El capitalismo de los pobres

A instancias de unos de sus asesores, el presidente Uribe se encuentra estudiando las teorías del profesor CK Prahalad, quien ha venido tratando de explicar la razón por la cual se pueden fundar bancos para los pobres. Un economista peruano lo ha venido predicando desde hace tiempo. En la misma línea de Prahalad, la pregunta de este autor limeño consiste en explicar por qué el capitalismo triunfa en Occidente pero no en el resto del mundo. Vale la pena recordar una reseña que publicamos aquí hace un tiempo.

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agosto 08 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-08

En su libro, La Cara Oculta del Capitalismo, Hernando De Soto procura examinar que son las mayorías pobres las que no han materializado sus derechos de propiedad. Como el capitalismo vive “bajo una campana de vidrio” (según una afortunada expresión del historiador Braudel), se supone que se halla aislado del resto y más bien sirviendo a unos pocos privilegiados desde los comienzos de su historia en Inglaterra. Para pasarse a vivir dentro de la campana de vidrio, los pobres tienen que formalizar los frutos de su trabajo mediante algo tan simple como los derechos de propiedad. Las viviendas en los barrios subnormales, las tenduchas de las esquinas, los carros de los zorreros, los puestos de dulces, los taxis ilegales, los talleres y montallantas, los almacenes agáchese y los cambuches de todos los países en desarrollo suman 9,3 trillones de dólares en todo el mundo, dice De Soto (cerca de 1,7 trillones de dólares están en Latinoamérica), en activos tales como casas construidas sobre tierras “cuyos derechos de propiedad no son registrados”. Este monto, dice, es igual a “veinte veces la inversión extranjera destinada al tercer mundo en los últimos diez años”. La conclusión es que si no existen los derechos de propiedad, el mercado no podrá registrar esos bienes de los informales y entonces ellos se quedaran sin valor en el circuito monetario. La hipótesis del peruano es que parte de los dueños de los activos los tienen fuera de la ley. Es decir, los tienen por fuera de un perímetro capitalista de bienes y servicios. Esos dueños (el habitante de una vivienda en un tugurio, o el propietario de un puesto en un andén), no tienen su negocio en la economía del mercado sino en esa enorme corriente informal que no declara tales activos a nadie. En la original exposición de De Soto solamente se trata de hallar la cara oculta del capitalismo, vale decir, el valor de la economía extralegal y del capital muerto. Si el 90 por ciento de la economía de El Cairo (Egipto) es extralegal, este hecho no puede pasarse por alto. Si hay 25 mil taxis ilegales en las calles de Bogotá, y el comercio de cupos se hace por debajo, algo está pasando. Dado que la escritura notarial, añade, es un símbolo monetario, entonces tan pronto esas propiedades se traduzcan en una escritura pública empiezan a producir un dinero formal al través de las hipotecas, por ejemplo. Por la propiedad circulan las finanzas y las inversiones, pero también es rastreable, y hace visibles los activos y las transacciones. Este es el capitalismo del pobre: como las posesiones de los menesterosos no están debidamente documentadas, estos bienes -casas, lotes, carretas de caballos, cambuches, piqueteaderos, casetas de dulces, carritos de helados, etc.- no pueden ser transados más allá de los círculos estrechos de sus vecinos, y por lo tanto ‘es imposible usarlos como colateral para un préstamo, o convertirlos en acciones sobre una inversión’. Si se tuviese el derecho formal de la propiedad (una escritura), es posible que en algún momento esos bienes puedan entrar al circuito de los patrimonios que pagan impuestos. Vale la pena pues examinar las tesis de Prahalad y De Soto. Consultor "Para pasarse a vivir dentro de la campana de vidrio, los pobres tienen que formalizar los frutos de su trabajo”.

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