Un cambio necesario

Un cambio necesario

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mayo 27 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-27

 Desde hace ya un tiempo es evidente que la anunciada revolución minera en el país tiene elementos ciertos. Aparte del inusitado interés que ha despertado el sector de petróleo y gas, al que se han dirigido millonarias inversiones, y de la existencia de grandes proyectos de carbón y ferroníquel en proceso de expansión, el territorio nacional ha venido siendo objeto de un minucioso examen por parte de un ejército silencioso de geólogos, en busca de nuevas vetas. Así, han sido encontrados prospectos llamativos como el de La Colosa en el Tolima, que podría contener más de 12 millones de onzas de oro, al igual que yacimientos de buen tamaño en Antioquia y Santander. Pero además hay posibilidades en cobre, zinc, uranio y molibdeno, que justificarían el creciente empeño de las principales multinacionales en comenzar operaciones en lugares que durante años les estuvieron vedados, debido a problemas de seguridad.

Y aunque es difícil que Colombia cuente con una riqueza equivalente a la que tienen Chile, Brasil o Perú, los voceros del sector sostienen que las perspectivas son muy buenas. Tantas, que los pronósticos coinciden en que la actividad tendrá un peso creciente en la economía. Según Fedesarrollo, la minería (excluyendo hidrocarburos) fue responsable del 2,8 por ciento del Producto Interno Bruto en el 2006 y de una quinta parte de las exportaciones, una proporción que con seguridad seguirá aumentando en los años por venir. Además, es innegable el peso de las regalías en los ingresos de municipios y regiones, como lo prueban los casos de Guajira, Cesar o Córdoba, a pesar de los desperdicios en corrupción y despilfarro.

Por tal motivo es explicable el interés que ha suscitado la reforma al Código de Minas, que hace tránsito en el Congreso. Si bien la propuesta modificaría tan solo 15 de los 362 artículos del marco jurídico expedido en el 2001, resulta clave para solucionar cuellos de botella que han sido evidentes en la medida en que la atención en el país ha aumentado. De hecho, un análisis realizado en el 2006 por el Ministerio de Minas y la firma Econometría encontró que en Colombia existen claros rezagos en competitividad frente a otras naciones, tanto debido al régimen tributario como a la normatividad vigentes.

Así las cosas, el proyecto de ley permitiría ordenar el sistema actual de adjudicación de títulos mineros que ha estimulado la proliferación de áreas pequeñas que han sido entregadas en orden de llegada y que han generado una especie de mercado informal de permisos. Ahora la intención es facultar al Estado para delimitar zonas específicas con el fin de atraer a compañías que tengan la capacidad de acometer explotaciones de mayor tamaño. También hay que destacar la voluntad de precisar la competencia de las autoridades ambientales en un tema en el que su participación es fundamental e inevitable. Estas y otras provisiones permitirían allanarle el camino a una actividad que necesita una legislación más moderna.

Pero ese no es el único campo. La avalancha de solicitudes de exploración también ha hecho necesaria una respuesta institucional adecuada, en un país relativamente amodorrado en el tema. Pero ante el cambio de actitud, tanto Ingeominas como el Ministerio han tenido que responder a marchas forzadas, después de haber sido acusados de lentitud en sus procesos. No obstante, el anuncio de que el nuevo catastro minero estará en operación el próximo primero de julio es una excelente noticia, pues garantiza un sistema de consultas y adjudicaciones mucho más rápido. En algunos casos, por ejemplo, inquietudes que tardaban hasta tres años en ser respondidas, podrán ser resueltas en cuestión de segundos.

Para completar el cuadro es fundamental que se apruebe el proyecto de ley que llegará a la plenaria del Senado la semana que viene y que haría tránsito a la próxima legislatura. Aunque el clima político no es el más propicio, hay que reiterar la importancia de la propuesta para que, en materia de minería, Colombia pase de buenas perspectivas a hallazgos reales.

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