Brújula/La voz de los gremios

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mayo 11 de 2014 - 07:39 p.m.
2014-05-11

Aquel refrán que dice que ‘no hay peor sordo que el que no quiere oír’, bien podría aplicárseles a las campañas presidenciales que siguen empeñadas en bajarle el nivel al debate político, a pesar de los llamados a la sensatez. Y es que, en lugar de ser llevada con altura, la contienda se parece cada vez más a una pelea callejera en la que todo vale.

Esa es la conclusión que surge tras lo sucedido la semana pasada en la que los dos candidatos que lideran las encuestas intercambiaron dardos que tienen atónita a la ciudadanía. Tal como sostiene, en la presente edición de Portafolio, el presidente del Consejo Gremial y cabeza de la Sociedad de Agricultores de Colombia, Rafael Mejía, “no recuerdo haber visto algo así, con insultos desmedidos y acusaciones graves”.

Más allá de entrar a valorar lo que dicen unos y otros, el tema de fondo es que una pugnacidad como la vista puede conducir a daños irreparables. Si en algo se basó la recuperación que la economía colombiana tuvo después de la recesión de 1999 y el posterior crecimiento observado, fue en la certeza de que –con todo y sus defectos– hay un marco institucional que opera, gracias a cierta estabilidad política.

Dicha afirmación no nace de una medición científica, sino de las percepciones de los inversionistas. Son estos quienes arriesgan su dinero, ya sea para proyectos productivos o para comprar títulos de deuda pública, bajo la creencia de que no habrá bandazos fuertes en el modelo de desarrollo o el riesgo de una mayor violencia.

No obstante, si la legitimidad de la democracia colombiana empieza a ser cuestionada o si la polarización llega a extremos tales que hagan mucho más compleja la labor de gobernar el país, se corre el riesgo de que la confianza que tanto trabajo costó construir en los años pasados se pierda. En ese caso, fenómenos como la fuga de capitales o el aumento en el costo del endeudamiento pueden volver a ser realidad.

Por ahora –es bueno insistir–, todo indica que los choques vistos en el transcurso de la campaña no han ocasionado mayor nerviosismo, tal como lo demuestra el comportamiento de la bolsa y la tasa de cambio. Pero el peligro de que el péndulo cambie de dirección sigue ahí, si algunos candidatos juegan con fuego y en su afán por conquistar el poder amenazan con quebrar en mil pedazos la impresión favorable que a Colombia le costó tanto trabajo reconstruir.

 

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

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