Campo de prueba

Más que el odio hacia Israel o la lucha por la reivindicación de los territorios palestinos lo que motiva la crisis es el enfrentamiento entre una forma de vida de proyección universal, caracterizada por el atraso, la rigidez religiosa que cubre todos los aspectos y el control férreo de fundamentalistas cuyo poder y mandato viene directamente de Dios, con un mundo moderno y libre que permite la coexistencia y mantiene la religión lo más separada posible del manejo del Estado.

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agosto 10 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-10

Al igual que otros conflictos han sido utilizados en el pasado como campo de prueba para la lucha entre ideologías autoritarias, como por ejemplo la guerra civil española, el conflicto del Líbano es desde hace tiempo el punto de choque entre dos sistemas. La presencia de una sociedad moderna y exitosa como la judía ha sido algo que no puede ser tolerado por el vecindario fundamentalista. Lo mismo le hubiera pasado a cualquier otra de características similares. Por lo mismo, el Líbano se convirtió en un punto de conflicto donde la lucha lleva más de treinta años. Ese país que muchos con razón recuerdan y añoran como un oasis de tolerancia, internacionalización, cultura y avance económico, pasó precisamente por ello a convertirse en otro ejemplo de estructura moderna y diferente que podía tener éxito y por lo tanto había que destruir. Antes de Hezbolá, en 1975, empezó una guerra civil que duró quince años en la cual sunitas, shiitas, drusos, palestinos, sirios y cristianos, instigados por el fundamentalismo se estuvieron matando alternativamente y destruyeron el país. Los sirios lo ocuparon con la disculpa de traer la paz, lo que parcialmente lograron, pero les permitió entrar e imponerse y construir en el sur la base para atacar al otro vecino indeseado: Israel. Así sucedió. En 1978, empezaron los ataques de palestinos desde territorio libanés con lo cual Israel debió enviar tropas al sur del Líbano. La agresión aumentó y en 1982 Israel invadió el Líbano, año en el que Hezbolá apareció con el apoyo de Siria e Irán. Tres años después Israel se retiró dejando tan sólo una franja de seguridad de nueve millas en la frontera sur. La guerra civil terminó en 1990. Diez años después Israel se retiró definitivamente. El país trató de renacer después del caos generado por las fuerzas fundamentalistas y llegó al poder Rafik Hariri, con un proyecto moderno de reconstrucción que buscaba traer el Líbano a lo que fue antes de que se volviera un peligro para los regímenes fundamentalistas. Duró poco. En el 2005, como se sabe, Siria lo mandó asesinar sacándolo del camino por lo cual también debió retirar sus tropas ante la indignación del mundo entero. Se fue, pero quedó Hezbolá, enormemente fortalecida y armada, controlando principalmente el sur del país, frente a un gobierno muy débil que nada puede hacer para desarmarla y controlarla. Siria siguió por lo tanto gobernando. Aquí empezó este último capítulo de agresión orquestada. Consultor privado "La presencia de una sociedad moderna y exitosa como la judía ha sido algo que no puede ser tolerado por el vecindario fundamentalista”.

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