Buenas lecturas

En lo que toca con 'El Mariscal que vivió de prisa', se trata de un libro que tiene la virtud de ser novela e historia al mismo tiempo.

POR:
enero 06 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-06

Aunque los apremios laborales no tengan pausa, los días finales del año siempre son propicios para alternar las tareas cotidianas con unas buenas lecturas de libros que poco o nada tengan que ver con los temas corrientes.

Gracias a esa práctica, los economistas podemos en las conversaciones referirnos a asuntos diferentes a los habituales, porque por desventura los nuestros están siempre enmarcados en la carencia de exactitud o de fácil comprensión por los ocasionales contertulios.

¿Qué va a pasar con la tasa de cambio; cómo se va a resolver el problema del empleo; la inflación en cuánto quedará este año; por qué no aumentó más el Gobierno el salario mínimo? son los interrogantes que de rompe y porrazo nos sueltan en las charlas, negándosenos la posibilidad de divagar por otros mundos y otros temas.

Pues bien; en esta oportunidad logré desatrasarme de la lectura de un par de libros que había ojeado muchas veces, pero a los que no les había puesto la debida atención; se trata de El continente olvidado, del editor de la sección Américas de The Econonomist, Michael Reid y El Mariscal que vivió de prisa, de nuestro compatriota Mauricio Vargas Linares.

En relación con el primero, debo decir que me impresionó gratamente el texto que, sin la pretensión de ser un acabado tratado de historia política y social de América Latina o la versión más técnica del trasegar económico de las naciones que integran el llamado continente latinoamericano, recoge con buen tino y mejor tacto los aspectos más relevantes del desenvolvimiento de ese conjunto disímil de países que por acaso de la naturaleza se agrupan en una geografía colmada de diversos matices.

Sin ser economista el autor, con especial cuidado y respeto por las posibles interpretaciones que los técnicos le den a los acontecimientos, logra una afortunada síntesis de los hechos económicos ocurridos y de las consecuencias que tuvieron o pueden tener de cara al futuro.

Otro tanto ocurre con la política y los aspectos sociales, que son tratados con el respaldo de una excelente información y conceptos de personas autorizadas por su versación para hacerlos, lo mismo ocurre con lo económico.

Como lo anota Luis Esteban Manrique, redactor jefe de Informe Semanal de Política Exterior, en las más de 400 páginas del libro, Reid realiza una implacable demolición de muchos de los mitos que han dificultado la comprensión de sus complejas sociedades y plagado de obstáculos su camino hacia la modernización.

Y yo, a mi turno, les doy un consejo: si quieren una buena síntesis del acontecer latinoamericano pasado y presente, lean El Continente Olvidado.

En lo que toca con El Mariscal que vivió de prisa, se trata un libro que tiene la virtud de cumplir la doble función de ser novela e historia al mismo tiempo.

Sin perder el rigor del relato fiel de los acontecimientos -base insustituible de la historia-, el autor se aventura por los caminos de la versión novelada de la cortísima vida de un joven venezolano que ascendió a los más elevados altares de la patria por su arrojo y valentía.

Bien documentado, ameno, cuidadosamente escrito y repleto de referencias a la trágica existencia de Antonio José de Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho, el libro cumple el objetivo que el autor se trazó: escribir una novela sobre "el rival de mi gloria" como lo describió Bolívar. Este también hay que leerlo.

rosgo12@hotmail.com

Siga bajando para encontrar más contenido