Balance monetario de 60 años

Tan inflacionario puede ser un aumento en los medios de pago como un aumento en velocidad, a pesar de un stock constante.

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julio 18 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-18

Con motivo del ascenso a lo que románticamente se conoce como 'la tercera edad', un acucioso amigo me hizo llegar, debidamente impresa, la portada del diario El Tiempo, correspondiente al primero de julio de 1948. Las dos noticias más destacadas en esa fecha fueron, una de índole política, y otra de índole económica. En el frente político se destacaba la urgencia de un entendimiento entre el Gobierno (conservador) y la oposición representada por el Partido Liberal, con el fin de reestablecer un adecuado clima de convivencia nacional después de la hecatombe del nueve de abril.

Cualquier parecido con la realidad actual es mera coincidencia.
La noticia económica de ese entonces, hacía referencia a la preocupación existente por el crecimiento desbordado de la masa monetaria, pues al cierre del primer semestre, los billetes en circulación alcanzaron la astronómica cifra de 301 millones de pesos. El PIB nominal de ese mismo período se estimaba en 6.500 millones de pesos o sea 21 veces el monto de los billetes en circulación.

Hoy en día, la proporción entre billetes en circulación (sin contar depósitos bancarios) y valor nominal del PIB es muy similar, pues frente a un PIB de aproximadamente 350 billones de pesos, el Banco de la República reporta la existencia de 20 billones en billetes físicos. Se deduce entonces que, guardadas proporciones, estamos en las mismas que hace 60 años, y por lo tanto habría que preocuparse hoy, como preocupados estaban los expertos seis décadas atrás.

A propósito de estas elucubraciones, vale la pena aclarar algo que a muchas personas les parece irreal, y es el aparente desequilibrio entre el valor total de la canasta de bienes y servicios a disposición de los consumidores y la cantidad de dinero con que cuentan estos potenciales compradores. Tanto más si una parte del dinero se ahorra y no se destina al gasto. Lo que olvidan los que así piensan es que el dinero tiene una característica que lo diferencia de todos los demás bienes o activos existentes en una economía.

Cuando una persona compra una almojábana y a cambio entrega unos billetes (cuántos, no importa) el resultado final de esta operación es que la almojábana, al ser consumida, desaparece física y materialmente, en tanto que los billetes recibidos por el vendedor no se destruyen, sino que son conservados y -lo más importante- reutilizados a la mayor brevedad posible en la compra de otros productos y así sucesivamente.

Este fenómeno -tan obvio, pero al mismo tiempo casi imperceptible- en la teoría económica se conoce como la rotación o velocidad del dinero, la cual -a la luz de la teoría cuantitativa- puede llegar a tener efectos inflacionarios. Para explicar la inflación de origen monetario, no es suficiente remontarse al crecimiento de los medios de pago, sino también tener en cuenta su velocidad o número de veces que cada unidad monetaria es utilizada como medio de transacción. Tan inflacionario puede llegar a ser un aumento en los medios de pago como un aumento en su velocidad, a pesar de mantener un stock constante.
Sin embargo, la comparación de los montos de billetes en circulación y valor nominal del PIB entre 1948 y 2008, parecería demostrar que la velocidad se ha mantenido relativamente constante y la presión inflacionaria -no de ahora, sino de siempre- está por el lado del aumento desproporcionado en la cantidad de dinero.

Lo que sí ha crecido astronómicamente en el período, son las utilidades del Banco de la República. De acuerdo con la fuente informativa arriba reseñada, las utilidades del Banco en el primer semestre de 1948, llegaron a un millón de pesos, que a la tasa de cambio de la época, representaban aproximadamente 500 mil dólares. Hoy, las utilidades del Banco en un solo semestre superan los 300 millones de dólares. Motivo más de tranquilidad para los inversionistas.

gpalau@urosario.edu.co

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