Brigitte Reimann, una comunista sincera

Salvo por guerra y nazismo, su vida entera se circunscribe a la antigua Alemania Oriental. Excepto Berlín Occidental, nunca ha viajado al oeste. Sólo conoce a Rusia y Polonia.

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julio 29 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-29

Imagine que usted fuera una comunista sincera, nacida al este, y alcanzara la adolescencia tras la Segunda Guerra Mundial.
Muere a los 40 años, más de un cuarto de siglo antes de caer el Muro de Berlín, convencida de que el comunismo triunfará.
Salvo por guerra y nazismo, su vida entera se circunscribe a la antigua Alemania Oriental. Excepto Berlín Occidental, nunca ha viajado al oeste. Sólo conoce a Rusia y Polonia.

Es mujer libre, novelista de talento e intolerante de la mediocridad, la incompetencia y los abusos del poder en un régimen en donde una y otros abundan, y la promiscuidad sexual es prerrogativa masculina en los círculos del poder. Usted desmitifica el dogma y la mentira donde los encuentra, incluida la dirigencia del partido, sin dejar nunca de creer en la misión del mismo y en la 'superioridad moral' del comunismo.

Tiene problemas con el Ministerio de la Seguridad y su policía secreta, la temible Stasi, pero logra capotearlos allí donde otros intelectuales, incluida su amiga la novelista Cristina Wolf, son discriminados, perseguidos, marginalizados.

Enfrenta machismo, calumnias y censura por la franqueza de sus libros y los escándalos de su vida personal: cuatro maridos y un 'montón de hombres' (carta de la novelista, 1973).

Nunca se deja amedrentar. Sus novelas tratan temas candentes: división de muchas familias alemanas entre este y oeste -que ella vive en carne propia, tras la partida de su amado hermano Lutz a Alemania Occidental-, rechazo de hijos a padres, juzgados 'tibios' con el nazismo, colectivismo, aislamiento social, difamación y conflicto generacional entre comunistas 'viejos', aferrados a sus prebendas, y jóvenes que comparten el ideario comunista sin pertenecer al partido.

Brigitte Reimann sobrevive profesional, política y moralmente. Mantiene su fe en el sistema y ello la salva. En Los hermanos/Die Geschwinster, la joven pintora Elizabeth labora en un complejo industrial conforme a la directriz del partido de borrar la división entre trabajador y artista.

El viejo comunista y mediocre pintor Ohm Heiners la calumnia y busca descalificarla entre la dirigencia fabril del partido por criticar su obra. Elizabeth convence de su inocencia al dirigente más importante, el brigadier Bergeman, y Heiners cae en desgracia.
Así le ocurre en la vida real a Heinrich Siegrist, novelista sin talento del complejo Schwarze-Pumpe enfrentado por razones análogas con Brigitte Reimann y su segundo esposo.

En este caso, no interviene el partido, sino otros intelectuales. En la novela, el partido inclina la balanza hacia la verdad. ¿Precaución política hábil? No permiten pensarlo las cartas de la autora, con su defensa apasionada del régimen, a varios contradictores.

Para ella, partido y régimen son perfectibles y, sus problemas, solubles. Sólo es irremediable renunciar al socialismo.

Cuando su hermano Uli le anuncia que partirá al oeste, Elizabeth llama a su novio Joachim, miembro modelo del partido, para que lo disuada.

Uli desiste (si persistiera, sería deber de Joachim impedírselo), pero quedará 'marcado' para siempre en su país. En aras del ideal comunista, Brigitte Reimann justifica la delación, salva su libro de la censura y ejemplifica la doble moral socialista. 

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