Billetes al viento

Uno de los personajes que más ha dado de qué hablar recientemente en los Estados Unidos es el multimillonario Thomas Boone Pickens. Este inversionista petrolero de 70 años de edad, y que cuenta con una fortuna que supera los tres mil millones de dólares, le ha propuesto al pueblo norteamericano un plan para eliminar la dependencia en el petróleo y obtener la seguridad energética.

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septiembre 04 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-04

Lo curioso es que contrario a lo que Pickens ha hecho toda la vida, su plan se concentra en fuentes renovables de energía, principalmente la energía eólica. Los fundamentos de su estrategia se basan en que hoy en día E.U. importa cerca del 70 por ciento del petróleo que consume, creando una peligrosa dependencia en el medio oriente y una amenaza a la seguridad nacional. Ante esa realidad y basado en investigaciones gubernamentales, cerca del 20 por ciento de la electricidad que utilizan los norteamericanos podría provenir del viento. Según Pickens, una turbina eólica de tres megavatios puede producir al año la misma energía que doce mil barriles de petróleo. Actualmente representando cerca del 1 por ciento de la demanda energética nacional en los E.U., la capacidad instalada de energía eólica abastece a un poco más de cuatro millones de viviendas. Conforme a los cálculos del Departamento de Energía norteamericano, lograr que el viento abastezca el 20 por ciento de la demanda nacional costaría cerca de 1 trillón de dólares. Aunque se trata de una cifra exorbitante, no pareciera tan grave frente a los 700 billones de dólares que anualmente se gastan importando petróleo. Lo llamativo de la propuesta es que se basa en la experiencia internacional. Aunque la energía eólica genere el 1 por ciento de la electricidad mundial, en países como Dinamarca genera el 20 por ciento del consumo eléctrico. En cuanto a capacidad instalada Alemania, España, Italia, Francia, el Reino Unido y Dinamarca representan un poco más de la mitad disponible de esta fuente de energía. Fuera de estos países como China e India han aumentado sus inversiones alcanzando a tener en operación cerca del 15 por ciento de la capacidad instalada mundial. América Latina por su parte no llega al 1 por ciento de la capacidad instalada en el planeta. Según la Asociación Latinoamericana de Energía Eólica el potencial regional es de 200 mil megavatios frente a quinientos cincuenta megavatios instalados. Dicho todo lo anterior, nadie duda de la importancia de la energía eólica. Pero hay que ver todas sus caras. Dinamizar esta fuente de energía ha requerido de muchos subsidios e incentivos tributarios para compensar los elevados costos de instalación y en muchos casos de transmisión. Adicionalmente, requieren grandes extensiones de tierra, y el cumplimiento de estrictas regulaciones ambientales dependiendo de las zonas de instalación, especialmente cuando se trata de áreas forestales. En el caso de América Latina la energía eólica debe ser aprovechada y permitir que el sector privado la desarrolle sin generar distorsiones frente a otras fuentes con mayor potencial, mediante el uso de incentivos fiscales y subsidios. Optar por este tipo de fuentes no debe responder a una moda, y requieren mucho estudio. No hay que olvidar que España y Alemania tuvieron que eliminar o recortar subsidios por el costo que representaban frente a los beneficios. Promover fuentes eólicas puede hacer mucho sentido por razones de seguridad energética. Pero no puede caber duda que aunque de su bolsillo T. Boone Pickens esté construyendo el parque eólico más grande del mundo, sin subsidios será muy difícil que sea autosostenible. Lo que cabe preguntarse es si ese lujo se lo pueden dar países en vía de desarrollo. ivanduquemarquez@gmail.com '' Cerca del 20 por ciento de la electricidad que utilizan los norteameri- canos podría provenir del viento.WILABR

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