Bananeros y corteros de caña: ¿la historia se repite?

Lo dijo Karl Marx hace mucho más de un siglo: “Quien no conoce la historia está condenado a repetirla”.Y esto parece estar sucediendo en este país con la ya larga y no resuelta huelga de los corteros de caña en el Valle del Cauca.

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noviembre 07 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-07

Basta con mirar la dolorosa historia colombiana para encontrar escalofriantes similitudes en el famoso caso de las bananeras, que, entre otras, disparó la carrera política de Jorge Eliécer Gaitán cuando en su famoso discurso en el Congreso de la República, en 1929, denunció la masacre en el municipio de Ciénaga. No se llegará a ese doloroso episodio, esperamos, pero es en las causas de las dos huelgas donde hay una coincidencia preocupante: se trata de la violación de los derechos de los trabajadores del campo. Han pasado 80 años entre las huelgas de los bananeros y la de los corteros de caña, y la historia se repite. Se ha avanzado en la legislación laboral, existe un Código Sustantivo de Trabajo, pero igual, las demandas de los trabajadores por la vulneración de sus derechos son las mismas. La masacre de las bananeras sucedió el 6 de diciembre de 1928 cuando, bajo la presidencia del conservador Miguel Abadía Méndez, el general Cortés Vargas ordenó disparar a un número desconocido de obreros y sus familias, en la plaza de Ciénaga, en medio de una huelga por medio de la cual estos exigían a la United Fruit Company mejoras en su condición laboral. Las causas de la huelga fueron claras. La multinacional norteamericana había llegado a la zona bananera del Magdalena a comienzos del siglo XX. Lentamente se había apropiado de la mayoría de terrenos cultivables de toda esa zona y habían establecido comisariatos donde vendían todo tipo de productos a los empleados, generando más poder y una creciente omnipresencia en toda la región. La mayoría de los trabajadores de sus plantaciones eran vinculados indirectamente por medio de contratistas. Desde 1920, los sindicatos comenzaron a organizarse y a exigir un trato digno para sus trabajadores por esta compañía, que llevaba años operando en Colombia y los explotaba, aprovechando la falta de legislación laboral en el país. La United Fruit Company utilizaba un sistema de subcontratación que le permitía ahorrarse costos en detrimento de la condición de los jornaleros. Por esto, los treinta mil obreros de la multinacional entraron en huelga, el 12 de noviembre de 1928, pidiendo descanso dominical, mejor atención médica y mejor salario, entre otros, en un pliego que contenía nueve puntos. Según el historiador Mauricio Archila de la Universidad Nacional, eran condiciones mediante las cuales se exigía acomodarse a la escasa legislación laboral que imperaba en la época. El gobierno de ese momento no respondía, atacaba las movilizaciones denunciando una supuesta injerencia de los nacientes grupos revolucionarios comunistas en el país y defendía una y otra vez los intereses de la gran empresa. Esto generó tal desespero que aquel fatídico día desencadenó en caos. Un caos acallado con el uso desmesurado de la fuerza. La cifra de fallecidos es aún un misterio, y va desde los siete -versión oficial del gobierno de la época- a los más de mil muertos, según comunicados emitidos ese año. El país se enfrenta hoy al paro de los corteros de caña del Valle del Cauca, donde están muchos de los ingenios azucareros del país. (A propósito, por estos días se recuerda que hace 50 años también entraron en paro los corteros de los ingenios en Cerrito-Valle). Estos trabajadores llevan un buen tiempo exigiéndoles a los ingenios que los vinculen directamente a sus nóminas y no por intermedio de las Cooperativas de Trabajo Asociado (CTA) que no ofrecen servicios, sino que ejercen lo supuestamente prohibido, la intermediación laboral. Por eso, el movimiento reivindicativo presentó un pliego de peticiones de 20 puntos a Asocaña, cuyo principal tema era precisamente el relacionado con el sistema de contratación por cooperativas, a las cuales pertenecen, en calidad de