Bogotá, sin lugar para los conciertos

Los problemas y quejas presentados la semana anterior por los asistentes al concierto de Alejandro Fernández, organizado en el autódromo de Tocancipá, nuevamente sacaron a flote el vacío que tiene Bogotá en cuanto a la ausencia de escenarios públicos ideales para la realización de eventos grandes, diferentes al fútbol.

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mayo 12 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-12

Al interior del Concejo de la capital existe una polémica en cuanto a la conveniencia de utilizar el estadio El Campín solo para el fútbol, o si abrirlo para conciertos y espectáculos de alto nivel. Después de recordarle al alcade Samuel Moreno que, incluso en el 2006, el Concejo se ha opuesto en varias ocasiones al préstamo del estadio para conciertos, varios concejales le pidieron –en comunicación escrita– escenarios culturales para este tipo de actividades en la capital. “Ratificamos que Bogotá requiere generar y especializar sus dotaciones culturales, para lo cual la administración debe comprometerse en la construcción o adecuación de nuevos escenarios, con la visión que hizo del estadio un hito de fortalecimiento urbano, abierto al deporte desde el 10 de agosto de 1938”, manifestó el concejal Carlos Baena. “El debate sobre el uso para la realización de conciertos fue planteado por el Cabildo Distrital en varias ocasiones. Como resultado, la administración de entonces decidió no admitir la celebración de nuevos espectáculos no deportivos en ese escenario. De allí que la discusión sobre esta materia haya sido superada por la ciudad, cuya memoria y coherencia pública debe prevalecer”, agregó Baena. Precisamente, según la corporación, la Contraloría dijo que al usar el estadio para actividades no deportivas se han utilizado unos 1.000 millones de pesos en reparaciones en los últimos cinco años. Así, el detrimento patrimonial de la ciudad se da, porque se afectan negativamente los bienes del Distrito pues, luego de los eventos, hay que hacer reparaciones, mantenimientos, nivelaciones y drenajes como consecuencia de usar el estadio para fines ajenos a su naturaleza. “Esto sin considerar daños estructurales y otros desgastes asociados a la tergiversación de su destino”, aclaró Baena. En una respuesta de la Contraloría de Bogotá, el contratista responsable de obras civiles del estadio indicó “que las áreas deterioradas son aquellas en las cuales se localiza la mayor concentración de personas durante el desarrollo de un espectáculo público, como consecuencia de la presión que ejercen incluso 16.000 personas. Ellas ingresan a la grama lo que ha generado un proceso de compactación profunda del suelo de la cancha, disminuyendo en tal sentido la capacidad de filtración y la permeabilidad del terreno”, señaló. Por su parte, el concejal Humberto Quijano explica que “esto evidencia un daño derivado del uso permanente del estadio para conciertos, que de ningún modo podría evitarse constituyendo pólizas para amparar siniestros derivados de un solo evento. En otros términos, ni el daño físico ni el patrimonial podrían detenerse con los seguros, pues su carácter temporal los hace inadecuados para evitar un continuo debilitamiento”. Sobre la disminución de la capacidad de filtración y la permeabilidad del terreno, el órgano de control citó a un interventor de obras de entonces, quien identificó entre otros factores generadores del deterioro “las altas concentraciones de personas sobre la gramilla, saltando y bailando; además ocasionando una deformación en la topografía de la cancha de fútbol, así como la compactación de la capa fértil existente”. Para los dos concejales la logística de las empresas promotoras de los eventos no es suficiente y se limita a la protección de la cancha con estibas. El montaje de las estructuras sobre zonas de la grama las dejan colapsadas, sin contar con el tránsito de más de 200 personas durante el proceso de montaje y desmonte de los escenarios. Ninguna de las dos causas podrá evitarse con los espectáculos que la Alcaldía proyecta reanudar, ya que por definición implican la presencia masiva de personas en permanente actividad y la preparación de escenarios y plateas que menoscabarán lo que Bogotá ha recuperado en el último año”, coincidieron Baena y Quijano. La corporación también insiste en que los daños no fueron generados por conciertos gratuitos, sino en especial por aquellos particulares y comerciales. “De modo que la propuesta divulgada no implicaría condiciones novedosas, sino que conllevaría un retroceso que la ciudad, sus deportistas y, en especial, sus habitantes, no merecen”. La polémica está abierta. Será la Administración Distrital la que defina si existen los recursos para construir un nuevo escenario, o si abre las puertas de El Campín a la música.WILABR

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