples debates que se dieron alrededor del TLC con Estados Unidos, a estas alturas ya es bien sabido que una mayor apertura favorece un mayor crecimiento económico. Lo grave del asunto es que Colombia se está quedando sin alternativas para avanzar hacia esa apertura. La Ronda Doha de negociaciones multilaterales de la Organización Mundial del Comercio está más muerta que viva, mientras el TLC pende de un hilo en medio de la indolencia del Partido Demócrata y las salidas en falso del Gobierno colombiano. (La renuncia de la consejera presidencial para el TLC, Sandra Suárez, cuatro meses después de haber sido nombrada, es un pésimo chiste. ¿Así cómo queremos que nos vean como un país serio?). En este contexto complejo adquiere una gran importancia la reducción arancelaria unilateral propuesta por el Ministerio de Comercio. Pero es entonces cuando aparece la mala noticia: la propuesta tiene dos grandes problemas. El primero es la exclusión de la agricultura de la iniciativa. Si algo quedó claro a lo largo de la negociación del TLC es que buena parte del agro colombiano disfruta de una protección excesiva, que genera rentas a unos pocos en perjuicio de los consumidores y de la competitividad del resto de la economía. Mantener intacta la protección de los productos agropecuarios y reducir la de las cadenas que los usan como insumos no tiene ningún sentido económico. El segundo problema que tiene la propuesta es la pretensión del Ministerio de Hacienda de que la reforma arancelaria sea neutra desde el punto de vista fiscal. ¿Una reducción arancelaria que no tenga costo fiscal? Vaya, vaya... La búsqueda de la cuadratura de este exótico círculo ha llevado a proponer el aumento de los aranceles de algunos insumos, planteamiento que tiene indignados a muchos empresarios y que le quita respaldo político a una buena iniciativa. Si el presidente Uribe verdaderamente cree en esta propuesta, más vale haga dos llamadas telefónicas. Mauricio Reina Investigador Asociado de Fedesarrollo Si algo quedó claro a lo largo de la negociación del TLC es que buena parte del agro colombiano disfruta de una protección excesiva”.

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