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‘Bushfobia’

Bajo el manto editorial aparecen a veces caricaturas verbales de George Bush. Deben ser escritas por Daniel Samper, quien a la vista del cowboy el prisma no le filtra sino colores sicodélicos. Por sus gaffes, el hombre invita a que lo despresen, aunque en realidad el rechazo íntimo nace de que encarna el arquetipo de la derecha. Igual sucede con Uribe y, por lo mismo, es bueno distinguir el oro de la escoria. Una cosa es reírse de los desaciertos de Bush, o enervarse con los ocasionales saltos de humor del presidente Uribe, y otra pasar por alto los éxitos de la lucha contra fuerzas malignas o los hitos de su política económica.

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mayo 26 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-26

De los cinco soberanos Habsburgo de España, los dos primeros fueron reyes empeñados en engrandecer la Monarquía y hacer la felicidad de sus súbditos. Los tres últimos, en cambio, dejaron mucho qué desear. Por cuenta de las taras de Carlos II, 1665 a 1700, no se puede condenar al gran Carlos I (V de Alemania), 1516 a 1556, y echar a la caneca toda una dinastía. Don Sancho Jimeno, quien padeciera en carne propia las limitaciones del último de los Asturias, nunca le negó su derecho divino a reinar. Mientras se batía contra piratas franceses frente al foso del castillo San Luis de Bocachica de Cartagena en 1697, lo inspiraba la majestad de la Monarquía. En la bolsa de las glorias y miserias de España cabía lo bueno y lo malo. Para el caso de Bush citar el New York Times es perder el equilibrio. Su odio enfermizo contra el presidente refleja su aversión visceral a los avances de la nueva derecha, que se combina con el desprecio, apenas camuflado, por su aburrido perfil de cristiano que ha vuelto a nacer (especie a la que pertenece George Bush). No hay mini-escándalo que no haya recibido titulares reiterados. A ese género pertenece la confinación de prisioneros de guerra inclinados al terrorismo o la intervención telefónica (legal) para prevenir atentados. Lo que no se destaca es que los Estados Unidos llevan cinco años -tocar madera- sin ataques, y no por falta de ganas de Osama. En su afán de no ceder, Bush perdió el aura que le otorgaba la resistencia al terrorismo una vez llevó a la arena internacional dicha voluntad. La profunda caída de su popularidad hay que atribuirla ante todo al desgano con la guerra en Irak. Se embarcó en una aventura con dudosas justificaciones y sin reflexionar hasta las últimas consecuencias -como corresponde a una gran potencia- el desenlace. Sabía cómo iniciarla pero no con qué país fracturado se iba a quedar. La opinión se cansó de resultados inciertos. En Colombia, en cambio, avances en el frente de paz, han consolidado la aceptación de Alvaro Uribe, aún si el final de la odisea no está todavía a la vista. Don Sancho confía que el Presidente coronará con éxito el mandato de resistir a los malvados que tratan de doblegar la voluntad del pueblo colombiano, de inclinarla ante la crueldad salvaje. Lo que queda por hacer es torcerle el cuello al gallinazo coquero. ¡Qué bien caerían un par de secretariales tras la rejas! Es curioso cómo la economía está jugando un papel secundario, a fuerza quizá de restarle importancia -el New York Times es el líder y la inspiración de sus imitadores en Colombia- en modelar la opinión. Ahí evidentemente no está lo ‘estúpido’. Bush sacó rápidamente al país de la recesión con la baja de impuestos y lo puso a crecer a más del 4 por ciento, con desempleo histórico mínimo (4,7 por ciento), e inflación moderada, aún bajo el impacto reciente de una inusitada alza del petróleo (alza de nítida fuente sicológica más que real). Curioso cómo a Bush con sus éxitos económicos y su guerra inconclusa se le desfonda la opinión. Mientras Uribe, con trasfondo similar, en economía y en lucha contra la insurgencia, se dirige hacia una victoria sin antecedentes. ¿Será todo cuestión de construcción de imagen o jugará también la comparación con los antecesores? Debe ser que algo va de Clinton a Pastrana. Ex ministro. Historiador "En su afán de no ceder, Bush perdió el aura que le otorgaba la resistencia al terrorismo”.

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