asociados, la mayoría de los corteros de la región. Quieren que los ingenios los vuelvan a vincular directamente, para que así mejoren sus condiciones salariales y laborales, que con las CTA se han deteriorado. Su petición se traduce en que sus relaciones de trabajo se vuelvan a regir por el Código Laboral vigente. Y es que en los últimos años ha habido una explosión de cooperativas sin precedentes, ya que las empresas se dieron cuenta de que les resultaba más barato hacerlo de esta manera, porque se evitaban todas las obligaciones contempladas en el Código de Trabajo. De 572 CTA existentes en el 2000 se pasó a 3.602 en el 2007, según datos de Confecoop; otras miles han funcionado u operan en la ilegalidad abierta. Por esto, algunas entidades afirman que ya son más de 12.000. Según datos de Asocaña, de los 12.467 corteros de caña que están vinculados al sector azucarero del Valle, 9.732 trabajan a través de cooperativas de trabajo. Aparte de que estos tienen los peores sueldos y no tienen ningún tipo de prima o bonificación, tienen que asumir su seguridad social, herramientas, transporte, aportes sociales y costos de administración de las cooperativas de las cuales hacen parte. Entonces, los costos que tienen que financiar con sus propios recursos oscilan entre 120.000 y 400.000 pesos, disminuyendo su ingreso mensual al de un salario mínimo o menos. Pero los empresarios se han negado a aceptar la negociación del pliego de peticiones y el Gobierno, hasta ahora, no se ha visto muy proactivo en la búsqueda de una solución a esta grave crisis social. En una actitud complaciente ante los intereses de los poderosos ingenios -empresas que acaparan casi todo el trabajo de la región-, el Presidente ha manifestado que buscan lograr un acuerdo “favorable para los trabajadores y que les dé toda la estabilidad a los ingenios”. De nuevo palabras que esconden el eterno compromiso de un gobierno donde se prioriza el capital sobre el trabajo. ¿Otra expresión de la confianza inversionista que tanto defiende el presidente Uribe? Además, el mismo Presidente ha afirmado que la guerrilla de las Farc ha presionando a los cortadores de caña para que hagan la huelga. A esto se le suma un ambiente tensionado por la presencia de la fuerza pública en la zona (Ejército y Esmad de la Policía). Como si fuera poco, se ha estigmatizado a miembros del Congreso que han tomado esta causa como suya, como si una de sus obligaciones no fuera defender protestas sociales legítimas, como en este caso. Ya por fin el Gobierno empieza a aceptar que hay injusticias. Lo dijo el señor Presidente en el último consejo comunal. Se enfrenta el país a dos historias en tiempos y contextos muy distintos aunque con características similares. Son los mismos trabajadores sumidos en las desgracias de la subcontratación y desprotegidos por un gobierno que privilegia al gran empresariado y trata de diezmar la importancia de la lucha genuina con insignias anticomunistas. Al igual que los corteros del Valle, los trabajadores de las bananeras pelearon. Ante las condiciones de extrema dureza en que trabajaron y la pobreza de sus familias, pidieron a gritos reformar el régimen laboral en su beneficio. Regulación laboral que era precaria en ese entonces, y en la que se ha avanzado, pero igual no se cumple ante los ojos complacientes de las autoridades. Se está a tiempo para que el desenlace del episodio actual no se asemeje también a lo ocurrido en la plaza de Ciénaga. Gobierno y empresario, por favor que no se cumpla la famosa frase de Karl Marx: “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”. * En colaboración con Lucas Urdaneta. Politólogo, Asesor de la senadora Cecilia López '' Se enfrenta el país a dos historias en tiempos y contextos muy distintos aunque con características similares. Son los mismos trabajadores sumidos en las desgracias de la subcontratación.” Cecilia López Montaño. Senadora '' Se ha avanzado en la legislación laboral, existe un Código Sustantivo de Trabajo, pero igual, las demandas de los trabajadores por la vulneración de sus derechos son las mismas.WILABR

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