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La batalla contra la miseria

Colombia tiene muchos problemas económicos, sociales y políticos. Pero ninguno es más importante y más urgente de resolver que la miseria en la que viven 6,5 millones de ciudadanos de nuestro país. Sin embargo, esa penosa situación se olvida con frecuencia o no se le da la prioridad que merece.

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mayo 05 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-05

Los gobiernos en mayor o menor grado tratan de remediar el grave asunto, pero la verdad es que a pesar de algunos avances todavía falta mucho por hacer. Y no se le puede pedir paciencia indefinida a la población agobiada por esta enfermedad. En esta época electoral es indispensable que los candidatos a la presidencia de la República concreten sus planes de acción para combatir la miseria. Dichos planes deberían encabezar su agenda. Con el ánimo de estimular este debate, nos permitimos plantear algunas de las ideas que se deben desarrollar en la búsqueda de respuestas efectivas para aliviar la terrible escasez de salud, educación, servicios públicos y vivienda de quienes cuentan para su diaria subsistencia con menos del equivalente a un dólar (ese es el nivel de ingresos que determina la miseria). * Penalizar la evasión tributaria. Los expertos calculan que una tercera parte del impuesto de renta y el IVA que se debería recaudar no ingresa a las arcas oficiales porque la gente y las empresas no cumplen con sus obligaciones impositivas. Por lo tanto, hay que establecer la dura sanción de cárcel para los evasores. Esto obviamente hay que hacerlo con sumo cuidado, pero ya es hora de que se haga algo drástico para combatir eficazmente este nocivo fenómeno que tanto perjudica a los más necesitados (porque esos recaudos servirían para pagar la enorme deuda social acumulada). * Eliminar las exenciones y las deducciones. Por esta vía las finanzas públicas dejan de recibir anualmente un monto cercano a los 2.000 millones de dólares. Si bien es cierto que algunas de estas gabelas tributarias tienen una sana intención -por ejemplo estimular la construcción mediante las cuentas AFC, o el desarrollo de ciertas industrias como la forestal y el turismo- en la práctica le quitan al Estado recursos cuantiosos con los que se podría y se debería hacer inversión social. * Focalizar los subsidios. Según estimativos del Departamento Nacional de Planeación, la mitad de los subsidios -que equivalen al 10 por ciento del PIB- no les llegan a los estratos más pobres de Colombia. Quitarles subsidios a las clases superiores es una tarea difícil -porque tienen poderosos padrinos políticos, pero es un imperativo moral y económico. * Generar empleo para la mano de obra no calificada. Las inversiones públicas son una fuente de trabajo para muchas personas de escasos recursos que no cuentan con una capacitación que les permita tener acceso a labores que demandan un mayor nivel de preparación. Además, el gran atraso en infraestructura -que es uno de los principales cuellos de botella de la competitividad nacional-obliga a acelerar e intensificar las obras públicas. Como el Estado no tiene plata suficiente para las gigantescas inversiones requeridas, un ambicioso programa de concesiones (capital privado) es un instrumento para matar estos dos pájaros (desempleo y carencia de infraestructura) de un solo tiro. Pero en la costosa guerra contra la miseria, las empresas y personas de mayores recursos tienen que ayudarle al sector oficial con algo más que el pago cumplido de sus impuestos. La responsabilidad social de las compañías y la filantropía de los poseedores de las grandes fortunas tienen que crecer. Es verdad que han venido aumentando, pero aún son gotas en el desierto en el que viven millones de compatriotas.

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