Aunque más barato, crédito está estancado por apatía de consumidores y restricciones de los bancos

Hay dos explicaciones: que consumidores y empresas están temerosos de endeudarse porque no tienen claro el panorama y que, por la misma razón, los bancos son cada vez más selectivos para prestar.

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mayo 25 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-25

Este fenómeno probablemente se verá con más claridad a partir del viernes cuando se espera que la junta del Banco vuelva a reducir sus tasas.

Los recortes del Emisor sí se han sentido en las tasas de los bancos, pero los desembolsos están estancados por una mezcla de apatía de consumidores y empresas, así como de mayores restricciones de los bancos a la hora de prestar.

Desde hace cinco meses, el Banco de la República respondió a los ruegos de empresarios, deudores e incluso del mismo Gobierno para que bajara sus tasas de interés, que sirven como guía de las demás tasas de la economía y por ende ayudan a abaratar todos  los tipos de crédito.

Si bien se logró parte de ese objetivo, pues hoy con excepción de los intereses del microcrédito, todos los demás préstamos cuestan menos que a mediados de diciembre, el lío es que no hay suficientes interesados en endeudarse y, en  consecuencia, los desembolsos están estancados.

Hasta el primero de mayo, los empresarios medianos y grandes han sido los más beneficiados con la política del Emisor. Los intereses de los créditos comerciales ordinarios (que son los que aplican para ese grupo) han bajado 3,3 puntos en promedio, frente  a una reducción de 4 puntos de los del Banco de la República. Sin embargo, eso no ha motivado a los empresarios a tomar más crédito, pues los desembolsos semanales están a la baja.

Así mismo, los intereses de las tarjetas de crédito disminuyeron 1,03 puntos (valor que parecería marginal, pero que en compras grandes o en las diferidas a plazos largos tiene mucho peso), pero los colombianos han disminuido el uso del dinero plástico.

Para Juanita Téllez, directora de investigaciones del Bbva, lo que ocurre hoy es una mezcla de los dos fenómenos, en especial en lo que atañe al crédito de consumo (tarjetas de crédito, compra de vehículos, viajes y en general libre inversión), pues  muchas personas están temerosas de perder su empleo y por eso ni piden prestado, ni les prestan.

"En cambio con las empresas estamos notando que la demanda está reviviendo, en especial, porque muchos de los créditos que se les dan están atados a la tasa DTF, que es la que más rápido ha absorbido las decisiones del Banco de la República", opina

Téllez, aunque aún no se nota en las cifras hasta comienzos de este mes. En efecto la DTF, que se obtiene de promediar la remuneración que pagan los CDT a 90 días, pasó de 10,19 por ciento a mediados de diciembre a 6,11 por ciento esta semana, una baja idéntica a la del Emisor, que beneficia a los deudores, pero perjudica a los ahorradores.

Se perciben riesgos

El subdirector de Fedesarrollo, Mauricio Santa María, coincide en que es una mezcla de falta de disposición de bancos y de consumidores, pero aclara que las tasas de interés por si mismas "no hacen el milagro de reactivar el crédito". "En medio de una crisis, la gente no se quiere endeudar, pues perciben un ambiente de riesgo que también ven los bancos y por eso solo les prestan a los que consideran que tienen un bajo riesgo".

La encuesta mensual que realiza Fedesarrollo con consumidores muestra que durante abril el 69 por ciento de los encuestados dijo no haber solicitado ningún préstamo bancario y el 61 por ciento ni siquiera recurrió a un familiar o amigo, pues lo cierto es que cuando no se tiene claridad sobre el futuro económico propio, ni del país, lo mejor es la prudencia.

Camilo Herrera, gerente de Raddar firma especializada en consumo, tiene otra explicación para el estancamiento de los desembolsos de crédito. En su concepto, los anuncios incluso del mismo Banco de la República de que vienen más bajas de interés, hacen  que quienes están dispuestos a endeudarse esperen hasta que las tasas toquen un piso y luego sí soliciten financiación.

Sin embargo, esto no aplica para el común de los colombianos, que más que la tasa a la hora de endeudarse miran es su propia capacidad de pago o si el bien que van a comprar está en promoción.

Efecto de los subsidios

Aunque el Gobierno previó un efecto negativo sobre el crédito como consecuencia de la crisis y creó incentivos para préstamos de consumo, en particular para compra de carros y electrodomésticos, así como para adquirir vivienda, hasta ahora los resultados  de su política no han sido uniformes.

En el primer caso, la gente no se ha animado a endeudarse, según los expertos, por desconocimiento de la ayuda, porque los precios de carros y electrodomésticos no han disminuido o porque no ven la necesidad de comprar. En el segundo, los resultados ya se ven y son positivos.

Las tasas de vivienda entre mediados de diciembre y la primera semana de mayo bajaron en promedio casi un punto y eso ha servido para que los desembolsos aumenten.

Entre enero y marzo cada semana en promedio las entidades entregaron 46.201 millones de  pesos para compra de vivienda distinta a la de interés social. En abril, cuando entró en vigencia el subsidio a tasa de interés que da el Gobierno, subió a 52.960 millones semanales.

Es factible que los desembolsos crezcan más en mayo, pues a la ayuda estatal se suma una agresiva competencia de los bancos que también bajaron sus tasas para ganar mercado en este segmento.

El lunar del microcrédito

A diferencia de los demás tipos de crédito, que sí han reaccionado a las políticas del Banco de la República, los destinados a las micros y pequeñas empresas están pasando por un mal momento, pues entre mediados de diciembre y mayo sus tasas de interés subieron 4,3 puntos, al tiempo que los desembolsos están estancados, a pesar de que se amplió el rango de lo que se considera un microcrédito (va hasta 59 millones de pesos).

Esto podría hacer pensar que el cambio de rango, vigente desde el año pasado, simplemente sirvió para encarecer créditos que antes no se clasificaban como microcrédito, dado que el limite máximo que se puede cobrar a los microempresarios es el más alto del sistema financiero (33,93 por ciento, frente a 30,42 por ciento para el resto de préstamos).

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