¿Qué es ser un buen empresario?

Ronda, desde hace muchos años, un conocido cuento colombiano. El padre le dice al hijo: “Hijo mío, haz plata honradamente. Si no puedes, haz plata”.

POR:
mayo 29 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-29

Hay muchos orgullos en la historia empresarial colombiana, asociados a la primera frase del cuento citado. Emprendedores de todas las regiones y de fuera de Colombia, que han construido país, generado empleo, innovado y exportado en forma honrada. Lamentablemente, el comportamiento empresarial en el mundo y en Colombia no siempre se ha caracterizado por altos estándares éticos. Son de sobra conocidos los casos de conductas empresariales indelicadas, como aquellos que condujeron a la explosión de la llamada burbuja de las telecomunicaciones en el amanecer del siglo actual en Estados Unidos. Alteración de estados financieros por la vía de la activación de gastos que debían cargarse a los estados de pérdidas y ganancias, ocultamiento de información relevante a los accionistas, ausencia de análisis mínimos de riesgos, endeudamiento a partir de información falsa, fueron algunas de las actividades delictivas que los llamados ‘broadbandits’* emprendieron durante los tiempos de la burbuja. Global Crossing, WorldCom, Qwest son algunas de las empresas que perdieron su valor en virtud de los procedimientos de sus dirigentes empresariales. Está en el recuerdo el regreso en 2004, esposado, a San José de Costa Rica, del ex presidente Rodríguez, que había sido nombrado Secretario General de la OEA en reemplazo de César Gaviria. Había recibido una ‘bonificación’ de US $ 2,4 millones de parte de una conocida multinacional europea que obtuvo un un jugoso contrato público. LA TAJADA Y OTROS VICIOS En países como Colombia las compras que el Estado realiza son de gran peso. Trátese de cualquiera de los niveles territoriales (nación, distritos, municipios, departamentos), las adquisiciones públicas representan un mercado importante para numerosas empresas, nacionales y extranjeras, en los más diversos sectores de bienes y servicios. Sean las adquisiciones de equipo militar (desde botas y confecciones hasta equipo bélico y de telecomunicaciones, obras públicas, libros y material escolar, equipos de oficina, alimentos, seguros, vehículos, entre muchos ítems), el espectro es muy amplio. Según DNP, las compras públicas del orden nacional, en promedio representan 2,7 por ciento del PIB. En dólares de hoy, estamos hablando de una cifra que oscila entre 5 y 6 mil millones, según la tasa de cambio que se utilice. Son frecuentes las alusiones a especiales comportamientos de funcionarios que, supuestamente reclaman el 10 por ciento o el 15 por ciento de tajada en la contratación pública. También son conocidas las referencias al entramado entre ciertos políticos, el control sobre entidades públicas regionales y las compras públicas. Las matemáticas aún no explican cómo algunas de las campañas políticas al Congreso cuestan mucho más que los ingresos brutos durante todo el periodo congresional. Pero, ojo, los empresarios juegan un papel de primer orden, para bien o para mal. En síntesis: no existe la voz ‘sobornado’ (o ‘sobornable’) sin su contraparte, la del ‘sobornador’. La idea central aquí es que los buenos empresarios deben aplicar un comportamiento de absoluta transparencia en la participación en licitaciones e invitaciones públicas. No basta el mandato de la ley. Se trata de un proceder empresarial que concilia las dimensiones de ley, moral y cultura. Ello significa, a grande rasgos, que debe haber coincidencia entre el mandato de la ley, la ética empresarial y los procederes colectivos (en este caso, en el mercado de las compras públicas). Se trata de un sistema en el que interviene el individuo empresario y en el que la comunicad empresarial, en conjunto, juega un papel clave. PARA JUGAR LIMPIO Cuatro de las siguientes cinco ideas se derivan de la primera): 1. Aceptar la máxima: “Reglas de juego ciertas, resultados inciertos”. Si el empresario decide participar en un proceso licitatorio debe aceptar de antemano que, construyendo la mejor oferta posible en los mejores términos técnicos y financieros, puede ganar… o perder. 2. Bajo ninguna circunstancia pretender quebrar las reglas de juego, particularmente en aspectos como el uso de subterfugios para la consecución de información privilegiada, o la incidencia en la elaboración de los pliegos técnicos (excepto que las reglas permitan modificaciones concertadas públicamente durante el proceso) u otros propósitos. Almuerzos, regalos, atenciones, invitaciones y, obviamente, oferta de comisiones a miembros de los equipos evaluadores no pueden, bajo ningún motivo, estar en el repertorio del buen empresario, y menos durante procesos de selección de ofertas. La competencia se vuelve perversa: la de quién pretende seducir primero a los decisores. 3. Los empresarios deben acordar ex-ante, con la entidad que abre la licitación (o el proceso de compras con varias empresas), los mecanismos para poner en conocimiento de la misma eventuales irregularidades. Con ello se fortalecen las reglas de juego. Vale decir que ‘la sopa no se escupe después’, particularmente cuando el ganador es otro (la costumbre de ‘escupir la sopa’ se practica por algunos por interpuesta persona y, con frecuencia, por anónimos). 4. Que otros lo hagan no es razón para que el buen empresario imite prácticas antiéticas. He allí el tema de moral y cultura. Hay actuaciones que no violan la ley y que, sin embargo, no son éticas. Los empresarios deben construir su propio cuadro de inhabilidades, si las hay, durante un proceso determinado. 5. Los empresarios deben estar en capacidad de trabajar con sus competidores en un catálogo de comportamiento responsable y transparente frente a procesos de compras públicas. Ello tendrá un efecto constructivo y moralizador en las entidades públicas donde se haya presentado problemas en el pasado y alentará a los funcionarios honrados, que son la mayoría. El buen empresario cuenta con una tabla inquebrantable de valores. Es ella la que le permite sobrevivir y crecer en épocas de crisis, y la que determina la forma en que se relaciona con el Estado. La conclusión de la coincidencia entre ley, moral y cultura no es otra que alentar la legítima competencia en los procesos de compras públicas, donde las ganadoras son las mejores ofertas técnica y financieras. Los ganadores serán los buenos empresarios, que habrán actuado con honradez. Y la sociedad en su conjunto. * Om Malik (2002). Broadbandits: Inside the $ 750 Telecom Heist. Según Malik, los ‘broadbandits’ fueron aquellos ejecutivos que se empacaron en sus fortunas personales $ 50 millones durante los años de euforia de las telecomunicaciones (segunda parte de la década pasada). RAFAEL ORDUZ Universidad Sergio Arboleda ''El buen empresario cuenta con una tabla inquebrantable de valores. Es ella la que le permite sobrevivir y crecer en épocas de crisis, y la que determina la forma en que se relaciona con el Estado”. ''Lamentablemente, el comportamiento empresarial en el mundo y en Colombia no siempre se ha caracterizado por altos estándares éticos”. ''Los empresarios juegan un papel de primer orden, para bien o para mal. En síntesis: no existe la voz ‘sobornado’ (o ‘sobornable’) sin su contraparte, la del ‘sobornador’. HERJOS

Siga bajando para encontrar más contenido