Por un buen periodismo

Walter Cronkite es uno de los periodistas más respetados y admirados del mundo. Durante dos décadas fue el director y presentador de las noticias de una de las principales cadenas televisivas de Estados Unidos -la CBS. Por su seriedad, profundidad y objetividad, fue escogido en una gran encuesta en su país como la persona pública que más confianza inspiraba. Cronkite recientemente publicó sus memorias -A reporter´s life (editorial Knopf), de las cuales extraemos estos valiosos mensajes que consideramos de la mayor importancia, tanto para administradores de los medios de comunicación y los periodistas como para la opinión pública en general.

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agosto 16 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-16

* Lamentablemente muchos gerentes de los medios de comunicación ahora consideran que los ‘ratings’, sintonía y la circulación son más importantes que el prestigio y la credibilidad de sus periódicos, revistas, emisoras y canales de televisión. * Una prensa responsable depende no sólo de buenos periodistas sino sobre todo de dueños responsables. * La reportería seria y profunda necesita abundantes recursos (gente calificada, equipos técnicos, tiempo, presupuestos de viajes, etc.). La gran pregunta es si los administradores están dispuestos a hacer estas inversiones o si continuarán -en la mayoría de los casos- buscando simplemente la maximización de sus utilidades en el corto plazo. * El periodismo es un servicio público esencial para el buen funcionamiento de la democracia. Por lo tanto, es una distorsión pretender que obtenga la misma rentabilidad de cualquier otra inversión especulativa en bolsa. Desafortunadamente muchos medios de comunicación están nivelando por lo bajo su oferta, tratando de atraer al mayor volumen de público posible para hacer dinero sin preocuparse tanto por la calidad del contenido de sus productos. * La libertad de prensa es esencial para la democracia, pero la prensa no debe abusar de esta licencia. Debemos ser muy cuidadosos con el uso de nuestro poder. Tenemos que evitar los ‘circos publicitarios’ que violan el derecho de la gente a un juicio justo. Debemos evitar innecesarias intromisiones en los asuntos privados de las personas. La reputación de los individuos es algo muy precioso, razón por la cual no se puede jugar con ella de manera superficial reclamando caprichosamente un privilegio especial para hacerlo. * Los medios de comunicación son a veces irresponsables, arrogantes, e incluso crueles con individuos inocentes. Pero una prensa libre, sin intimidaciones ni restricciones, es un sistema de alerta temprana que previene de los excesos de la democracia y de la aproximación de la tiranía. * Tenemos que educar a nuestra gente joven para que sean mejores y más exigentes lectores de periódicos y revistas, televidentes, radio escuchas y usuarios de Internet. Debemos enseñarles que para estar debida y completamente informados tienen que consultar publicaciones y otros medios de la más alta calidad. * Una carrera profesional puede calificarse de exitosa si al final de ésta puede uno mirar hacia atrás y decir: “Yo hice una diferencia valiosa”. * En la actualidad estamos viviendo una revolución tecnológica potencialmente más profunda en su impacto -social, político y económico- que la revolución industrial del siglo XIX. Las nuevas tecnologías son evidencia de la gran capacidad intelectual del ser humano. ¿Podemos en realidad pensar que somos incapaces de usar ese mismo poder intelectual para resolver los grandes problemas que enfrenta el mundo como la explosión demográfica, la destrucción del medio ambiente y la pobreza? ¿Podemos de verdad creer que la gente oprimida del mundo va a ser tolerante y paciente indefinidamente con los que poseen las herramientas pero que no las ponen a trabajar en función del bienestar de la humanidad en todos los rincones del planeta? * Va a haber una evolución económica, social y política que explotará súbitamente de tal manera que tendrá el carácter de una revolución. Las fuerzas revolucionarias ya están operando hoy en día y están del lado de los sueños de la humanidad. Los medios de comunicación y los periodistas no debemos estar del otro lado. Depende de nosotros asumir el liderazgo de esa revolución para canalizarla en una dirección que garantice el buen futuro de la libertad.

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