La brújula del mercado bursátil, aunque ineficiente, es difícil de superar

La brújula del mercado bursátil, aunque ineficiente, es difícil de superar

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enero 14 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-14

Ante el modo errático en que el mercado define los precios de las acciones, resulta tentador pensar que uno puede hacerlo mejor.

Entre el récord del Promedio Industrial Dow Jones en octubre de 2007 y el punto de declive más profundo del mercado bajista en marzo de 2009, la acción de Bank of America cayó 94%. Para fines de 2009, había aumentado 389%. No eran sólo las acciones financieras que actuaban como yoyos: En el mismo período, la acción de Alcoa perdió 87% de su valor antes de triplicarlo.

¿Cómo puede ser "eficiente" este tipo de vaivén tan alocado? A medida que millones de compradores y vendedores inteligentes compiten para maximizar su riqueza, actualizan los precios de las acciones con toda la información relevante que está disponible.

Eso es lo que significa un "mercado eficiente". Presume que el precio del mercado es la mejor estimación del valor intrínseco de una acción, o de lo que vale todo el flujo de caja actual y futuro de la empresa. Pero el hecho de que el mercado ofrece la mejor estimación disponible no significa que el precio de mercado sea el correcto.

En 1974, el gran analista financiero Benjamin Graham describió irónicamente la hipótesis de la eficiencia de los mercados como una teoría que "podría haber tenido mucha importancia práctica si hubiera coincidido con la realidad". Graham se maravillaba del hecho que Avon Products, cuya acción se negociaba en US$140 en 1973, hubiera caído por debajo de US$20 en 1974.

"Niego de modo enfático que sea porque el mercado tiene toda la información que necesita para establecer el precio correcto o que los precios que registre en la práctica sean los correctos".

Graham propuso que el precio de cada acción consiste de dos elementos. Uno, "el valor de inversión", mide el valor de todo el efectivo que una compañía generará ahora y en el futuro. El otro, el "elemento especulativo", responde al sentimiento y la emoción: la esperanza y la avaricia en los mercados alcistas y el temor, el rechazo y el arrepentimiento en los mercados bajistas.

El mercado es bastante eficiente a la hora de procesar la información que determina el valor de la inversión. Pero predecir los cambios en las emociones de decenas de millones de personas no es tarea fácil. Así que el elemento especulativo en la definición de precios tiende a experimentar vaivenes rápidos y enormes que pueden hundir el valor de la inversión.

Por ende, es importante no extraer conclusiones erróneas a partir
de la ineficiencia del mercado. "La evidencia sugiere que el mercado no es racional", dice Meir Statman, un profesor de finanzas en la Universidad de Santa Clara en California. "Pero hay que mantener a raya la voz interior que dice que debe ser fácil superar al mercado".

Para empezar, mirar las cosas en retrospectiva nos impide ver la verdad. El pasado marzo, en medio del pánico financiero, era imposible predecir que Bank of America sobreviviría y que su acción estaba a precio de saldo.

El mercado había asignado precio a las compañías financieras como si pudieran quebrar porque había mucha información que sugería que esa era una posibilidad, y porque el temor estaba tan extendido que el optimismo prácticamente parecía irracional.

Así que, aunque parezca evidente hoy en día que Bank of America es un superviviente, la mayoría de inversionistas no creía que el precio que asignó el mercado a la acción era demasiado barato el pasado marzo.

A corto plazo, la mentalidad de comportamiento colectivo que tienen los profesionales del mercado dificulta aún más apostar contra el "elemento especulativo" del precio de una acción.

Comprar en medio de un huracán de ventas requiere valentía sobrehumana.

Finalmente, incluso los gestores de fondos que superan al mercado frecuentemente llevan a sus clientes a perder en comparación con el mercado, una vez cobradas sus tarifas y costos de negociación.

Por eso, incluso después de los alocados vaivenes de la última década, los fondos indexados siguen siendo los más recomendables para la mayoría de inversionistas. Puede que el mercado sea ineficiente, pero sigue siendo prácticamente invencible.

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