En busca del paracaídas

Alguien dijo alguna vez que los economistas eran aquellas personas que “pasaban la mitad del tiempo diciendo lo que va a ocurrir, y la otra mitad, explicando porqué no ocurrió lo que dijeron que iba a ocurrir”. Pues bien, como de costumbre, esa afirmación está por comprobarse. Hace pocos días el economista jefe de Morgan Stanley, Stephen Roach, publicó un interesante artículo donde alerta sobre la desaceleración de la economía de los Estados Unidos y sus posibles repercusiones en el resto del mundo.

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agosto 22 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-22

El artículo sumado a recientes comentarios de expertos parece tener mucha validez. Entre los argumentos que se ventilan hay pruebas concretas. A pesar del significativo boom del consumo en los Estados Unidos durante el mes de julio, el consumo ajustado por inflación ha caído más del 2 por ciento durante el último semestre. Así mismo el hecho de que la Reserva Federal no hubiera subido las tasas de interés, después de casi dos años de aumentos continuos, como todo el mundo esperaba, pareciera la confirmación de la tesis de Roach. Pero la situación no termina ahí. Se estima que la desaceleración en el sector de la construcción puede afectar en un punto porcentual el crecimiento del PIB para el 2006. De la misma manera, según indicadores oficiales, durante el último trimestre el crecimiento del empleo ha sido inferior en cerca de un 36 por ciento frente al promedio experimentado desde finales del 2003. Ante estos indicadores, aspectos como el precio del petróleo, el vertiginoso aumento del endeudamiento en los últimos años y la disminución del ahorro, no dejan de sumarse para explicar la desaceleración. Pero la pregunta que cabe hacerse es si ¿hay otro país que pueda compensar la desaceleración de los Estados Unidos y servir como motor del crecimiento de la economía mundial? La respuesta es no. Ni Europa, ni Japón tienen el suficiente músculo y además están experimentando fuertes políticas de ajuste fiscal y monetario. China a pesar de su explosivo crecimiento, depende profundamente de sus exportaciones, donde Estados Unidos es su principal mercado. India por su parte, se encuentra en una fase de reforma económica e institucional donde su principal esfuerzo se concentra en dinamizar aún más el mercado interno. Dicho lo anterior y basado en la evidencia, ante una eventual desaceleración de la economía norteamericana y la falta de un nuevo motor del crecimiento global, ¿qué debe hacer Latinoamérica para evitar efectos negativos, o simplemente para no caer en un ambiente pro cíclico? Tal como lo ha expuesto Anoop Singh del Fondo Monetario Internacional en un artículo titulado ‘Macroeconomic Volatility: The policy lessons from Latin America’, a pesar de los excelentes resultados fiscales y monetarios obtenidos por América Latina, durante los últimos años, si se quiere prevenir que la región caiga prisionera una vez más de los choques externos, hay reformas que deben profundizarse. Disminuir la deuda pública como porcentaje del PIB a niveles inferiores al 40 por ciento, mantener la lucha contra la inflación, profundizar los mercados financieros y hacer más flexible la política macroeconómica eliminando rigideces presupuestales, son aspectos que deben afrontarse durante los tiempos de bonanza, es decir ahora. Latinoamérica ha presentado resultados exitosos en su manejo económico durante los últimos cinco años. Gran parte de ese éxito se debe a las excelentes condiciones internacionales y a la buena implementación de políticas monetarias y fiscales. Sin embargo, si se quiere evitar que nos arrastre la corriente ante una desaceleración de los Estados Unidos, el paracaídas estará en la calidad de las reformas que se adopten durante los próximos doce meses. Consejero Principal de Colombia y Ecuador ante el BID. "Latinoamérica ha presen- tado resultados exitosos en su manejo económico durante los últimos cinco años”.

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