Brújula / Regreso a la libertad

Brújula / Regreso a la libertad

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marzo 30 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-30

Los aplausos que se escucharon en múltiples lugares de Colombia, cuando el sargento Pablo Emilio Moncayo descendió del helicóptero que lo llevó a la libertad, constituyen una demostración más de que la suerte de los secuestrados en poder de las Farc es del pleno interés de la ciudadanía.

Por tal motivo, las palabras del militar cuando se refirió a sus compañeros en cautiverio, no deberían ser echadas en saco roto. Una vez más, es necesario recordar que las heridas causadas por la despiadada crueldad de la guerrilla no se cerrarán hasta tanto todos y cada una de las personas retenidas en contra de su voluntad, puedan estar de regreso a su hogar, junto con sus seres queridos.

En tal sentido, se impone de nuevo el estudio de fórmulas tendientes a un esquema que funcione. Es conocido que el Gobierno de Álvaro Uribe se opuso durante años a un eventual acuerdo humanitario, con el argumento de que este no podía incluir el despeje del territorio y que era necesario asegurar que los integrantes de las Farc que salieran de la cárcel no volvieran a delinquir.

Tales planteamientos parecerían contar con el apoyo de la mayoría de los colombianos, pero el reto es diseñar un esquema que respete ciertos principios básicos y que al mismo tiempo permita una solución exitosa. El motivo claro es que condenar a los secuestrados que siguen en lo profundo de la selva a ver prolongado su cautiverio no es una opción válida, como tampoco abrir el espacio para que la lucha de las autoridades dé marcha atrás.

Eso lleva al uso de más mecanismos de mediación y a concesiones razonables, que estarán a cargo del próximo Gobierno.

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