La caída y el ascenso de la energía nuclear

La generación de electricidad por reactores atómicos gana más adeptos, pero su viabilidad económica aún es cuestionable

Finanzas
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abril 23 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-23

Hacia finales de los años 80, la industria de la energía nuclear parecía destinada al fracaso.

El accidente de 1979 en Three Mile Island en Pensilvania, Estados Unidos, confirmó los temores de muchos acerca del peligro de la energía nuclear y generó costosas mejoras en la seguridad de plantas existentes y futuras. Las crisis económicas redujeron la demanda por electricidad, la inflación encareció la construcción de nuevas plantas nucleares y la caída en los precios le restó competitividad a la energía nuclear frente a otras alternativas.

En 1986, el accidente en la central nuclear de Chernóbil, en Ucrania, causó la muerte directa de al menos 56 personas y propagó radiación a lo largo de casi toda Europa. El rechazo a la energía nuclear resultante hizo que muchos estados de EE.UU. bloquearan la construcción de nuevas plantas y varios países de Europa pidieron el cierre de las existentes.

Sin embargo, 20 años después, la energía nuclear podría haber encontrado su razón de ser: el calentamiento global. Varios de los principales defensores del medio ambiente la apoyan públicamente porque se trata de una fuente abundante de electricidad con bajo contenido de carbono que podría reemplazar el carbón contaminante, especialmente en países de rápido crecimiento como China e India.

Irreemplazable

"El carbón es el mayor villano entre los gases de efecto invernadero", sostiene Stewart Brand, fundador de la publicación Whole Earth Catalog y ex opositor de la energía nuclear que hoy la defiende férreamente. "Los países están descubriendo que la energía eólica y la solar son positivas y relevantes. Pero cuando se trata una energía abundante y constante, nada reemplaza a la nuclear".

Los gobiernos también vuelven a considerar la energía nuclear como una forma de reducir las emisiones de dióxido de carbono. En Suecia, legisladores acaban de presentar proyectos de ley que permitirían la construcción de nuevas plantas. En EE.UU., al anunciar las primeras garantías gubernamentales para dos reactores que serán construidos en el estado de Georgia, el presidente Barack Obama hizo una clara conexión con el calentamiento global: "Para satisfacer nuestras crecientes necesidades de energía y evitar las peores consecuencias del calentamiento global", sostuvo, "necesitamos incrementar el suministro de energía nuclear".

Manto medioambiental

La oposición de los defensores del medio ambiente a la energía nuclear creció en los años 70 en medio de preocupaciones de seguridad acerca de una nueva generación de reactores más grandes. El accidente de marzo de 1979 en la planta Three Mile Island, causado por una combinación de un error humano y fallas en componentes clave de los sistemas de enfriamiento, no hizo más que respaldar esos temores. El accidente ocurrió dos semanas después del estreno de la película antinuclear El síndrome de China y sirvió como un detonante para el movimiento opositor.

Al mismo tiempo, la industria empezó a retraerse, aunque no por la hostilidad de los ecologistas. Incluso antes del accidente en Pensilvania, las empresas de electricidad en EE.UU. ya cancelaban pedidos de nuevos reactores ¿el último fue en 1978¿ cuando quedó claro que la demanda por electricidad no iba a crecer tan rápido como se creía. Los costos de construcción y de capital también fueron aumentando, en especial debido a nuevas exigencias de seguridad, pero sobre todo por la inflación. Algunos países como Suecia y Alemania decidieron desactivar reactores existentes.

Sin embargo, a medida que los temores sobre los riesgos del calentamiento global fueron aumentando, la industria nuclear empezó a promocionarse como una manera de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de las plantas que funcionan con carbón y petróleo. El Instituto de Energía Nuclear, la organización estadounidense que dicta las políticas de la industria, contrató a la firma de relaciones públicas Hill & Knowlton en 2006 para crear la Coalición de Energía Limpia y Segura. Además, contrató a Patrick Moore, cofundador de Greenpeace; y a Christine Todd Whitman, ex directora de la Agencia de Protección Medioambiental de EE.UU., como copresidentes de su directorio, para promover los beneficios ecológicos de la energía nuclear.

Importantes ecologistas empezaron a expresarse a favor de la energía nuclear, en su mayoría motivados por lo que percibían como los potenciales efectos catastróficos del calentamiento global. A su parecer, los riesgos de la energía nuclear eran manejables.

"Si eres un ecologista que argumenta que un cambio climático catastrófico es un serio problema con el que tenemos que lidiar, cada vez es más difícil decir que nos preocupa la energía nuclear por lo que pueda ocurrir con el desecho nuclear enterrado en una montaña por 10.000 años", dice Ted Nordhaus, presidente de la junta directiva del Breakthrough Institute, un centro de estudios en California.

¿Qué lado ganará?

Aun así, no todos los defensores del medio ambiente están convencidos de la energía nuclear y la mayoría de los grupos ecologistas siguen opuestos a ella. Para empezar, advierten que un ambicioso programa para crear energía nuclear reducirá la inversión en otras alternativas. Además, sostienen, el largo proceso de construir y otorgar licencias para plantas nucleares retrasará sus beneficios mientras que programas para mejorar la eficiencia (de fuentes disponibles), inversiones en energía eólica y solar y hasta nuevas plantas de gas natural podrían responder a las necesidades de energía limpia mucho más rápido.

Por ahora, sin embargo, el futuro de la energía nuclear no dependerá de cuántos ecologistas la apoyen, sino de algo más básico: las finanzas. Garantías gubernamentales de préstamos podrían facilitar la construcción de algunas plantas, pero incluso si un impuesto o un sistema de créditos de carbono les pone un precio a las emisiones, la energía nuclear seguirá teniendo problemas para competir con el carbón o el gas natural en el mercado de energía actual sin el apoyo de los gobiernos.

Esto genera cierto apoyo para una nueva generación de reactores modulares más pequeños en construcción alrededor del mundo. Algunos pueden construirse en fábricas para instalarse en otros lugares, lo que reduce de manera significativa el tiempo y el dinero que exige construir reactores desde el piso. También son más sencillos, lo que, en teoría, los hace más seguros ya que no requieren los complejos sistemas de enfriamiento de los reactores más grandes. Y aunque no se espera que estén operando en el futuro inmediato, se prevé que estos reactores puedan a la larga ser usados para alimentar plantas de manufactura y generar electricidad.

"Soy mucho más optimista sobre estos diseños de nueva generación", dice Nordahus, del Breakthrough Institute. "Si nos vamos a poner serios sobre la nueva estrategia nuclear, la respuesta está en los modelos más pequeños".