Trabajo sin calidad

Con verdadera sorpresa recibieron los analistas el resultado de la más reciente gran encuesta integrada de hogares elaborada por el Dane, según la cual el índice de desempleo en Colombia cayó en 1,3 puntos porcentuales en octubre, ubicándose en 10,2 por ciento a nivel nacional y en 11,1 por ciento en las 13 áreas metropolitanas más grandes. Tales guarismos no sólo confirman un cambio en la tendencia que se había insinuado en septiembre, sino que son un síntoma más de que la economía marcha por mejor camino del que se contemplaba hasta hace poco. Además, los niveles observados son unos de los más bajos en lo que va del siglo, así el país se encuentre muy por encima del promedio de América Latina, más cercano al 8 por ciento.

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diciembre 01 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-12-01

En pocas palabras, la buena noticia se resume en que la población ocupada habría llegado a casi 20 millones de personas, con un aumento de 3 por ciento frente a lo observado en el 2009, mientras que la desocupada se contrajo en 10,3 por ciento, cobijando a 2,2 millones de individuos. Eso permitió que la mejoría se sintiera en prácticamente todas las capitales, como lo muestran los datos del trimestre agosto-octubre. De tal manera, incluso Pereira o Ibagué, que habían llegado a tasas de desempleo superiores al 20 por ciento en el pasado reciente, se ubicaron por debajo de esa cifra. Pero quizás ningún dato es tan destacado como el de Bogotá, en donde el indicador descendió hasta 9,1 por ciento, el segundo más bajo del país después del de San Andrés. Lo sucedido fue el resultado del dinamismo de varios sectores. Así ocurrió con el ramo de comercio, restaurantes y hoteles, que aporta cerca de uno de cada cuatro puestos, en el que la población ocupada tuvo un salto de 8,2 por ciento. También es llamativo el repunte de 4,6 por ciento de la agricultura, el de 7,7 por ciento del transporte y el 12,9 por ciento de la construcción. En contraste, la industria manufacturera tuvo un tímido avance de apenas 1,4 por ciento. Tales comportamientos coinciden con lo que les sucede a cada una de las mencionadas actividades, según lo muestran otras mediciones. Por ejemplo, el comercio minorista ha registrado llamativas tasas de crecimiento, al igual que las edificaciones, mientras que a las áreas manufactureras les ha ido mucho menos bien. Dicho de otra manera, es evidente una relación de causa y efecto entre la marcha de las ramas de la producción y la contratación de personal. Todo lo anterior, sin embargo, debería ser motivo de una celebración moderada. La razón es que las estadísticas del Dane también muestran que la calidad de los nuevos trabajos no es la mejor y que la informalidad es todavía la norma y no la excepción. De tal manera, la categoría que más aportó a la mejoría observada en octubre fue la de trabajador por cuenta propia, que aunque es una muestra de espíritu empresarial, igualmente lo es del conocido ‘rebusque’. Así mismo, es inquietante el aumento en el subempleo, como lo demuestra lo sucedido con Bogotá. Y es que, mientras en la capital de la República el alza en el número de ocupados fue de 8,8 por ciento en el trimestre frente a igual periodo del 2009, los subempleados subjetivos tuvieron un incremento del 54,3 por ciento, y los objetivos, uno del 60,6 por ciento. Puesto de otra forma, hay 303.000 personas adicionales trabajando, pero en ese total hay que incluir 735.000 ciudadanos subempleados más, con lo cual el saldo neto no es el más alentador. Los resultados descritos muestran que el logro de una solución aún está lejano y que son necesarios muchos instrumentos para conseguir avances en el tema. En tal sentido es alentador que le llamada Ley del Primer Empleo haya franqueado ayer su primer escollo en el Congreso, al resultar aprobada en las comisiones conjuntas del Senado y la Cámara. Ahora queda pendiente su ratificación en plenaria, pero todo sugiere que la iniciativa será aprobada en la presente legislatura, y aunque su efecto puede ser limitado, es un paso en la dirección correcta. Al tiempo que eso ocurre, es necesario redoblar esfuerzos para disminuir los niveles de informalidad. El asunto no es fácil, pero las tímidas metas que presenta el Plan de Desarrollo en esta materia sugieren algo preocupante, y es que el Gobierno considera que avanzar mucho no va a ser posible. "Las estadísticas del Dane sobre el desempleo en octubre muestran que la categoría de los nuevos trabajos no es la mejor y que la informalidad es todavía la norma y no la excepción".ADRVEG

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