Bombillo de Edison se prepara para el adiós

Tras casi 129 años desde que Thomas Alva Edison presentara el invento en sociedad -el relojero alemán Heinrich Göbel parece que ensayó con un componente similar hacia mediados del siglo XIX-, la lámpara incandescente de filamento vive su última etapa.

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julio 05 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-05

Numerosos gobiernos han decidido que este componente eléctrico, tan accesible y omnipresente en la vida cotidiana, ha quedado decididamente obsoleto y superado por lámparas que necesitan de mucha menos energía y duran más tiempo, aunque resulten más costosas. En Estados Unidos son ya varios los estados - entre ellos California, Connecticut, Carolina del Norte, Rhode Island Arkansas, Hawai, Illinois, Nueva Jersey, Nuevo México, Carolina del Sur y Texas- que articulan legislaciones para prohibir su uso y su sustitución por bombillas de bajo consumo en un período no superior a ocho o diez años. Así mismo, el Gobierno de Nueva Zelanda acaba de anunciar un plan para prohibir el empleo de la bombilla incandescente a partir de octubre del 2009 mientras que el país vecino, Australia, tiene previsto aplicar las mismas medidas en fechas similares. El ministro de Energía neozelandés, David Parker, que calificó la bombilla tradicional de “tecnología muy vieja y muy ineficaz”, argumenta que con esta estrategia el país reducirá el consumo energético en un 20 por ciento antes del 2015, y se ahorrará unos 380 millones de dólares a partir del 2020. Cuba ha asegurado de su lado que un grupo de 800 trabajadores sociales cambió más de siete millones de bombillas ineficientes en países de América Latina y el Caribe entre el 2006 y el 2008. El Gobierno de La Habana comenzó hace tres años un programa denominado “revolución energética” para aumentar la capacidad de generación, renovar las redes de distribución y fomentar el ahorro eléctrico, que incluyó el cambio de millones de bombillas por otras de bajo consumo de energía en el país. La experiencia comenzó a aplicarse al año siguiente en las naciones miembros de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), que además de Cuba integran Venezuela, Bolivia y Nicaragua, y luego se extendió por otros países del Caribe, como Antigua y Barbuda, Belice, R. Dominicana, Granada, Haití, Jamaica, Nicaragua, San Cristóbal y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía y Surinam. En Argentina también se implementó la medida, buscando y un mayor ahorro ante un verano tan fuerte, que mermó la capacidad de producción de las hidroeléctricas y por los problemas con el abastecimiento de gas, proveniente de Bolivia. SE IMPONEN Mientras tanto, los especialistas en cada país tratan de convencer a la opinión pública de que la inversión en las nuevas bombillas queda amortizada en alrededor de un año con la factura de la luz. A pesar de todo, son más los empresarios, técnicos y políticos los convencidos de estas ventajas que la ciudadanía en general. Lámparas fluorescentes CFL, lámparas halógenas, lámparas LED y otras similares de bajo consumo se ofrecen ya en supermercados, tiendas y ferreterías como alternativa a las bombillas de filamento. Los partidarios de los nuevos sistemas domésticos de iluminación aseguran que las ventajas de los nuevos componentes son abismales. Solamente el 10 por ciento de la electricidad que utilizan las bombillas tradicionales sirve para dar luz; el 90 por ciento restante genera calor. Las lámparas de nuestros padres y abuelos de 60 vatios duran entre 750 y 1.000 horas, mientras que la mayoría de las fluorescentes tardan en fundirse entre 8 y 10 veces más de tiempo y son hasta el triple de eficientes. Las propuestas del cambio de bombillas, licitadas por los mismos gobiernos nacionales o locales (alcaldes, gobernadores, provinciales La propuesta está suscitando polémica no obstante en el ámbito de la industria. Philips, el mayor fabricante mundial de bombillas de filamento, ha apostado ya por su eliminación total en el 2016. Por su parte, General Electric, el mayor fabricante estadounidense, ha emprendido una campaña en contra, y sus directivos consideran esta sustitución por las nuevas lámparas de “absolutamente innecesaria”, mientras apoyan una política nacional que “empuje estándares mejores en todos los productos de iluminación”. Se calcula que la sustitución de los 4.000 millones de casquillos tradicionales existentes en Estados Unidos por los nuevos ahorraría unos 18.000 millones de dólares al año, pero antes hay que convencer a los usuarios de que hagan el desembolso correspondiente para adaptarse a la nueva normativa de iluminación, lo cual no es tarea fácil. En un plano meramente ecológico, los detractores de esta medida sostienen que los nuevos fluorescentes contienen mercurio, un contaminante muy nocivo para la salud, y no hay programas para su reciclado. También recuerdan la paradoja que supone echar a la basura elementos teóricamente pensados para mantener el equilibrio medioambiental. EN EUROPA DUDAS. Las asociaciones europeas que agrupan a las compañías eléctricas (Eurelectric), al comercio minorista (EuroCommerce) y a los fabricantes de bombillas (Elcf) firmaron el pasado enero un acuerdo para promover el uso de lámparas eficientes en la Unión Europea. Las asociaciones se comprometieron a fomentar la distribución y la venta de bombillas de bajo consumo en sustitución de las tradicionales incandescentes. Las tres federaciones pretenden que los consumidores tengan más información y más facilidades para adquirir bombillas eficientes, cuya penetración en el mercado europeo es “relativamente baja”. Esa propuesta “no es realista y crearía confusión en el consumidor final y en el mercado en general, poco habituado todavía a este tipo de lámparas”, según ha advertido en un comunicado la Asociación Española de Fabricantes de Iluminación (Anfalum). En sintonía con la normativa europea, Anfalum se plantea “un escenario de cambio en cinco etapas, a lo largo de nueve años”. EN COLOMBIA CAMBIO. El país también ha entrado en la onda de la sustitución de bombillos. Este mes debe terminar el cambio por las ahorradoras de energía en los semáforos de Bogotá, y por decreto, el año pasado las empresas del sector oficial debieron hacerlo. Según cálculos de la Unidad de Planeación Minero Energética, si en una casa se reemplazan cuatro bombillas incandescentes, cuyo uso es de cinco horas diarias, por ahorradoras, con las mismas condiciones de iluminación, se podría obtener un ahorro cercano a los 10.000 pesos mensuales en la factura de la electricidad, o sea, 120.000 pesos anuales. WILABR

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