Cambios versus dogmas

Cambios versus dogmas

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julio 16 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-16

En el siglo pasado, y en la década de los setenta y los ochenta se decidió cambiar el modelo económico. Desde el Gobierno del presidente Barco, pero sobre todo en el de Gaviria, se desarrolló la apertura económica. Los resultados son conocidos y el país cambió sus instituciones, también el manejo de la política monetaria y el control de la inflación, lo que permitió reducirla a menos de dos dígitos. Cuando se corría el riego de alejarse de la meta de inflación, se contraía la oferta monetaria ya fuera por disminución de la emisión o de la oferta crediticia vía mecanismos como el aumento de las tasas de interés o del encaje bancario.

El Gobierno Nacional disminuyó los aranceles y las barreras a las importaciones y eliminó los subsidios a las exportaciones. La propuesta de Gaviria fue exportar más, importar más y sobre todo producir más. La Constitución de 1991, implicó cambios profundos en las instituciones, se cedió el manejo de la política económica externa al Ejecutivo, la no extradición de colombianos, un limitado esquema de descentralización y de otra parte, tal vez el más importante instrumento de control social: la tutela.

El Congreso de la República realizó de manera limitada su tarea: desdibujó la Constitución y aprobó reformas tributarias que aumentaron los impuestos indirectos. Las reformas implicaron cada vez mayor protección de las inversiones, se desmontaron los regímenes de protección social disminuyendo los derechos al trabajo formal y se adoptaron leyes que condujeron a la flexibilización laboral. Así mismo, se bilateralizó el comercio exterior y se aprobó, sin ninguna modificación, cualquier acuerdo comercial negociado por el Ejecutivo.

Los efectos son conocidos: la tasa de crecimiento del PIB de largo plazo continúa siendo insuficiente para dar el salto hacia el desarrollo. El déficit de cuenta corriente se ha deteriorado significativamente en el largo plazo, financiado por las remesas crecientes del trabajo colombiano en el exterior, por las privatizaciones, la compra de empresas existentes, especialmente en comercio y banca y el aumento del endeudamiento externo. En la economía global los riesgos son reales.

En materia fiscal se gastó y recaudó más. En la actualidad, ni el Banco de la República ni el Gobierno Nacional tienen control sobre la tasa de cambio y se observa una tendencia hacia la primarización de la economía. Ni la industria, ni la agricultura, ni los servicios son líderes del crecimiento. El resultado de largo plazo fue importar más, exportar más, aunque menos de lo que se importaba y producir menos.

La necesidad de plantear cambios profundos en la política económica que prioricen el empleo, que promuevan el desarrollo, la producción, la educación y el fortalecimiento del trabajo nacional, es evidente. Los académicos y los hacedores de política tendrán que liberarse de los dogmas, aprender de las experiencias exitosas y, como en el pasado, proponer un 'Revolcón' que, por supuesto, no podrá ser liderado por los 'mismos con las mismas'. La economía del desarrollo debería conducir a nuevos liderazgos y a un cambio en la estructura política de la nación.

dgumanam@unal.edu.co

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