Los candidatos y los búhos consejeros

Del próximo Gobierno hay que esperar más bien cambios, reparaciones y correcciones que podrían volver a poner las cosas en orden por allá a finales de la segunda década del 21.

Finanzas
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abril 13 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-13

Para el Gobierno y sus turiferarios, la medalla latinoamericana de oro en desempleo que ostenta Colombia es una anomalía ante tanta confianza inversionista, tanta cohesión social, tanta seguridad. Para ellos, el desempleo es un extraño fenómeno en un ambiente tan favorable; además, señalan que la tasa de participación está aumentando fuertemente, de modo que hay muchas más personas buscando trabajo.

En esto último, los voceros oficiales tienen razón. Lo que les falta indicar es la causa de ese comportamiento; deberían decir: es que el rebusque está muy duro y las familias deben movilizarse enteras detrás del pan diario. En una economía colombiana próspera, la tasa de participación sería mucho más baja.

Pero los analistas juiciosos no creen que el vergonzoso desempleo colombiano de hoy sea una anomalía. Es que aquí, en verdad, no puede haber sorpresas. No se trata sólo de que el crecimiento de los últimos dos años haya sido mediocre en sus números, sino mediocre también en su calidad. Los sectores donde la inversión ha sido más dinámica no son grandes generadores de empleo, ni en su propio seno ni en la cadena productiva correspondiente.

De este modo, aún en los tiempos de buen crecimiento del PIB, a mediados de esta década, la economía no mostraba resultados contundentes en tema de empleo. Y, como ribete de todo esto, hemos visto un gran deterioro de la calidad y la estabilidad del mercado laboral colombiano. Qué mal le ha ido al trabajo, al salario familiar y a la seguridad de la vida en materia de ingresos.

Este problema no se puede resolver de una tacada. Hay economistas que dicen tener la fórmula para llevar rápidamente el desempleo estadístico a una zona confortable de un dígito. Pero, claro, hay una gran distancia entre lo gobernable y las recetas como "elimínese la independencia constitucional del Banco de la República, finánciese inversión pública con emisión monetaria, intervénganse las tasas de interés bancarias, adminístrese la tasa de cambio..., etc.".

No discuto aquí la eventual exactitud o la validez de esta clase de propuestas; mi problema con ellas es que, cuando se las plantea, se produce un gracioso colapso del tiempo como dimensión física. Alguien sabe, o recuerda, la verdad, pero ella se encuentra en un mundo sin tiempo, sin procesos políticos y legislativos, sin limitaciones materiales como en La fábula del ciempiés lesionado y el búho sabio que se dedica a la consejería, pero que se desentiende de la práctica. El búho sabe que el ciempiés se aliviará si camina sobre un colchón de aire. Dónde obtener este dispositivo, será labor de alguna otra especialidad.

En todas partes los candidatos electorales tienden a parecerse al búho de la fábula. Esta campaña electoral colombiana no es la excepción. Mientras los observadores del vuelo económico (Banco de la República, FMI, el cuarto de máquinas del Ministerio de Hacienda) advierten que la recuperación de la economía colombiana será lenta, y que el desempleo puede crecer todavía más antes de registrar un descenso, la candidata y los candidatos presidenciales compiten en la audacia de las ofertas.

Vargas Lleras ofrece tres millones de empleos nuevos en cuatro años; Santos, 2.4 millones; Petro, 2.5 millones; Mockus promete que el desempleo bajará al 10 por ciento; Noemí, al 7 por ciento; Pardo no ha mencionado números concretos, lo cual parece más sensato.

¿Habrán visto ella y ellos el tablero de indicadores macro, en los cuales ya parece inevitable la muy difícil andadura de la economía y del empleo en los próximos años? Del próximo Gobierno hay que esperar más bien cambios, reparaciones y correcciones que podrían volver a poner las cosas en orden por allá a finales de la segunda década del 21.

cgonzalm@cgm.com.co