Un café con más aroma

Tal vez un observador desprevenido habría quedado sorprendido ayer con el buen ambiente que rodeó la instalación del Congreso Cafetero, que en estos días tiene lugar en Bogotá.

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diciembre 01 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-12-01

La razón es que a primera vista la evolución de una actividad que ha sido clave en la historia de Colombia no parece ser la mejor. Otra vez, y por tercer año consecutivo, la producción del grano no alcanzará las metas establecidas, pues llegó apenas a 8,2 millones de sacos en los últimos 12 meses. Como si eso fuera poco, la roya y el invierno plantean interrogantes con miras al futuro cercano, a lo cual se le suma lo que pueda pasar con los precios si la crisis mundial se agrava. Sin embargo, tales inquietudes son recibidas con tranquilidad dentro del gremio. El motivo es que existe el convencimiento de que el profundo bache de los últimos tiempos es, ante todo, temporal. Incluso hay quienes creen que más allá de los desafíos del clima empieza a verse la luz al final del túnel para la actividad. El fundamento de esa postura no es otro que el inmenso esfuerzo de renovación de cafetales, que ha permitido la siembra de variedades con mayor resistencia a las enfermedades y más rendimiento. Tan solo en lo que va del 2011 se han plantado 102.000 hectáreas, de las algo más de 900.000 que hay en el territorio nacional, lo que implica un aumento del 46 por ciento frente al año pasado. De continuar ese ritmo, para mediados de la década el 90 por ciento del parque cafetero nacional entraría en la categoría de moderno. Es por eso que el objetivo de elevar la producción a 14 millones de sacos en el 2014 y a 18 millones en el 2018 no suena tan descabellado. Mientras llega el momento hay factores que han contribuido a hacer manejable la situación. Así, los afectados por las lluvias han recibido ayudas importantes, mientras que los programas de crédito se han expandido. Pero el elemento más importante, sin duda alguna, es el precio en los mercados globales, que se ha mantenido alto debido a la fortaleza en la demanda y cierta estrechez en la oferta. Como es bien conocido, la cotización de la libra de café ha estado por encima de los dos dólares y en momentos se ha situado muy por encima. Debido a ello, el valor promedio de la carga ha sido cercano al millón de pesos, con lo cual los ingresos de los caficultores han subido en forma considerable. En números cerrados, en el último año el valor de la cosecha ascendió a 5,1 billones de pesos, lo que da un incremento del 32 por ciento frente al 2010. Parte de dicha mejora tiene que ver con el programa de cafés especiales, al cual se encuentran vinculados 109.000 cultivadores. La estrategia no es solamente exitosa en lo que hace a mantener a Colombia como la tierra del grano más suave del mundo, sino que permite el cobro de primas que benefician a los productores. No todos tienen la suerte de un agricultor del Huila que recibió más de 45 dólares por libra tras ganar un concurso, pero muchos encuentran beneficios que son en promedio de 6 centavos de dólar por libra. Quizás la mejor prueba de que el panorama es alentador la constituye la actitud de los caficultores. Las estadísticas sugieren que el área sembrada está aumentando y que el número de familias que derivan su sustento del grano, también. De tal manera, es claro que miles de colombianos ven una oportunidad de mejorar su nivel de vida, ante la posibilidad que se deriva de cosechas más voluminosas que tengan buenos precios. Por tal motivo, hay que continuar por la senda trazada. El clima seguramente continuará siendo un desafío, pero el impacto de las plagas se ha reducido y el optimismo está de vuelta en el gremio. Se trata entonces de hacer las cosas bien para que la misma sensación de bienestar que produce una buena taza de café, sea compartida por quienes lo cultivan. HELGON

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