No todo es bueno al tener la menor tasa de desempleo

En el 2014, San Andrés fue la zona del país con menor índice de desocupación: 7 %, frente al 9,1 % nacional. Cargos difíciles de llenar, alta rotación y subempleo son la parte problemática en la isla.

El turismo representa la mayor parte de la mano de obra formal y mucha de la informal.

Archivo particular

El turismo representa la mayor parte de la mano de obra formal y mucha de la informal.

Finanzas
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febrero 13 de 2015 - 03:20 a.m.
2015-02-13

Conseguir un mesero o un cocinero en San Andrés es tan difícil como cruzar a nado el archipiélago hasta la parte continental de Colombia.

Esos son considerados como los dos oficios donde es más difícil llenar vacantes en la zona que ostenta el que cualquiera puede considerar un honor: ser el departamento con menos desempleo en el país.

El informe del Dane para el 2014 ubicó la tasa de desempleo del país en 9,1% (cinco décimas por debajo del 2013), mientras que en la isla fue del 7 %.

Abel Vargas, dueño de un pequeño restaurante en un sector de bodegas aledaño al aeropuerto Gustavo Rojas Pinilla, anota que muchas veces a alguien lo despiden de un trabajo por una infracción grave y “a los tres días ya ha encontrado otro empleo, porque falta quien trabaje”.

Según Vargas, también se produce una alta rotación en los puestos de trabajo, pues el miedo a quedarse sin una fuente de ingresos se siente menos que en el resto del territorio nacional.

“Esto se da sobre todo en hombres y en labores operativas del turismo, como recepcionistas, vigilantes y conductores, que no son tan apetecidos”, indica la directora del Observatorio del Mercado de Trabajo para el Archipiélago de San Andrés (Ormet), Johannie James. El que no consigue un puesto formal, luego se dedica a vender mangos o gafas en la playa o al mototaxismo”, añade.

Además, resulta evidente la poca mendicidad en San Andrés.

DESACUERDO CON EL DANE

Aunque muchos desde afuera miran con algo de envidia a los 52.000 habitantes de este rincón insular, adentro existen voces que ven con recelo la clasificación del Dane, pues genera una presión de gente del interior ante la promesa de un buen trabajo y salario, bajo la lógica de que en un lugar donde la oferta laboral es menor, los sueldos tienden a subir.

Sin embargo, de acuerdo con un estudio del Ormet, cerca del 70 por ciento de las personas enganchadas en empleos formales allí gana menos de 1,5 salarios mínimos y apenas un 18 por ciento pasa de los 2. En contraste, la inflación suele ser mayor que en el resto del país.

Una joven isleña explica que “como nadie quiere ganar el mínimo, la gente renuncia y prefiere emplearse donde le den un sueldo básico aunque sin prestaciones, pero le permitan rebuscarse con comisiones”. De esta manera, la informalidad termina ganando adeptos. El Ormet destaca que hay 25.000 ocupados en la isla, pero tan solo son 1.600 empresas con 12.172 trabajadores. Apenas el 47 por ciento de los isleños tienen prestaciones sociales.

El presidente de la Cámara de Comercio local, Alain Manjarrés, señala que la gran cantidad de trabajadores informales, al ser contabilizados por el Dane en el rango de ocupados distorsionan la realidad.

Además, según el dirigente, la gran rotación laboral en no es positiva, pues no obedece a la apertura de más oportunidades, sino al déficit de personal calificado.

“Cuando salen cursos para meseros, las personas no se inscriben, y lo que hacen los restaurantes es pelearse por los pocos que hay”, anota.

Y al contrario de lo que sucede, por ejemplo, cuando se requieren cosecheros para el café o la caña, la demanda no se suple con personal de afuera, ya que debido a la sobrepoblación de la isla, cualquier empresa que necesite a un foráneo debe justificar ante la Oficina de Control, Circulación y Residencia (OCCRE) que la vacante no puede ser llenada por un lugareño.

No obstante, no faltan los que se arriesgan. De hecho, en la tercera semana de enero, ese organismo de control obligó a salir a 15 obreros que laboraban en la remodelación del comando departamental de Policía. El argumento del consorcio contratista fue que la condición del ingreso de trabajadores había estado pactada a raíz de alto costo de la fuerza de trabajo local.

SUGIEREN SALARIO DIFERENCIAL

Cerca de la mitad de la mano de obra formal en la isla la absorben los hoteles, restaurantes, bares, y en general actividades asociadas al turismo. Este ramo marca un 24,5 % en el producto interno bruto de la isla, animado por los 470 mil visitantes que arriban al año atraídos por el mar de siete colores y la abundancia de especies acuáticas. Le sigue el comercio, con 14,2 % por ciento, y administración pública y defensa con el 13,3 %.

De acuerdo con la coordinadora Agencia Pública de Empleo Regional San Andrés (que depende del Sena), Melania Francis Davis, una causa para que la gente deserte de las empresas de turismo son los bajos sueldos y los turnos partidos que generan mayor gasto en pasajes. Mientras tanto, la carestía es rampante: el promedio de un arriendo son 700.000 pesos, un viaje en mototaxi vale 2.000 pesos y la carrera mínima en taxi cuesta 7.000. La gasolina también es más costosa que en el continente. “Para este año queremos reunirnos con los empleadores y ver la posibilidad con las autoridades de que a San Andrés se le pudiera asignar un salario mínimo diferente”, dijo Francis. Así mismo, insiste en la necesidad de ajustar la oferta educativa de acuerdo con las necesidades del mercado laboral. Manjarrés, por su parte, defiende que se mantenga la restricción para los trabajadores de fuera.

Néstor Alonso López

Redacción Portafolio