Los beneficios de compartir el liderazgo

Los beneficios de compartir el liderazgo

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julio 10 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-10

Es común que para resolver un problema, las empresas armen un equipo de expertos para que busquen una solución. Sin embargo, estos equipos podrían ser mucho más efectivos si las compañías compartieran el liderazgo. La idea contradice el concepto tradicional de cómo debe operar una empresa, cuando una persona está a cargo y los demás la siguen. Nuestra investigación, sin embargo, reveló que los equipos con un pobre desempeño tienden a estar dominados por un líder, mientras que aquellos con buen rendimiento comparten el liderazgo.

Usualmente, la empresa en problemas elige a expertos de distintas áreas de su organización, asumiendo que con sus variados aportes harán el proceso más efectivo y producirán un mejor resultado. Pero las compañías suelen nombrar un solo líder, cuando nuestra investigación sugiere que éste podría no contar con la información necesaria para estar al mando de todo el proceso. Un ingeniero, por ejemplo, seguramente no será el líder ideal si el reto es armar una campaña publicitaria. Es mejor, que el experto en marketing se haga cargo.

Realizamos cuatro estudios de decenas de equipos en varias industrias, utilizando cuestionarios y análisis de estadísticas de las compañías. En todos los casos, hallamos que el liderazgo compartido rinde mejores resultados. Por ejemplo, hace poco realizamos un estudio de 66 compañías que no cotizan en bolsa de la lista de la revista Inc. 500 y hallamos que el liderazgo compartido era un indicador clave del crecimiento de las fi rmas. Si la gerencia de la empresa compartía el liderazgo, las probabilidades de que sus finanzas subieran eran excelentes.

En algunos casos, las compañías no sólo compartían el liderazgo en la alta gerencia, sino que otorgaban a los equipos poderes antes reservados para los jefes. Aun así, distribuir el liderazgo tiene sus límites. Para empezar, la estrategia rinde más cuando los líderes tienen una idea clara de lo que son capaces sus compañeros y de quién debería dirigir en cada momento. Pero usualmente no lo saben hasta que trabajan juntos por un buen tiempo.

La personalidad también puede ser un factor. En algunos casos, los miembros de un equipo pueden resistirse a compartir el poder por su ambición personal o se ven sumidos en rivalidades interdepartamentales. Y, por supuesto, el liderazgo no se puede compartir si los miembros del equipo no tienen la capacidad gerencial necesaria para liderar de modo efectivo.

El potencial para compartir liderazgo también varía por país, tal y como aprendimos analizando actitudes y valores hacia el trabajo en 53 países. Los hallazgos son generalizados y no representan a todas las personas de cada país. Según nuestra investigación, algunas sociedades aceptan una distribución de poder desigual en las instituciones. Entre ellas: Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, México, Panamá, Perú, El Salvador y Venezuela, entre otras. Otros países prefi eren las decisiones descentralizadas, como Argentina y Estados Unidos.

Obviamente, es más difícil compartir el liderazgo en sociedades donde la distribución de poder es desigual. También examinamos en qué medida estos países son agresivos o nutren a sus ciudadanos. Las sociedades agresivas generan personas competitivas, materialistas y fi rmes. Se orientan a alcanzar metas a costa de otros. Entre esos países encontramos a varios de América Latina, como Colombia, Ecuador, México y Venezuela.

Las sociedades que nutren, en cambio, tienden a desarrollar el potencial de todos en vez de fomentar la competitividad. Entra ellas están Argentina, Brasil, Chile, Panamá, Perú, El Salvador y Uruguay. La gente en sociedades autoritarias suele buscar el control y cuando lo alcanza se le hace difícil dejarlo. Para hacer que compartan el poder, la clave podría estar en que esta gente canalice su agresividad natural hacia un objetivo externo, como por ejemplo superar a la competencia.

Finalmente, estudiamos si las sociedades eran individualistas o colectivistas. En las primeras, las personas valoran la independencia  y los logros. Allí están potencias como Alemania y EE.UU., pero también Argentina. Las personas con una orientación colectivista tienden a gravitar hacia los grupos ¿ya sea la familia o una institución¿ y a esperar que cuiden de ellos a cambio de lealtad. Entre los países de esta categoría están Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, México, Panamá, Perú, El Salvador, Uruguay y Venezuela.

El colectivismo puede facilitar la aceptación del liderazgo compartido, mientras que las sociedades  individualistas no están predispuestas a trabajar en equipo. En estas últimas, tal vez la clave sea compartir el liderazgo sólo cuando haya motivos claros. Compartir las responsabilidades juiciosamente puede generar benefi cios tremendos a las empresas.

¿Pearce es profesor de gestión en la Escuela de Administración Peter F. Drucker & Masatoshi Ito y socio de la consultora CLP Associates LLC.

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