'Biopirata' de fríjol americano que patentó la semilla ya ha apelado dos veces sentencia en su contra

Uno de los casos de robo de patrimonio genético más sonados del mundo se resiste a darse por terminado, ante la insistencia del supuesto 'inventor'.

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julio 24 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-24

Cuando todo parecía haber concluido en el sonado caso de biopiratería de una especie de fríjol, al serle revocada una patente que obtuvo un estadounidense que alegó haberlo 'inventado', se supo que se apeló tal decisión, pero de nuevo fue negada por la justicia.

El pasado 10 de julio, la Corte de Apelaciones del Circuito Federal de Estados Unidos ratificó la decisión de la Oficina de Marcas y Patentes de Estados Unidos (Uspto) y falló de nuevo a favor de los campesinos mexicanos -los verdaderos dueños del fríjol- representados por el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT).

Este nuevo fallo confirma, por quinta vez, lo que el Ciat ha demostrado desde que se concedió la controvertida patente en 1999, que el fríjol en disputa, conocido por los mexicanos como azufrado o Moyocoba, por su color amarillo es un legado ancestral originario del Perú.

El CIAT es una organización sin ánimo de lucro con sede en Palmira (Colombia) y que cuida la mayor reserva de frijoles en el mundo, con 35.000 variedades, y que están disponibles para la humanidad.

La historia comenzó en 1994 cuando Larry Proctor compró un paquete de fríjoles amarillos en México y los sembró en una propiedad suya en Montrose (Colorado).

Dos años después presentó una solicitud de patente para su uso exclusivo en su país. En abril de 1999 la obtuvo, que le dio derecho a utilizar el fríjol de manera exclusiva por 20 años, obligando a los exportadores latinoamericanos a pagarle regalías.

Enseguida, el Ciat formuló una solicitud de revisión de la patente.
"Desde un comienzo tuvimos dudas sobre de dicha patente: nunca hubo innovación en el producto ni tampoco sobre el proceso de mejoramiento", dijo Daniel Debouck, especialista en recursos genéticos del Ciat.

Con pruebas científicas, los argumentos expuestos por Larry Proctor fueron refutados por el Ciat y calificó el acto de robo, biopiratería y violación del Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas.

www.ciat.cgiar.org 

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