El bañista y la piscina tributaria

Como el bañista que mide varias veces la temperatura con los dedos del pie antes de lanzarse, el Gobierno -después de varias marchas y contramarchas- acaba de entrar oficialmente a la piscina de aguas frías de la reforma tributaria.

POR:
agosto 01 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-01

Lo primero que hay que observar es que de las cinco reformas tributarias que con ésta completa la administración Uribe, estamos frente a la que con mayor cercanía podemos catalogar como una reforma integral. Salvo el caso de los tributos de los municipios y departamentos que infortunadamente no se tratan en el proyecto, todos los demás impuestos nacionales se regulan integralmente. El Gobierno ha hecho un esfuerzo plausible para encapsular en 282 artículos lo que en el actual estatuto tributario se dice en cerca de 1.000 normas sustantivas. Y lo que es más importante aún: con lo que se dispone en el último artículo del proyecto, según el cual se derogan “todas aquellas normas legales referidas a los impuestos de renta, sobre las ventas, gravamen a los movimientos financieros y retención en la fuente que no se encuentren incorporados en esta ley”, se le presta un servicio invaluable a la seguridad jurídica del país. Hay que aplaudir, igualmente, lo que el proyecto propone en materia de impuesto a la renta: quedan dispensados de tributar quienes ganen mensualmente menos de siete salarios mínimos ($2,8 millones); se reducen gradualmente sus tarifas hasta colocarlas en línea con los parámetros internacionales; y se simplifica su manejo. El paquete del IVA tiene tres componentes. Dos de ellos claramente defensables y un tercero que -sin duda- será objeto de la mayor controversia en el Congreso. Pues es lo más discutible del proyecto desde el punto de vista de la equidad. Los dos primeros consisten en ampliar la base del IVA y en reducir la dispersión tarifaria (de 9 a 4 tarifas). Pero el tercero ingrediente que consiste en elevar bruscamente las tarifas del IVA (incluidos alimentos de primera necesidad) de 0 por ciento y 2 por ciento que actualmente tienen al 10 por ciento; y no pocos de los que hoy están al 10 por ciento al 16 por ciento, será con toda razón el corazón del debate que viene. Toda la discusión sobre si el proyecto es inequitativo, o si golpea o no a la clase media más que a los estamentos adinerados, girará en torno a éste tercer elemento del IVA. El proyecto -en la exposición de motivos- dice que elimina todas las exenciones, deducciones y privilegios tributarios tanto para las rentas de trabajo como para las empresariales. Pero cuando se lee con cuidado el articulado se constata que las que beneficiaban a las rentas de trabajo y a las familias se mochan de tajo (vivienda, pensiones, medicamentos). Todas ellas se suplen con la norma de que quien tenga ingresos mensuales inferiores a 7 salarios mínimos no tributa. En cambio, cuando se analiza la letra menuda de las normas sobre tributación empresarial, se constata que además de bajar las tarifas contempla que toda inversión habrá de ser tratada como costo al 100 por ciento en el año en que se ejecuta. El costo fiscal de esta iniciativa que en el corto plazo puede ser inmenso ni siquiera se cuantifica en la exposición de motivos. Y como si hubiera pocas, el proyecto crea una nueva exención para aquellos que inviertan en empresas agrícolas registradas en bolsa. O sea, que si bien el proyecto avanza en la dirección correcta de reducir beneficios lo hace con mucha más decisión y contundencia con los asalariados que con las rentas empresariales. La idea de devolver un IVA a los estratos 1 y 2 del Sisbén entregándoles un cheque anual de 280.000 pesos a través del ‘Banco de las Oportunidades’ no deja de ser una iniciativa cargada de riesgos inmensos de politización. Pues aunque se han hecho mejoras en la metodología del Sisbén todavía este mecanismo es muy frágil frente a las arbitrariedades políticas de que puede ser objeto. Sería mucho más lógico y simple, por ejemplo, no arrancar gravando los productos de primera necesidad al 10 por ciento como lo propone el proyecto sino al 2 por ciento -como se contemplaba en la ley que tumbó la Corte en el 2003- y más bien, en vez de devolver individualmente un cheque a cada familia registrada en el Sisbén, aumentar las inversiones sociales focalizadas del Estado que benefician a los estratos 1 y 2. La piscina de la discusión ha quedado abierta y el partido de ‘water polo’ tributario va a comenzar pronto en el Congreso. Juan Camilo Restrepo Ex ministro de Hacienda Aunque se han hecho mejoras en la metodología del Sisbén todavía este mecanismo es muy frágil frente a las arbitrariedades políticas”.

Siga bajando para encontrar más contenido