Candidato busca tecnócratas comprometidos

En esta insólita campaña presidencial, frenada de manera inconcebible por el debate de la reelección, es hora de analizar la relación entre tecnócratas y candidatos. Esta contienda electoral no ha sido, hasta ahora, la que pasará a la historia por las ideas, por las propuestas ingeniosas ni por nuevas visiones sobre el futuro del país.

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marzo 30 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-30

El presidente Uribe, sus ideas y sus áulicos, continúan dominando el panorama sin que salga a la luz el verdadero balance de sus ocho años de gestión que tienen éxitos, sin duda, pero también graves puntos negros. Muchos se han preguntado: ¿dónde están los tecnócratas? Algunos están trabajando para el Estado, pero bastante ignorados, como ya lo ha señalado el economista Salomón Kalmanovitz; arrinconados por falta de recursos, porque la investigación independiente no tiene financiación, o amedrentados por funcionarios intolerantes como el ex ministro Arias. Recuerden el episodio en la Universidad de los Andes. Pero, así la dirigencia nacional, muy beneficiada por este largo Gobierno, se niegue a aceptarlo, los años venideros para Colombia serán muy difíciles por fallas serias en la política económica, por exceso de asistencialismo en las estrategias sociales, por una compleja política internacional, a lo que se agrega una etapa dura de la globalización. El próximo Gobierno, no importa quién llegue a la Presidencia, se enfrentará a profundas dificultades, no sólo porque tendrá que competir con la omnipresencia del presidente Uribe, sino porque esta Administración deja graves problemas que no dan espera. Un serio desequilibrio fiscal con un déficit del Gobierno Central cercano al 5 por ciento; un aparato productivo estancado y con el peligro de que Colombia se convierta en un país minero. Pero sin duda, el más crítico es la bomba social que se caracteriza por el más alto desempleo de América Latina y cerca de dos terceras partes de los trabajadores en actividades precarias; un sistema de salud quebrado y de mala calidad; una crisis anunciada en pensiones, una población pobre, cerca de la mitad del país, acostumbrada a las limosnas del Gobierno y unos ricos y poderosos mimados por los subsidios. A eso, súmenle los empresarios de la política que aprendieron a enriquecerse fácilmente, de manera lícita pero inmoral, al beneficiarse de decisiones derivadas de políticas públicas. Ante los ojos impávidos del país, esta nueva escuela de emprendimiento la inauguraron los hijos del presidente Uribe. Queda también sin resolverse el tema de la seguridad, que ha adquirido un perfil distinto e igualmente complejo. Además, Colombia, lejos de integrarse al resto de este continente, se ve aislada y como el ‘patito feo’. En medio de este gris panorama, los tecnócratas aparecen desperfilados y con poco poder en esta primera etapa de la campaña, lo que se deduce de lo poco convincentes que han sido las propuestas de los candidatos y precandidatos. Ahora empiezan a salir a la luz, especialmente los economistas que se ubican en diversos sectores políticos. Más les vale, porque el tema hoy es la economía así como en su momento lo fue la seguridad. Y es la economía, porque de su estructura, de su comportamiento, de sus políticas, depende la solución del peor problema nacional: el mercado laboral precario, injusto, improductivo y desprotegido. Es fundamental que empiecen a aparecer análisis serios para que se dejen a un lado una serie de propuestas inocuas que vienen haciendo los candidatos. Tan ‘creativos’: más o menos Familias en Acción desde Noemí hasta Pardo; el primer empleo, como si no leyeran lo que le ha pasado a esta propuesta en Europa; reformar la salud sin decir cómo ni con qué. Pero eso sí, de la demanda de mano de obra ni media palabra, de la oferta laboral menos, cuando en el mundo que sufre de lo mismo, existen millones de análisis y propuestas para abordar el tema del desempleo como una realidad estructural y no mediática, que exige acciones en numerosos frentes y de manera simultánea. Sería buena una mirada a lo que están haciendo Australia, Inglaterra, y aun, Estados Unidos, partiendo del reconocimiento de que vivimos realidades muy distintas. Les llegó la hora a los tecnócratas, porque los políticos solos no podrán con la carga que se les vino encima. Por ello es fundamental hacer algunas reflexiones. En primer lugar, el país tiene, sin duda, la tecnocracia que necesita, pero es importante que los candidatos sepan que muchos de los más avezados economistas han generado políticas erradas con cero costo político. ¿Quién ha ‘pagado el pato’ por las consecuencias de la apertura, tales como el golpe al sector agropecuario? César Gaviria, sin duda, pero sus tecnócratas andan olímpicos con muy buenos puestos, sin imagen negativa, entre otras, porque eso no se les mide. ¿Quién ha asumido el costo de la Ley 100? De nuevo Gaviria, y ahora Álvaro Uribe, pero Juan Luis Londoño (q. e. p. d.) y su equipo liderado por la señora Tono, que persiste en su tarea de ver la salud como negocio y no como derecho, gozan de renombre en el caso del primero, y de muchos contratos para la segunda. Lo grave, además, es que cuando los tecnócratas reconocen su error y tratan de rectificarlo, los políticos insisten en él, si han obtenido réditos políticos. Este es el claro ejemplo de Familias en Acción, que ahora decidieron adoptar casi todos los candidatos, sin reconocer los graves problemas que generan: volver la pobreza una profesión, incentivar el empleo informal y reducir significativamente la competitividad de la economía. Se puede garantizar que serán Pastrana y Uribe a quienes la historia juzgará por ello y no a los técnicos que la copiaron, de mal manera, de otras latitudes. En segundo lugar, es bueno recomendarles a las campañas que, cuando reciban técnicos se aseguren del modelo que representan. Por ejemplo, la tecnocracia gavirista llegó a la campaña de Pardo a conformar su equipo técnico, y lo primero que debió preguntarse el candidato es a qué modelo pertenecen: ¿modelo Gaviria de los 90 o modelo 2010? Porque es mucho más interesante lo que dicen ahora que lo que hicieron cuando manejaban las políticas económicas, sociales y, sobre todo, agrícolas. Otra preocupación: ¿van a proponer reformas a la salud los que se obsesionaron con acabar con el ISS y creyeron que con eso se eliminarían la corrupción y los problemas del sector? ¿Van a diseñar las políticas sociales los que en su momento despreciaron la solidaridad, la equidad, la universalidad y la sustituyeron por la eficiencia y la focalización? A propósito, ¿quiénes fueron los iluminados que a principios del gobierno Uribe aconsejaron la fusión de los ministerios y que hoy se reconoce como un desastre? Bienvenidos los tecnócratas a las campañas, pero ojo señores candidatos que son ustedes los que pagarán el pato de los errores de sus asesores. Lo ideal es lograr que los políticos estudien y sepan más, y que los tecnócratas se acerquen a la gente y sientan el rechazo y la injusticia de muchas de sus decisiones que se deberían traducir en las rechiflas que ellos nunca han vivido. En resumen, la solución parece imposible pero es necesario insistir: humanicemos a los tecnócratas y preparemos mejor a los políticos. Se lo dice alguien que ha recibido palo desde las dos orillas. "Esta contienda electoral no ha sido, hasta ahora, la que pasará a la historia por las propuestas ingeniosas ni por nuevas visiones sobre el futuro del país.” "De la estructura de la economía, de su comportamiento, de sus políticas, depende la solución del peor problema nacional: el mercado laboral precario.” "La solución parece imposible, pero es necesario insistir: humanicemos a los tecnócratas y preparemos mejor a los políticos".*SenadoraADRVEG