Tras las bambalinas de la capitalización del BID; misión colombiana jugó un papel importante | Finanzas | Economía | Portafolio

Tras las bambalinas de la capitalización del BID; misión colombiana jugó un papel importante

A pesar de que los gobernadores del BID aprobaron ampliar en US$70.000 millones el capital de la entidad, negociaciones estuvieron cerca de fracasar y revivieron gracias a labor de misión colombiana.

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marzo 22 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-22

La tensión de los últimos días en el balneario mexicano de Cancún, en donde ocurre la Asamblea Anual del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), llegó a su punto máximo en la noche del domingo.

Fue en ese momento, a las pocas horas de que el Gobierno mexicano ofreciera una cena en honor de las 48 delegaciones presentes, encabezada por el presidente Felipe Calderón, que el ministro de Hacienda colombiano, Óscar Iván Zuluaga, presentó una fórmula que acabó siendo acogida y que implica la capitalización más grande en los 51 años de existencia del BID.

A pesar de que fue respaldada por consenso, detrás de la propuesta hubo incontables horas de negociaciones que llegaron a poner en riesgo el éxito de la cita.

La causa fundamental fue la actitud de Estados Unidos, cuya delegada, Marisa Lago, una subsecretaria del Departamento del Tesoro, adoptó posiciones de singular dureza que vuelven a generar interrogantes sobre la postura de la administración de Barack Obama hacia América Latina.

"Éramos 47 contra uno", le dijo a PORTAFOLIO un delegado chileno. El meollo de la discusión era la iniciativa para aumentar el capital del BID, que actualmente asciende a unos 104.000 millones de dólares.

El proceso comenzó hace 12 meses en Medellín, cuando un comité de expertos propuso diferentes opciones que oscilaban entre 73.000 y 180.000 millones, de los cuales los países socios pagan efectivamente un porcentaje muy bajo, pues el saldo opera como garantía.

La necesidad de tener más capital está relacionada con la capacidad de préstamo del Banco, que tiene límites si quiere mantener la calificación de triple A que le permite fondearse a bajo costo en los mercados internacionales.

En el 2009, por ejemplo, el BID ofreció un programa de préstamos por 15.600 millones de dólares -el más alto de su historia-. Y aunque para el 2010 tenía la posibilidad de llegar a una cifra similar, a partir del 2011 se habría visto obligado a limitar sus créditos a unos 6.000 millones.

Un tema definitivo

Por esa razón, la capitalización era clave. La idea fue apoyada desde un momento inicial por los países latinoamericanos y la mayoría de los extracontinentales. En cambio, Estados Unidos sostuvo que sus problemas fiscales le daban muy poco margen de maniobra, lo cual, tratándose del socio más grande del BID, era un mensaje preocupante.

Para comienzos de marzo, la mayoría de socios del Banco había aceptado una fórmula canadiense, consistente en un aumento de 80.000 millones de dólares y un pago en efectivo de 2.400 millones.

En respuesta, los estadounidenses llegaron a Cancún y pusieron sobre la mesa una capitalización de 60.000 millones de dólares y un giro de 1.500 millones. Además, exigieron una larga lista de requisitos que algunos calificaron de indignante, pues le daría a Washington mucho más poder dentro del Banco.

Ante esa actitud, los países del Cono Sur y algunos europeos más Japón llegaron a proponer que se hiciera una votación que habría generado una crisis diplomática sin precedentes.

En contraste, Colombia trató de acercar posiciones, pues en su carácter de anfitrión en Medellín, el ministro Zuluaga tenía el rol de presidente de la Asamblea.

Asimismo, había todo el interés de cerrar el tema en el Gobierno Nacional. De un lado, la llegada de México a la presidencia de la Asamblea, cuyo ministro acaba de posesionarse en el cargo, podría haber significado que el proceso tuviera que comenzar otra vez desde cero. Del otro, era claro que un fracaso habría comprometido seriamente las posibilidades del colombiano Luis Alberto Moreno, cuyo periodo termina en el próximo semestre y quien aspira a seguir en la entidad.

Tales temores, sin embargo, quedaron atrás cuando Zuluaga logró juntar a los más radicales y llegar a una cifra de 70.000 millones de dólares con un pago de 1.700 millones en el transcurso de cinco años y condicionalidades sensatas.

Igualmente, se le dio una mano a Haití que incluye la condonación de su deuda con el BID de casi 500 millones de dólares y la entrega de 2.000 millones más.

Ahora lo que viene es completar el proceso de la capitalización del Banco y aceptar el mensaje del refrán que afirma que "lo mejor, es enemigo de lo bueno".

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