Beneficios cognitivos, sociales y afectivos se obtienen cuando padres dedican tiempo a jugar con sus hijos

Los especialistas son enfáticos en aclarar que jugar se trata más bien de una forma espontánea y permanente de aprendizaje, que de una simple actividad lúdica.

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julio 10 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-10

"El juego ayuda a desarrollar el área cognitiva, social y afectiva del niño", sostiene la sicóloga Luisa Fernanda Fonseca.

Independientemente del tipo de juego y de su complejidad, los pequeños deben tomar decisiones, solucionar problemas, comprender la mecánica del juego, sus objetivos y sus reglas. Todo esto estimula su intelecto y su cognición.

Por otra parte, el hecho de practicarlo en grupo hace que ellos aprendan a respetar a los demás participantes o concursantes, a esperar a que llegue su turno, a competir y a rivalizar por la victoria.

Además, les enseña a vincularse, a ver a los demás como pares e iguales y a formar equipos y estrategias de cooperación.
También tiene repercusiones favorables en el mundo de los afectos del niño, pues, por lo general, durante el desarrollo de algún juego hay interacción verbal y corporal, risas, complicidad, alegría y un estado de ánimo muy favorable para la creación de amistades.

En ese sentido, se destaca un factor que resulta determinante para el desarrollo de los niños, porque entienden que a veces se gana, pero también se pierde.

"El éxito y el fracaso hace parte del curso normal de la vida. Por eso, a nivel emotivo, conocer y experimentar el fracaso forja una personalidad sólida y hace que los niños aprendan que si a la primera oportunidad no ganaron, deben intentarlo otra vez", señala la especialista.

Vínculos familiares

Es fundamental que los padres dediquen un tiempo especial y se involucren en los juegos de los niños, pues, así no sólo se estrechan sus vínculos por la interacción directa que esto implica, sino que, además, los adultos, como formadores que son, pueden explicarles, por ejemplo, en un juego con plastilina, las diferentes formas, los colores y los tamaños y la mejor manera de moldear.

En un juego de mesa, pueden enseñarles a manejar estrategias y tiempos de espera y de acción.

Lo que marca la diferencia

Entretenimiento y juego no son lo mismo. La sicóloga Luisa Fernanda Fonseca explica que en el entretenimiento, no necesariamente se aprende algo.

Por ejemplo, un niño puede entretenerse por horas y horas frente al televisor, pero no aprender nada. En cambio, al jugar golosa, debe reflexionar y buscar la mejor manera de saltar. Así, sus destrezas mejoran.

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