Banco español conecta a estudiantes latinos que llegan a ese país con adultos mayores que necesitan compañía

Los estudiantes latinoamericanos que buscan en España una residencia durante su periodo escolar cuentan con una solución para la convivencia: compartir la vivienda con una persona mayor.

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mayo 27 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-27

'Vivir' una nueva experiencia y 'convivir' con nuevas personas son dos de los conceptos clave para decidirse a estudiar en un país extranjero y así enriquecerse, no solo con la educación sino también en el ámbito personal.

Este es el caso de muchos estudiantes latinoamericanos que apuestan por seguir su formación en España, lejos de sus familias y sin conocidos en su nuevo destino, que necesitan contactos para empezar una nueva vida.

El estudiante latinoamericano tiene, entre otras alternativas, la posibilidad de compartir piso con otros estudiantes o residir en algún tipo de alojamiento que facilite la propia universidad.

En España, la opción de compartir apartamento con un anciano está creciendo cada vez más, ya que convivir con un adulto mayor es también en un acto de solidaridad.

Lucha contra la soledad

Uno de los objetivos de este proyecto radica en la idea del servicio social que la juventud puede aportar a gente mayor que, por unas causas u otras, está sola en su vivienda.

Es el caso de Anna García, una anciana que desde hace diez años decidió ceder su piso -como lo llaman en España- a estudiantes como forma de "compartir la vida con alguien joven". Esta mujer, tremendamente joven de espíritu, explica que con Elvis García, un estudiante cubano con el que convive hace poco más de medio año, se siente "muy acompañada".

Más allá de la convivencia, compartir casa con una persona anciana aporta al estudiante enriquecimiento personal y, en muchas ocasiones, orden vital, gracias a las enseñanzas de los adultos mayores.

"Me ha ayudado a ser ordenado, gracias a que me dejó las cosas claras desde un principio", afirma José Rubén León, un mexicano que acaba de superar el periodo de prueba de un mes en casa de Adelina, una mujer de 85 años.

Y es que, como afirma Eriel Martínez, un cubano que llegó este año a España, convivir con un anciano da a la familia del estudiante una "gran tranquilidad, ya que saben que estar con una persona mayor quiere decir que estoy bien cuidado".

Pero si algo especial resulta de estas parejas es el choque de culturas que, lejos de ser un problema, representan una alegría mayor para quienes las disfrutan.

"Esta experiencia me ha permitido conocer a una familia española de verdad, y es un choque cultural muy interesante", explica Eddy González, un joven guatemalteco que vive desde hace cerca de un año con Asunción, una anciana que le cuenta sus vivencias de la Guerra Civil Española.

"Aunque llevamos poco tiempo juntos, el intercambio cultural está siendo muy enriquecedor, y hasta hemos encontrado puntos en común", asegura José Rubén León, quien ríe cuando recuerda el día que su compañera de piso, Adelina, le sorprendió al cantar un corrido mexicano de Rocío Dúrcal.

El programa 'Viure i Conviure' ('Vivir y Convivir') de la Obra Social de Caixa Catalunya se ha consolidado como uno de los referentes europeos en el ámbito de acciones intergeneracionales tras más de una década de servicio.

Durante el curso académico 2007-2008 han participado 325 parejas en toda España, con estudiantes de todas las procedencias y con ancianos que llegan hasta los 99 años. Y siempre con resultados óptimos.

Los estudiantes residen en casa de los ancianos un mes de prueba, y si no hay ningún problema, pueden alargar su estancia durante el resto del curso académico, o incluso más.

No es de extrañar, pues, que los responsables del programa, en el acto de clausura del curso actual, se mostraran "muy satisfechos y felices" con su funcionamiento, y aseguraron que encaran la segunda década "con más ilusión que nunca".

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