Biodiversidad es lo que somos

Proclamado por la ONU, 2010 es el Año Internacional de la Biodiversidad, una oportunidad única de apreciar nuestra riqueza natural, social y cultural. Pero el solo nombre de biodiversidad podría asustar a muchos ciudadanos. Hoy la palabra ‘biodiversidad’ es un poco más conocida que hace dos décadas cuando era un trabalenguas para la mayoría de los mortales.

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enero 06 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-06

Sin embargo, en nuestra vida cotidiana, los colombianos no siempre nos damos cuenta de la biodiversidad que nos rodea, porque nacimos, crecimos y vivimos en medio de ella. Como sucede en otros campos, sólo somos conscientes de nuestra biodiversidad cuando nos hace falta. A veces porque viajamos a países de latitudes templadas en donde encontramos bellos paisajes, pero de una uniformidad y de una formalidad que nos sorprenden: grandes extensiones cubiertas de bosques formados por dos o tres especies de árboles, cuando no de una sola. Nosotros somos todo lo contrario: paisajes ariscos, vegetación aparentemente desordenada (que se rige por el orden propio de la naturaleza, no por el orden humano), texturas que reflejan y muchas veces marcan nuestra manera de ser. La caprichosa topografía nos permite pasar en corto tiempo de un ecosistema de alta montaña (como un bosque de niebla, un páramo y a veces un paisaje nevado) a un ecosistema de valle de clima caliente, con todo lo que implica en términos de temperatura, de humedad, de gente, de fauna y de vegetación. Incluso nuestras zonas urbanas están rodeadas de biodiversidad. En los Cerros Orientales que le sirven de cabecera a Bogotá comienza el páramo más grande del mundo: el de Sumapaz. En medio de la ciudad existen algunos cientos de hectáreas de humedales que lograron escapar del buldócer de la urbanización. Y a pocos minutos de los límites de la ciudad, paisajes diferentes, otras temperaturas, nuevos olores, sensaciones y colores. La ciudad de Armenia está cruzada por cañadas de exuberante vegetación. El Jardín Botánico de Pereira es una selva de guadua y otras especies. Manizales crece en territorio que todavía conserva parte de sus bosques de niebla y toda la dinámica de la ‘lluvia horizontal’. Cali no se concibe sin los Farallones, ni Bucaramanga sin el cañón del Chicamocha, ni Medellín ni los paisas sin sus cerros tutelares. Esto para poner solamente algunos ejemplos de ciudades andinas. Porque en las ciudades del Caribe, o de la Orinoquia y la Amazonia, el mar y los ríos y la selva forman parte integral de las zonas urbanas de la respectiva región. Ni qué decir de las ciudades y pueblos de la Costa del Pacífico, donde a pesar de tantas décadas de deterioro ambiental, siguen mandando la parada los ríos y los aguaceros y la selva, cuando no los temblores y el mar. Y uno ahí: alimentándose de lo que produce su región. Porque la biodiversidad también se come. La gastronomía también es expresión de la biodiversidad. Y en las zonas de Colombia en donde se materializa la razón por la cual la Constitución dice que somos una nación pluriétnica y multicultural. El Año Internacional de la Biodiversidad concurre con el Bicentenario de la Independencia. Feliz coincidencia que me da la oportunidad de proponer que más bien hagamos de este año una permanente celebración de nuestra interdependencia con la biodiversidad. '' Proclamado por la ONU, 2010 es el Año Internacional de la Biodiversidad, una oportunidad única de apreciar nuestra riqueza natural.’’WILABR

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